El Alambique
María González Forte
Indigencia
Aún no ha amanecido cuando decido levantarme para darle un último vistazo al artículo. Es a causa del frio que hace que más que vistazo, decido darle un vuelco. ¿Qué hice anoche escribiendo sobre la maldad de los necios que dominan el mundo, o del miedo a que pueda aparecer bajo nuestra tierra algo que sea objetivo de los ambiciosos? Sería una ruina. Si aparecieran petróleo, tierras raras, o algún mineral codiciado, sería preferible no boquearlo. Solo hay que analizar las historias de las supremacías actuales. Conocer cómo sedujeron a los países que lo poseían para obtener sus derechos de explotación bajo el renombre de oportunidad o prosperidad. Así las riquezas quedan blindadas y acaban siendo propiedad de los dominadores. Al pueblo sencillo, como pasa en tantos lugares del sur, apenas les llega para vacunas.
Acaba la injusticia siendo tema recurrente. Mi parcela de lectores asumo que es limitada. Esta vez, los temas como el poder, la ambición, o el dominio de la tierra los dejaré en manos de especialistas y, repito, es a causa de este frío, que me acuerdo de los que duermen en los soportales de la calle Valdés, en los parking, o en las casas abandonadas de las zonas más antiguas de la ciudad.
Son indigentes. Personas sin hogar. Las penurias que han pasado para verse en esas situaciones no son objetivo de este artículo. Tampoco pretendo enjuiciarlos. Es mucho más sencillo. Hablo del simple y duro frío de este invierno. De la lluvia intensa y necesaria. De lo terrible de tener que dormir en la calle en estas circunstancias. Del limosneo.
La carestía de la vida les hará imposible alquilar algo. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué se intenta hacer en otros lugares? Supongo que la solución municipal es la de potenciar albergues sociales. Pero cuidado. No todo puede recaer sobre los ayuntamientos.
Si la reciente Navidad nos ha dejado algún resquicio en el corazón, si se nos ha pasado cómo hacer del mundo un lugar más justo, tal vez podamos sugerir y ayudar económicamente a esta idea de potenciar albergues sociales. Ojalá se haga realidad y nadie duerma en el suelo.
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