De rodillas ante Cristo flagelado
Flagelación
El Obispado ha aceptado la petición de la hermandad de ser sacramental
Cuatro de la tarde. Calor y emoción contenidos. Religiosidad y profunda devoción se respira cuando las puertas de San Joaquín se abren de par en par. No es para menos, la incertidumbre del tiempo pasó al recuerdo. El flagelado comienza su estación penitencial. La hermandad está de enhorabuena. El miércoles pasado el hermano mayor, Antonio Mateos, recibió la mejor noticia. El obispo de Jerez, José Mazuelos, le anunciaba su nuevo título: Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Flagelación, María Santísima de la Amargura, San Joaquín y Santa Ana. Con esta renovada responsabilidad, la cruz de guía, con paso calmo, abre el cortejo.
Mucha juventud se agolpa junto a las complicadas tarimas de San Joaquín. Los costaleros de refresco se aprestan a meter el hombro del alma, el que más levanta. Y los músicos de la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora de La Merced de El Viso del Alcor elevan sus notas sobre el manto de claveles rojos del paso del misterio. Los capataces, al unísono, encumbran sus voces, y el Cristo Flagelado hunde su mirada en los cientos de devotos que acompañan la salida procesional.
Tras el paso de misterio, en proceso de restauración y dorado, el grupo de acólitos 'Amargura y Sacrificio' de nuestra ciudad. Calor y esplendor en San Joaquín. Nadie da un paso de más. El gentío corteja la salida de los pasos. Los 30 costaleros del palio, rodillas sobre la tarima, la altura de la puerta no da más de sí y el sacrificio se acrecienta. Pero no duele, es María la que está sobre sus hombros. Aplausos y música. En esta ocasión la banda Nuestra Señora de Palomares' de Trebujena estrena la marcha 'Reina de San Joaquín' del joven portuense Carlos Delgado.
Cielo, Cervantes, Diego Niño, esperan abarrotadas de fieles. La estación de penitencia en la Iglesia Mayor y las calles Santa María, La Placilla, Abastos, Ganado, serán mudas testigos del verdadero sentido de hermandad. Llega la plenitud de todo un año, cargado de buenas intenciones.
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