La ciudad malherida
Informe
A pesar de la mejora de la situación económica en el conjunto del país, los datos más cercanos a la calle dejan una imagen de degradación en Cádiz. Es urgente adoptar medidas que eviten esta decadencia.
Hay dos balanzas. Sobre una se cargan las grandes cifras macroeconómicas, esas que llevan a decir al Gobierno que España ya ha salido de la crisis y que somos el país que más crece de la Europa comunitaria; sobre la otra se cargan, sin embargo, los datos que mueven la microeconomía, aquellos que marcan los ingresos económicos en las familias, la presencia del desempleo entre sus miembros, el déficit educativo, el problema de la vivienda, el envejecimiento de la población.
La fotografía de la ciudad se enfoca con la segunda balanza. Para bien o para mal. Y ahora toca, para mal. Porque la macroeconomía está aún muy lejos de la realidad diaria de miles de familias gaditanas. Así se advierte en varios informes que se han puesto sobre la mesa en los últimos días: el primer diagnóstico elaborado por el Plan C, las estadísticas de población elaboradas por el INE y complementada por el propio Ayuntamiento, el análisis mensual de las cifras del desempleo o el estudio sobre determinados barrios para conseguir fondos europeos.
En este enfoque de la fotografía vemos a lo lejos imágenes que pueden ser anuncio de tiempos mejores para Cádiz, como la incidencia del nuevo puente ya trasladado al comercio local; el desarrollo del suelo portuario; el afianzamiento del sector turístico, cada vez más relevante para nuestra economía. Es un buen enfoque, ciertamente, pero no logra eliminar, que no ocultar, la realidad más dolorosa de la ciudad.
La formación laboral, el nivel educativo de la población, es uno de los indicadores que marca el estado de salud de la ciudadanía. Lo cierto es que muchos lo consideran como una cuestión secundaria, ahondando con ello el problema, pero el déficit en la formación va parejo al fracaso laboral, al desempleo y, con ello, a la crisis como persona. Un auténtico dominó.
Asumiendo la exigencia de tener una sociedad con la tarea hecha, los indicadores que aporta el segundo platillo de la balanza sitúan a Cádiz en el furgón de cola.
Abramos con una cifra alarmante, que marca la tendencia general: el 1,84% de los vecinos de la localidad son analfabetos, un porcentaje que ronda el 4% en los barrios más deprimidos, superando la media nacional y algo por debajo de la andaluza, si es que esta circunstancia le tranquiliza a alguien. El 11,27% de la población no tiene estudios, aunque aquí se incluyen también los que están fuera de la edad de escolarización. Sin embargo, hay un dato elocuente: hay 29.316 gaditanos sin estudios o con la primaria incompleta. Teniendo en cuenta que en el bloque de edad que incluye a los estudiantes que deben cursar estos estudios, y a los que están en Infantil o apenas tienen unos meses de vida, hay 15.000 empadronados, basta con realizar la resta para ver el déficit de formación de muchos vecinos, que se supone estará ya dentro de la edad madura. No olvidemos que según el padrón cerrado a 1 de enero de 2015 la capital contaba con 9.293 licenciados universitarios, sobre una población de 120.000 personas.
En el análisis que sobre la educación hace el Plan C se alerta sobre la dejación de la familia ante este problema. "Las familias no se están sintiendo corresponsables de los altos índices de fracaso escolar que manejamos, favoreciendo con su dejadez que estos no puedan realmente llegar a resolverse". Hablar con más claridad es imposible, al igual que al afirmar que "la desconexión entre los estudios universitarios y la realidad económica de la ciudad impide una colaboración mutua que favorecería una mayor inmersión social y laboral del alumnado", a lo que se le une la escasa relevancia en conocimientos relacionados con las nuevas tecnologías, más allá del obligado teléfono móvil, presente ya en todas las familias por muchas necesidades primarias que se tengan.
Indican los analistas que el fracaso escolar, la falta de formación, está estrechamente unida al fracaso laboral. En los datos del paro del pasado mes de diciembre, los últimos conocidos, destaca que de los 16.036 ciudadanos en esta situación 1.291 sólo contaban con estudios primarios y una treintena son analfabetos. Pero lo cierto es que hay 4.352 desempleados incluidos en el sector de 'trabajadores no cualificados', lo que se traduce en que aún cuando hayan terminado cursos superiores más allá de la primaria, su formación ha quedado interrumpida, por decisión propia o por circunstancias familiares, antes de conseguir un grado de formación adecuada para no estar entre estas cuatro mil personas. En este sentido, el referido Plan C destaca: "Una economía con una alta dependencia de un empleo sin cualificar, acorde con la escasa formación de la ciudadanía, dificulta la resolución del problema del paro en la ciudad".
Dejando a un lado la preparación de este colectivo, el perfil del desempleado en Cádiz aporta también números que ayudan a comprender la crisis social que persiste. La tasa de desempleados menores de los 30 años ronda el 60% del total. Eso supone dejar en la calle, en muchos casos en un estado de lógica desesperación, a buena parte de quienes deberían de convertirse en el pilar del futuro más inmediato de la capital gaditana. Se crea así un núcleo de población deprimido por la falta de expectativa y sin una alternativa formativa, por deseo propio o ausencia institucional, que les permita mejorar su formación mientras buscan un trabajo.
Junto a esto hay otra tasa de paro igualmente preocupante, la que afecta al grupo comprendido entre los 50 y los 54 años, con un 30%. Si los menores de 30 años toca de lleno a un colectivo que comienza su andadura en el mundo laboral, el de más de cincuenta que acaba en el paro corre el riesgo de no encontrar un nuevo trabajo, con lo que ello supone de desestructuramiento familiar y personal.
El recorrido sobre el desempleo se cierra con más datos alarmantes. Como el que en el 56% de los hogares gaditanos hay algún miembro en situación de paro o inactivo. O que en un 9% de los hogares hay hasta tres miembros en esta situación.
Son los mayores los que están sirviendo de pilar para evitar el derrumbe social, junto a las ayudas que se reciben desde el Ayuntamiento y desde entidades privadas, cada vez más colapsadas para dar de comer o ayudar al pago de recibos o de los alquileres. Cierto es que no es exclusiva de Cádiz, pero aquí son cada vez más el número de jubilados reconvertidos de nuevo en cabeza de familia. Se está produciendo así, destaca el análisis del Plan C, la presencia de "mayores sobrecargados de obligaciones familiares, pasando de ser 'cuidados' a reforzar su papel como 'cuidadores y cuidadoras'. Todo ello unido a un aumento de familias extensas donde conviven tres generaciones, con una gran vulnerabilidad y desproporción de los mayores dependientes sin ayuda de terceras personas o que viven solos o solas".
Aquí nos metemos en el otro gran problema de la ciudad, la vivienda, que ha empeorado de forma ostensible en los años de crisis. El parón en la rehabilitación del casco antiguo, una vez cortado el grifo inversor por parte de la Consejería de Obras Públicas, unido a la crisis económica y el aumento del desempleo que ha llevado pareja, ha provocado el retorno a la ciudad de una lacra que se estaba venciendo: la masificación en muchas viviendas. Si se estaba logrando que cada familia contase con una vivienda, con mayor o menor calidad, ahora son muchos los hijos que retornan a casa de sus padres, incapaces de hacer frente al pago mensual de un alquiler.
Los datos que maneja el Ayuntamiento respecto al perfil del demandante de una vivienda pública nos ofrece la radiografía de una pareja menor de 35 años, con un hijo e ingresos de apenas 800 euros al mes, cuando el mercado obliga a pagar 500 euros para poder entrar en una casa que no desdiga este calificativo.
Todos estos datos estadísticos reflejan una ciudad malherida, oculta para muchos detrás de grandes obras públicas, algunas innecesarias pero que han supuesto inversiones escandalosas, como los 70 millones de euros del nuevo estadio de fútbol; otras aún más caras pero con rentabilidad para la ciudad si se sabe aprovechar, como los 500 millones del puente de la Constitución de 1812. Cierto que la ciudad necesita sacar adelante proyectos relacionados con los equipamientos, el turismo, la cultura, el ocio que deberían de ayudar a solventar tantas heridas. Pero mientras tanto, la ciudad sufre.
35 Comentarios