Mi amigo Miguel

14 de enero 2026 - 07:00

La vida va dejando su rastro, a veces cargado de alegrías, y otras, cargado de tristeza. La profesión a la que nos dediquemos, como no podía ser de otra manera, nos marca, y hay profesiones, como el ejercicio de la abogacía con todas sus variantes, que te afectan a tu forma de vida, de comprenderla, de compartirla, dejando huella en todas tus relaciones sociales y familiares. Hay profesiones más placenteras, esas que nos obligan a construir, codo con codo, para alcanzar un proyecto común, y otras, como el ejercicio de la abogacía, que, en muchas ocasiones, te obliga a luchar, a luchar contra compañeros, defendiendo tu postura y la de tus clientes, y, en muchas, ocasiones, no es agradable. En ese entorno, a pesar de ello, y entre compañeros, como no podía ser de otra manera, se forjan amistades, y con el paso de los años alcanzamos la capacidad de empatizar con nuestro “enemigo”, nuestro compañero de enfrente, de forma que defendemos los intereses de nuestros clientes, pero somos capaces de empatizar con el compañero que tenemos frente a nosotros, y así esos contrarios pasan a formar parte de nuestra vida privada, sin que ello reste profesionalidad a nuestro trabajo.

Miguel Oviedo, solo un par de años mayor que yo, fue algo más que uno de tantos, nos peleamos, nos enfrentamos, tomamos café, y compartimos incluso caseta de Feria… no compartió conmigo banca colegial, de chicos no jugamos juntos jamás, las aficiones eran dispares, el con su mar, yo, más de campo, y si no fuera por esta bendita profesión, quizás jamás hubiera coincidido con él. Pero coincidí, a nivel profesional, y ello me llevó al aprecio, al respeto y a forjar una amistad que fue creciendo con los años. Se que no fuimos íntimos, pero la vida nos fue acercando en los buenos momentos, descubrimos amigos comunes, y ello me llevó a gozar de la amistad de una persona encantadora, con la que, profesionalmente, seguí peleándome. Su partida me sorprendió, incluso más de lo que esperaba, quizás la proximidad de edad, quizás el recuerdo de las copas que compartimos en Feria, puede que… no se ni que pensar. Ahora que no estás, lamento que no podamos disfrutar de los triunfos de tus hijos, pendiente quedan muchas cosas, y, pendiente queda, que volvamos a encontrarnos.

Se nos va un compañero, se nos va un amigo, y, aunque lo pensamos, de nada sirve recapacitar sobre tantas cosas, tomar todo con más calma, estresarnos menos, disfrutar más de la familia… la vida seguirá adelante, con su blancos, sus negros y sus grises. Adiós querido amigo, echaré de menos enfrentarme contigo, lamentaré no volver a compartir contigo confidencias con el ruido de la caseta como telón de fondo, y sobre todo te echaré de menos.

stats