El análisis del fallo del jurado del COAC 2026: Una decisión muy controvertida
El dictamen para nombrar a las finalistas deja varias ausencias sorprendentes y dudas sobre los criterios seguidos
Este es el orden de actuación de la Final de COAC 2026 del Carnaval de Cádiz
Nunca llueve a gusto de todos en esto del Carnaval de Cádiz. Cada vez que se toma una decisión por parte del jurado, siempre se puede acudir al típico cliché de que es el gusto de cinco personas que deciden los premios. Esta sentencia es cierta, pero esto no deja a un lado que haya que plantearse qué es lo que se valora y lo que se premia en el Concurso del Gran Teatro Falla.
El fallo del jurado para dictaminar las agrupaciones que se subirán al escenario el próximo viernes 13 de febrero generó estupefacción y sorpresa tanto entre las personas que lo vivimos in situ dentro del teatro como en la afición en general por la ausencia de una serie de grupos que parecían que contaban en todas las quinielas. Como todo, el fallo -y este mismo análisis- es discutible, pero la sensación generalizada es que se han tomado una serie de decisiones erróneas, cada una con su motivación.
Si se intenta buscar un patrón, hay dos cuestiones que destacan. La primera es el fuerte peso que sigue teniendo el aplausómetro para empujar a ciertos grupos a la pelea por los premios. Esto provoca que, en muchas ocasiones, el jurado esté más pendiente de la reacción del público que de analizar lo que está sucediendo en el escenario, lo que acaba distorsionando la búsqueda de la calidad. La segunda es una cuestión ideológica, ya que hay repertorios que por idea, concepción y desarrollo se ven castigados por los jurados. No es nada nuevo, ya que ha sucedido en varias ocasiones, pero esto al final acabará cortando las alas al riesgo y el llamado "pescaíto en blanco" se apoderará de las coplas.
Chirigotas
Si se puede sacar una conclusión de los fallos del jurado del COAC 2026 es que la principal perjudicada ha sido la chirigota gaditana, tanto la clásica como la localista. Tanto el purismo como el gaditanismo van a estar ausentes en la Gran Final, lo que siempre es una mala noticia si se quiere seguir apelando a la raíz de la fiesta. Esto no significa que estos grupos no deban hacer autocrítica, que la deben hacer para no seguir encontrándose con un muro a la hora de optar a los premios, pero la reflexión debe ser muy profunda respecto a qué se valora y la peligrosa senda que puede ir cogiendo a causa de la globalización. Sobre todo, porque la chirigota no se puede acabar convirtiendo en un producto completamente despegado de la tierra, esa que le da su razón de ser y la distingue del resto.
En los dos cortes verdaderos, se ha detectado esta tendencia por parte del jurado del Falla. Ya se pudo ver en el pase de cuartos a semifinales al quedarse fuera dos chirigotas con nivel más que suficiente como 'Los cadisapiens (la involución)' y 'Seguimos cayendo mal'. Bajo esta premisa, sobre todo al apelar al localismo en las coplas, en el pase a la Gran Final se han visto afectadas otras como 'Los hombres de Paco' o 'Los Robins', mientras que en el lado de la experiencia y las formas de toda la vida se ha visto fuera 'Piensa mal y acertarás: los desconfiaos'.
El gran problema que siempre afecta a las chirigotas es qué es lo que busca el jurado a la hora de repartir los premios. Las decisiones crean modas y estas se repiten hasta que se ven sustituidas por otras. De esta forma, y a pesar de la franca mejoría en esta edición empujada por grupos que están aprovechando su oportunidad para consolidarse, vemos que la modalidad se encamina por caminos como el efectismo, el bastinazo desmedido, los chistes cantados, la interpretación y el personaje por encima de las coplas, y la globalización para intentar atraer cada vez más a un público más amplio, pero menos exigente con lo que escucha. Tampoco el soniquete puede ser la única excusa para conseguir un premio, por lo que también debe ofrecerse algo más en las letras.
Todo esto no quita que no se valoren el resto de estilos y grupos si se hace bien. Un ejemplo de ello es la chirigota 'Ssshhhhh!!'. Antonio Álvarez el Bizcocho, con la incorporación de Pablo de la Prida en esta edición, ya lleva una trayectoria sostenida en el tiempo con sus ideas, su surrealismo y un respeto máximo a la fiesta al hacer Carnaval de Cádiz desde Sevilla. Un trabajo incansable que podría acabar este año con el estereotipo de que una agrupación sevillana jamás se va a llevar el primer premio en el Falla. Una premisa que es falsa debido a que hasta la fecha no ha habido una oportunidad clarísima para que esto suceda. A la espera de lo que pase en la Gran Final, ya que los premios aún no están repartidos, este 2026 podría ser histórico por este hecho. Y si sucediera, se debería asumir con total naturalidad si se valora a la mejor chirigota del año.
Del resto de contendientes en la Gran Final, sí existen más dudas por diferentes aspectos. Por ejemplo, José Guerrero el Yuyu, con 'Los que van a coger papas', no ha terminado de estar fino en los pasodobles, la pieza que realmente domina, por lo que en algunos momentos ha podido dejar sensaciones encontradas en su participación en el presente COAC, aunque no debe extrañar su presencia en la final.
Por su parte, la chirigota de Alejandro Pérez el Peluca repite en la Gran Final con 'Los amísh del mono, fuimos a por piononos (la decepción)'. En este caso, hay disparidad de opiniones debido a un estilo rompedor y vanguardista, por lo que no deja indiferente a nadie. Sí es cierto que hay que valorar el montaje de una historia completa desde preliminares hasta la Gran Final. Sin embargo, existen una serie de recursos en lo humorístico que se repiten desde el año pasado, a lo que hay que sumar la falta de peso del propio humor en el desarrollo del repertorio y unos pasodobles excesivamente largos que hacen que los mensajes se enrevesen, sobre todo en una modalidad como la de chirigotas. Por ello, puede sorprender su presencia en la última noche del COAC, aunque arrastra el favor de un público ávido de nuevas caras.
Respecto a 'Una chirigota en teoría', se reconoce positivamente el atrevimiento por una idea diferente, arriesgada y en la que todo el peso recae sobre un personaje tratado con cierta inteligencia. Una chirigota de corte interpretativo en la que viralidad ha jugado un papel muy importante en su éxito, aunque con un repertorio un escalón por debajo de otras propuestas. El gran riesgo de esto es que, al igual que sucedió el pasado año con 'Los calaíta', las chirigotas se centren solo y exclusivamente en la interpretación de un personaje conocido, quedando a un lado otra serie de cuestiones importantes.
Comparsas
También ha generado mucha controversia el fallo del jurado en comparsas, que ya venía condicionado por la eliminación de 'El desguace' en cuartos. En este caso, parecía muy claro que en el pelotón de cabeza se encontraban 'DSAS3', de Jesús Bienvenido; y 'Los humanos', de Antonio Martínez Ares. Sería muy osado decir que van a mantener un duelo en la Gran Final para conseguir el primer premio, pero el fallo del jurado sí parece dejar el camino expedito para este hecho, aunque todo puede suceder a tenor de los diferentes cortes que se han producido.
Respecto a las que están dentro, ha llamado mucho la atención la clasificación de dos comparsas. La primera de ellas es 'El patriota', que se convierte en la primera comparsa de fuera de la provincia de Cádiz en pisar la Gran Final. Este hecho es muy llamativo, sobre todo por ser el primer año que concursa como grupo, aunque sus autores y componentes tienen una amplia trayectoria en la fiesta, teniendo como base a la ya desaparecida comparsa de Tocina. En este caso, uno de los motivos que ha podido empujarla a la última noche del COAC es el aplausómetro. La idea de representar a Blas Infante le supone un plus por lo que muestra y lo que cuenta el repertorio, con una intención netamente andalucista. Un buen repertorio al que la viralidad le ha dado el empujón necesario, pero que no está por encima de otras propuestas más completas.
También ha sorprendido la clasificación de la comparsa 'Los invisibles', de Manuel Cornejo, con un repertorio que sigue la estructura y los esquemas de años anteriores, a lo que hay que sumar una idea abstracta y difícil de representar y desarrollar.
En el otro lado, existen dos comparsas que estaban en casi todas las quinielas y que sorpresivamente se han caído de la Gran Final. Una de ellas es 'OBDC. Me quedo contigo!', de Germán García Rendón. Este escenario no es nuevo para este grupo, ya que tras 15 años no ha podido entrar todavía en la pelea por los premios a pesar de haber hecho méritos más que suficientes. En este caso, empieza a haber una falta de altura de miras a la hora de valorar los repertorios. No es que haya que dar los premios por decreto o por pena, pero cuando existen motivos más que suficientes es necesario darle el respaldo a una trayectoria en la que el compromiso es un punto fundamental en sus letras. Un componente al que hay que sumar el gaditanismo que impregna a las coplas en esta edición. A pesar de todos estos ingredientes, se produce una ausencia de cariño por parte de los jurados, que no reconocen el trabajo realizado, creando una sensación falsa de eterno aspirante que ya empieza a rozar lo absurdo por ser el único autor de su generación que aún no ha pisado la Gran Final.
La otra es la comparsa 'La camorra', de Marta Ortiz. Aquí puede haber jugado en su contra un componente muy diferente, como es el desarrollo de una repertorio muy crítico con la Iglesia. El progreso de este grupo en todas las cuestiones es innegable. En esta ocasión, la elección del tipo y su ejecución han sido un gran acierto, abordando cuestiones muy peliagudas como el aborto, la educación concertada o la Semana Santa, entre otras. Un repertorio muy duro y directo en el que se nota cada vez más que Marta Ortiz está sabiendo llevar su propio camino en el apartado literario, muy cruda en muchos pasajes y sin abandonar el espíritu reivindicativo y de compromiso que debe tener esta fiesta. Un auténtico paso al frente que la hace codearse con los grandes nombres actuales de la fiesta. Pero, claro, el componente ideológico tiene un enorme peso a la hora de valorar a las agrupaciones, lo que convierte en un enorme riesgo afrontar este tipo de propuestas. Lo que está claro en el caso de Marta es que sus principios no están en juego, algo muy beneficioso para la fiesta, por lo que seguirá explorando este camino durante los próximos años.
En un segundo escalón, se sitúan otras comparsas como 'Los locos' o 'El manicomio'. En el caso del grupo de Piru y Tomate, el principal problema es la repetición de esquemas reconocibles de años anteriores, por lo que es muy complicado despegarse de sus últimas propuestas. Por su parte, la agrupación de Jonathan Pérez Ginel se ha visto condicionada por un repertorio metacarnavalero y un grupo que ha tenido muchos problemas para llegar en condiciones óptimas al Concurso.
Coros
En esta modalidad, la pelea estaba muy clara entre cinco grupos. El que se ha caído de la lucha, para sorpresa de muchos, ha sido 'La carnicería', de Miguel Ángel García Argüez el Chapa. A este grupo le rodean dos cuestiones que siempre le acaban penalizando. La primera de ellas es el propio montaje del coro. La apuesta por un estilo mucho más clásico tanto en el tango como en escena le sigue restando a ojos de los premios -que no de la calidad-, ya que se valora demasiado, incluso por encima de los repertorios, el despliegue vocal y el montaje en escena. Un envoltorio resultón que hace que muchas veces la copla quede en un segundo plano o no se valore lo suficiente por el poder de atracción que siempre tiene el continente sobre el contenido.
Por el otro lado, está la cuestión ideológica, sobre todo en un coro que es el que más se moja en sus repertorios. Y no es una cuestión solo de los tangos, sino también de la idea y su ejecución. En esto, el Chapa se muestra mucho más puro con este grupo, lo que siempre puede llegar a molestar y costarle un premio en el Falla.
Parecía que este iba a ser el año del Coro Libertario. Especialmente, porque el resto de propuestas, a nivel global, apenas se han movido de su zona de confort. Concepciones muy parecidas entre Cádiz y el Carnaval que no destacan, por lo que el componente musical tiene un mayor peso. Un castigo al compromiso en las coplas que ya veremos qué recorrido puede tener en ediciones venideras.
Cuartetos
La cuestión que siempre reluce en los cuartetos es si conviene más la cantidad de grupos que llegan hasta la Gran Final o preservar la calidad. En el 99% de las decisiones, el jurado siempre opta por la cantidad para dejar el menor número de plazas vacías en cada una de las fases.
En este caso, sí parecía que su presencia en la Gran Final la tenían asegurada '¡Que no vengan!', de Miguel Ángel Moreno y Ángel Gago; y 'Crónica de una muerte más que anunciada', liderado por Antonio Beiro. Las dudas recaían sobre 'Los Latin King (de la calle Pasquín)', de Manu Peinado, sobre todo por un repertorio en el que han predominado las grandes barbaridades para repartir palos a diestro y siniestro, y cierto histrionismo. Al final, el jurado ha acabado validando este camino, por lo que si da sus frutos se seguirá manteniendo en los próximos años.
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