Traspié en la peatonalización del casco antiguo de Cádiz, con una Zona de Bajas Emisiones descafeinada

La Zona de Bajas Emisiones nace descafeinada, respecto al plan original

Cádiz no aprovecha el limitado tamaño de su casco antiguo para mejorar su movilidad

La Zona de Bajas Emisiones nace en Cádiz sin aparcamientos disuasorios y con el autobús en crisis

Vehículos estacionados en una calle del casco antiguo de Cádiz.
Vehículos estacionados en una calle del casco antiguo de Cádiz. / Julio González

El inicio del año supone la puesta en marcha de las zonas de bajas emisiones en la ciudad de Cádiz. Una afecta a un espacio urbano ya semipeatonalizado: el tramo del Paseo Marítimo entre el Hotel Playa y Cortadura; otra toca de lleno a todo el casco antiguo salvo su ronda de circunvalación.

Este plan nace de la necesidad de rebajar la presión del automóvil privado en las grandes ciudades, y con ello reducir la contaminación ambiental propiciando la mejora de la movilidad urbana, según las directrices marcadas desde la Unión Europea.

En España, el gobierno Central limitó esta medida a todas las localidades del país con más de 50.000 habitantes. Cada una de ellas debía fijar un espacio como ZBE en sus términos urbanos.

La fecha límite para cumplir esta norma era finales de 2022. Llegado este momento eran escasos los municipios que habían puesto en marcha este plan, entre ellos el de Cádiz, por lo que se extendió la medida hasta final de 2025.

Al final, el Ayuntamiento de Cádiz ha aprobado toda la normativa para el desarrollo de la ZBE al límite del último plazo. A pesar de que fue a finales de 2022 cuando se inició el proceso de licitación de este proyecto (adquisición de cámaras de control, nuevo sistema informático y otras actuaciones complementarias por un coste de unos 3 millones de euros), el gobierno municipal ha ido retrasando la activación de la ZBE.

Nada pasaría, más allá del tiempo perdido, si no fuera porque este retraso en la puesta en marca de las zonas de bajas emisiones ha ido acompañada por una modificación de los primeros objetivos, hasta el punto que lo que ahora se va a ejecutar queda muy lejos del ambicioso plan diseñado por el anterior gobierno municipal, y en especial por el que fuera concejal de Movilidad Urbana, Martín Vila.

Así, al final, los vehículos cuyos propietarios están empadronados en Cádiz podrán seguir circulando libremente por las calles del centro que aún no son peatonales. Los coches “externos” sí tendrán limitaciones, pero éstas se irán imponiendo de forma paulatina entre este año 2026 y el 2027. De esta forma, el tráfico rodado seguirá estando presente por las calles de intramuros reduciendo de forma notable la incidencia positiva que debía tener en la trama urbana la puesta en marcha de la Zona de Bajas Emisiones.

Justifica el gobierno municipal, del PP, que este recorte en los planes iniciales del anterior equipo se debe a los mínimos índices de contaminación que soporta la ciudad de Cádiz. Se dice que estos ya están por debajo de los que se exigían de cara a 2030. Y, a la vez, se recalca que en esta situación no se debía dañar la movilidad rodada de los residentes en la ciudad.

Por si fuera poco, el desarrollo de la ZBE no va acompañada en Cádiz de ninguna campaña de información, aunque los fondos europeos logrados para su financiación incluyen una partida para dar a conocer estas medidas. Ciudades como Chiclana sí han activado esta medida de atención a sus ciudadanos.

La plaza de la Catedral convertida en un aparcamiento en superficie.
La plaza de la Catedral convertida en un aparcamiento en superficie. / D.C.

La peatonalización del casco antiguo de Cádiz

Las limitaciones en Cádiz en la nueva Zona de Bajas Emisiones, restando con ello la efectividad pretendida en un principio, supone una evidente ralentización en la peatonalización del casco antiguo.

Desde la llegada de los ayuntamientos democráticos, en 1979, ha sido una norma no escrita por estos el ir ampliando las vías prohibidas a los coches.

Desde el PSOE al PP (de Teófila Martínez) pasando por la confluencia de izquierdas, se han realizado actuaciones, algunas muy potentes que, en un principio, podrían chocar con los intereses vecinales.

Hoy resulta inimaginable que los coches circulen y estacionen por la mayor parte de las plazas gaditanas, especialmente San Juan de Dios, Catedral, Las Flores, Candelaria, Mina (en parte de estas dos) y la última en entrar en este lista, la plaza de España. O todas las calles del centro comercial cuya peatonalizan ha supuesto un activo en la atracción del comercio más allá del propio vecindario.

El actual gobierno del PP, con Bruno García, ha anunciado que continuará con este proceso de peatonalización aunque, tras cerca de tres años de gestión, todavía no ha mencionado las vías que se van a ver favorecidas por esta medida, ni las calles donde se pueden instalar plataformas únicas que facilitan el paseo compartido por vehículos con la velocidad limitada.

Los expertos en movilidad urbana destacan un aspecto positivo de Cádiz a la hora de hacer una apuesta clara por su movilidad, al estilo de las grandes ciudades europeos: la extensión de la propia ciudad.

Cámaras instaladas para el control del tráfico.
Cámaras instaladas para el control del tráfico. / Julio González

El tamaño reducido de la ciudad

El casco histórico, donde se da buena parte de la vida administrativa, cultural e incluso comercial de la ciudad, apenas tiene un kilómetro cuadrado de superficie residencial, unos centenares de metros de un extremo a otro fáciles de cubrir a pie, y más si se completa la reurbanización de sus calles. Pero incluso uniendo a extramuros, mucho más amplio, las distancias a cubrir no son excesivas, y para éstas siempre está el transporte público.

Hay que tener en cuenta que el autobús urbano es un elemento esencial en la apuesta por una movilidad sostenible. Sin embargo, la reorganización de este servicio (con el aumento de autobuses y la reducción de los tiempos de paso) sigue sin tener fecha. Fue uno de los grandes déficit dejados por la anterior administración local, mientras que la actual espera sacar el concurso a lo largo de este año, tras meses y meses de trámites burocráticos.

Ana Montalbán, directora técnica de la Red Ciudades que Caminan, en la que se integró el Ayuntamiento de Cádiz en la etapa de Martín Vila, destacaba recientemente en un debate sobre movilidad organizado por Diario de Cádiz y el Ayuntamiento de Chiclana, que “las calles deben ser lugares de vida y convivencia, no aparcamientos”, para añadir que “tendremos que habilitar otras zonas para los coches y tendremos que ver cómo reducir su número. El peatón debe ser la prioridad y, para lograrlo, se ha de invertir la proporción actual, que es aproximadamente el 70% coche y el 30% para las personas”.

Afirmaba la experta en movilidad que el vehículo privado no es un problema en sí mismo, sino su “uso inadecuado” -su utilización para trayectos cortos- y la “mentalidad” de depender de él”.

Es la idea de que el coche te debe dejar en tu misma puerta, cuando la peatonalización de decenas de calles en intramuros, y unas cuantas en Puerta Tierra, en estas últimas décadas no ha provocado ningún descalabro en quienes viviendo en estas vías ya no pueden ir en coche hasta su casapuerta.

Sí es cierto que, al contrario que en ciudades como Pontevedra, considerada el gran ejemplo de la peatonalización, Cádiz tiene el problema de localización de bolsas de aparcamientos disuasorios, aunque se resalta la posibilidad de ampliar los usos de parking de extramuros hoy infrautilizados, y conectarlos por autobús al casco antiguo.

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