Filtraciones en la Catedral Vieja de Cádiz: la iglesia deshabitada
La parroquia de Santa Cruz presenta una estampa sobrecogedora con el mobiliario a refugio y muchos elementos retirados debido a las múltiples filtraciones que sufre y que han propiciado el cierre
Los problemas en el templo ponen en peligro la Cuaresma y la Semana Santa para las cinco cofradías
Las imágenes del interior de Santa Cruz
El martes, día de Reyes, el párroco comprobó in situ que la situación era insostenible y decidió cerrar las puertas de su templo, Santa Cruz, la Catedral Vieja de Cádiz (nada más y nada menos). Pero este viernes seguían acudiendo fieles y devotos hasta la puerta, flores en mano, quizás por desconocer aún lo ocurrido tres días atrás, o quizás por esperar algún milagro o similar que abriera la puerta y permitiera entrar. Como así ocurrió cuando pasaba la una de la tarde.
La reapertura este viernes de Santa Cruz no pudo ser más descorazonadora, triste, pesimista. Un fuerte olor a humedad daba la bienvenida a los que accedían al templo, y la frialdad catedralicia que conserva el edificio del Pópulo se hacía más presente ante la falta del calor que dan los muebles, los bancos dispuestos, los elementos del altar mayor, las capillas cofradieras con sus imágenes y enseres… Nada de eso, prácticamente, queda en Santa Cruz desde que el agua empezara a filtrarse por un rincón y por otro con las últimas lluvias. “Se ha filtrado agua por donde nunca antes había entrado”, dice Manuel, el sacristán, que aún no sale de su asombro de la estampa que vivieron el día de Reyes.
Los bancos de la iglesia han sido apilados en seis montones. Cuatro de ellos envueltos en plástico, y otros dos en la zona central liberados de plástico, porque en ese punto concreto no ha caído agua de los arcos, bóvedas y techos. Las capillas de la nave del Evangelio están completamente desnudas y protegidas también por plásticos, ya que las cofradías allí establecidas (Sanidad, Perdón y Santo Entierro) se ‘mudaron’ al torreón del Sagrario en noviembre para el inicio de unas obras que desde entonces están paralizadas, aunque ahora el Ayuntamiento ya dice que da su visto bueno para que se puedan retomar.
Las evidencias de las filtraciones son múltiples a lo largo y ancho de Santa Cruz. En la capilla de Medinaceli están secándose las imágenes del Nacimiento, con un San José absolutamente desgarrado en su parte baja fruto de la acción del agua sobre las telas encoladas con las que fueron hechas estas imágenes, y una Virgen María en cuyas telas se sigue observando el agua presente. En la sacristía se han repartido todos los elementos que estaban en el altar mayor (cátedra y resto de sillones, frente de altar, manteles, unos ángeles…), que por primera vez que recuerden en la parroquia quedó también bastante afectado, corriendo el agua por los mármoles que conforman las paredes de este presbiterio. Y, peor aún, por el artístico retablo de madera dorada.
En el otro extremo de la iglesia, el Torreón del Sagrario se ha convertido en una improvisada ‘multicapilla’ donde reciben culto los titulares de Sanidad, Perdón y Santo Entierro, además del San Pedro; y allí, entre altares y sobre los bancos, se han dispuesto varias alfombras y telas empapadas de agua para que se sequen.
Un paseo por el templo se traduce en una relación de daños e incidencias ocasionadas por las numerosas filtraciones de agua de lluvia. Un micrófono en el altar mayor que ha dejado de funcionar, el sagrario de la capilla de los Genoveses que hubo que retirar, la escalinata del altar mayor que aún sigue mojada, el baptisterio, “donde nunca antes había entrado el agua”; columnas en cuya parte alta el color de la piedra ostionera va tornando a un marrón intenso que evidencia la existencia de agua, las imágenes de San José o de San Francisco que han quedado afectadas por el agua… Y la luz, una tenue luz para iluminar la iglesia “porque si enciendo alguna más salta el automático de todo el edificio”.
Santa Cruz ha quedado deshabitada, fría, húmeda. Y la imagen da escalofríos, por las escenas que se ven y, lo que es peor, por el incierto futuro que se presenta por delante a una situación que a simple vista reviste bastante gravedad.
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