El Alambique
Juan Clavero
Profesionales
Sólo nos acordamos de los técnicos y científicos cuando se les requiere porque hay una crisis o un desastre.
Con la erupción del volcán en La Palma, los informativos y tertulias se llenaron de vulcanólogos, que muchos no sabían ni que existían. Con la DANA, aparecieron meteorólogos, hidrólogos e ingenieros que analizaban lo que había pasado. Tras el accidente de Adamuz, proliferaron los ingenieros para darnos todo tipo de explicaciones sobre la resistencia de los raíles y las soldaduras. Y llegó el desastre del tren de borrascas, con inundaciones y desalojos de pueblos, y aparecieron los geólogos para explicarnos lo que es un paisaje cárstico.
En unos tiempos en los que se desprecia la ciencia y el conocimiento, hay que poner en valor a los profesionales que han estudiado en nuestras universidades, y a los que hemos formado en gran parte con dinero público.
Pero, desgraciadamente, merma el papel de los profesionales y aumenta el de políticos e influencers indocumentados. Hay quien cree más un mensaje en redes de uno de esos analfabetos funcionales que a personas de acreditada solvencia y trayectoria profesional.
Y esta tendencia a desacreditar al conocimiento científico contrastado tiene consecuencias. Una es el embrutecimiento de un sector de la población, que es de lo que se trata, que termina por guiarse más por un bulo malintencionado que por informarse y documentarse para tener su propio criterio. Cuesta años demostrar un hecho con criterios técnicos y científicos, pero sólo unos segundos divulgar un bulo.
Y tiene graves consecuencias para las personas y la sociedad. Negar el cambio climático y boicotear todas las medidas para mitigarlo provoca muerte y destrucción. Negar las vacunas lleva al aumento de muertes infantiles, y defender que el zumo de limón cura el cáncer o que la lejía cura el COVID, lleva a una muerte segura.
Hay que educar al alumnado en el conocimiento de hechos tan importantes para nuestra vida y la del Planeta como las vacunas, los tratamientos del cáncer, el cambio climático, la biodiversidad, los riesgos naturales o la alimentación sana. No es adoctrinar, es educar. Adoctrinamiento es eliminar, como se está haciendo, estos contenidos del curriculum escolar por razones ideológicas del fundamentalismo extremista.
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