A lo grande

Tampoco se trata ahora de comprar palomitas y ver la vida pasar.

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A esta ciudad l arrojan a los ojos cada día, cada hora, miles de granos de una molesta tormenta de arena y lo afronta con la gallardía y la costumbre de un tuareg en el Sáhara, y si embargo se indigna cuando sopla una brisa de poniente inesperado y frío.