La Catedral Vieja y otras iglesias cerradas en Cádiz
La grave situación que ha provocado el cierre de Santa Cruz se suma al olvido de la Castrense, que espera las obras para poder reabrir desde junio de 2023
En la Catedral Vieja ya no quedan cofradías
El patrimonio religioso es una de las grandes fortalezas artísticas, históricas y arquitectónicas que tiene la ciudad. Una riqueza que tiene una contrapartida proporcional en la exigencia a la conservación, mantenimiento, rehabilitación y vigilancia casi permanente que se traduce en las continuas obras y proyectos que se desarrollan en las iglesias. Esta otra cara de la moneda, la cruz (nunca mejor dicho) que permite presumir de la cara, tiene en la actualidad varios lunares. Varios puntos negros. Es decir, puertas cerradas que supone la pérdida temporal de algunas iglesias, con toda la valía artística, patrimonial, histórica y cultural que ello conlleva.
El último caso es especialmente doloroso y trascendente. El sobrevenido cierre de la parroquia de Santa Cruz supone un duro mazazo al patrimonio religioso. Primero por lo inesperado de los acontecimientos, derivados precisamente de una intervención de rehabilitación que buscaba solucionar unos problemas que se han agravado de manera preocupante; y segundo porque no se trata de un templo cualquiera, sino de la segunda Catedral de la ciudad, un privilegio (el contar con dos catedrales reconocidas) que tienen muy pocas diócesis en España.
El cierre de Santa Cruz quedaba más que ratificado este viernes con la salida de la última de las cofradías que hasta ahora han tenido allí su sede, la de Medinaceli. El ‘desmantelamiento’ cofrade que ha vivido en la última semana la Catedral Vieja se ha completado con el traslado de prácticamente todos los bienes que formaban parte del interior del templo.
La colaboración que está poniendo en marcha el Obispado en todos los sentidos a raíz de lo sucedido en Santa Cruz se evidencia con el traslado al Seminario Diocesano de cuadros, imágenes y demás bienes que había en la Catedral Vieja, buscando así ser protegidos de más problemas derivados de las filtraciones que afectan a buena parte del interior del templo. También se ha buscado sitio para los 95 bancos de los que dispone la iglesia, y que también han sido trasladados para evitar su deterioro a cuenta del efecto del agua y la humedad.
Así las cosas, Santa Cruz ha quedado prácticamente vacía. Suelos de mármol, columnas de piedra ostionera y techos blancos plagados de filtraciones. Y algunos pocos bienes culturales que están recibiendo una minuciosa atención por parte de la restauradora gaditana Pilar Morillo, que según trasladan desde la parroquia está realizando una labor de seguimiento y protección en piezas destacadas como la Inmaculada del altar mayor o el retablo de la Coronación situado en el Torreón del Sagrario, para los que se están construyendo cajones especiales para su protección y se están lanzando las medidas correctoras necesarias, además de ese seguimiento casi diario que se le está haciendo para evitar su deterioro por el mal estado de la iglesia.
Con esta especie de plan de contingencia activado para proteger en un primer momento a todos los bienes que se encuentran en el interior de este edificio religioso, el gran interrogante se abre ahora sobre el camino a seguir hasta conseguir solucionar los problemas detectados y poder reabrir las puertas. O peor aún, hasta conseguir la rehabilitación integral que ya ha dicho el Obispado que pretende para poder recuperar el culto en Santa Cruz.
Sobre estas necesidades de futuro, será clave encontrar una fórmula para actuar sobre las cubiertas salvando las limitaciones y protecciones derivadas del BIC que es Santa Cruz, y corrigiendo los errores cometidos en las obras del año 2023, que han resultado un fracaso. Una de las opciones planteadas, al parecer, es el uso de un producto transparente que permitiría sellar toda la cubierta sin necesidad de levantar nuevamente los ricos y coloridos azulejos tan característicos.
Así mismo, será clave conseguir la financiación que sea necesaria para sacar adelante esa rehabilitación integral pretendida, que abarca la solución en las cubiertas, la intervención en el suelo de la iglesia, el tratamiento de la piedra ostionera y el arreglo de techos y paramentos, entre otras muchas actuaciones. Un plan muy ambicioso para el que el Obispado ha mostrado su disposición a ser generoso en cuanto a sus recursos económicos pero que necesitará, como también trasladó el propio Obispado, la implicación de las administraciones.
El (mal) ejemplo de la Castrense
Todo ello hace que el tiempo durante el que Santa Cruz se va a mantener cerrado sea del todo incierto. Y el escenario generado hace, inevitablemente, poner la mirada en el antecedente más cercano y con muchas similitudes: la iglesia castrense del Santo Ángel Custodio.
Conviene recordar que en el año 2023, y después de varios años cerrada al culto, el templo de la Plaza de Fragela reabría sus puertas después de una rehabilitación integral que a la vista había resultado espectacular y que se había completado con nuevos detalles como calefacción bajo el suelo, lámparas o vidrieras. Pero la brillante recuperación de la iglesia apenas duraría unos meses, ya que tras la reapertura ‘oficial’ en el mes de abril, en junio se venía abajo parte de la cúpula, obligando a un cierre que aún se mantiene en el tiempo.
Desde entonces hasta la actualidad, apenas ha habido movimientos en esta iglesia, más allá de la salida de las imágenes (meses después del cierre, siendo trasladadas en un primer momento a la capilla del Beato y desde la Semana Santa de 2024 a la iglesia del Carmen, donde permanecen hoy) y de unas obras en la cúpula para evitar nuevos problemas o desplomes.
Esta parálisis se evidencia en el exterior de la iglesia, que empieza a deteriorarse. Y, peor aún, que acumula basuras y abandono a la espera de que el Gobierno de España, titular del templo (de jurisdicción castrense y, por ello, del Ministerio de Defensa), asuma los trámites necesarios para desarrollar el nuevo proyecto de intervención que necesita la cúpula para permitir la reapertura.
En este sentido, conviene recordar que las obras que necesita la Castrense para recuperar el culto ya tiene un proyecto redactado que prevé una inversión en torno a los 300.000 euros y un período de ejecución de entre seis y ocho meses. Tiene hasta la autorización de las administraciones competentes (Ayuntamiento y Junta de Andalucía) para su ejecución, dependiendo únicamente de la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de dar vía libre al Ministerio de Defensa para actuar en la iglesia y permitir su reapertura al culto.
Con este panorama suma ya la Castrense más de dos años y medio cerrada a cal y canto. Y sin noticias -por ahora- de una intervención a corto plazo que haga pensar en una reapertura a corto o medio plazo. Y ese es precisamente el objetivo que se marca ahora el Obispado; no eternizar el cierre de la Catedral Vieja, el templo más antiguo de la ciudad, levantado sobre una antigua mezquita y cerrado a cal y canto desde hace ahora un mes.
La otra cara de la moneda
Con el cierre de Santa Cruz son cuatro las iglesias de la ciudad que a día de hoy tienen las puertas cerradas y el culto suspendido. Pero a diferencia de la Catedral Vieja y de la Castrense, las otras dos se preparan para su reapertura, prevista para este mismo año 2026.
El caso más próximo en el tiempo será el de la capilla de Jesús Caído, frente al Parque Genovés, donde está previsto que se recupere el culto este próximo Martes Santo con el regreso de la hermandad, que finalizará allí la procesión que comenzará en el que ha sido templo provisional durante todos estos años (desde que se trasladara en 2008), San Francisco.
Para la recuperación de la actividad como lugar de culto, la hermandad lleva meses trabajando a fondo en este pequeño templo anexo al colegio mayor de la Universidad. Así, tras resolverse unos problemas constructivos derivados de la obra de rehabilitación de la residencia de estudiantes (que incluyó la capilla), se han venido ejecutando las actuaciones proyectadas por la cofradía para adaptar la reformada capilla, a lo que se sumará la construcción de un retablo principal movible que ha diseñado y que va a ejecutar Adrián Hidalgo.
Será a partir de la Semana Santa cuando esta capilla vuelva a tener culto, en los días y horarios que disponga la hermandad del Martes Santo, que después de 18 años volverá a su casa.
Algo más lejano en el tiempo está prevista la reapertura de la iglesia de la Pastora, una de las joyas del patrimonio religioso que acumula también 18 años de cierre, con un pequeño paréntesis en el año 2012 cuando estuvo abierta varios meses. Para el mes de agosto está previsto, en concreto, reabrir este templo de la calle Sagasta, que necesita en estos meses algunas intervenciones sobre la que ya se están realizando las oportunas gestiones que permitirán esa esperada reapertura que supone, junto a la capilla del Caído, la otra cara de la moneda respecto al patrimonio religioso de la ciudad.
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