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Tres puntos con el mono de trabajo (1-0)

cádiz | valladolid

El conjunto amarillo exprime hasta la última gota de sudor para administrar, con su gen competitivo, el tempranero gol de Álex Fernández y extender la buena racha a la cuarta victoria consecutiva

Salvi levanta los brazos en un lance del partido con Iban Salvador. / Fito Carreto
Jesús Jaques Nuche

Cádiz, 26 de noviembre 2017 - 02:09

El Cádiz imprime una velocidad de crucero con la que se lleva todo por delante. No hay quien lo pare. Da igual si juega mejor o peor. Esa no es su razón de ser. El sello de este equipo es su carácter competitivo, ese que le guía hasta la victoria pese a tener enfrente un rival, el Real Valladolid, con más calidad en el manejo del balón. Mientras los foráneos se ocuparon ayer de enlazar con toque aunque sin profundidad, los de casa de se pusieron el mono de trabajo, con el cuchillo entre los dientes, para hacer valer el tanto inicial. Se jugó a lo que quería el Cádiz, un partido con pocos goles -sólo uno-, enrevesado, nada vistoso pero productivo para que un conjunto que explota sus virtudes y reduce sus carencias, bendecido por una dinámica digna de un aspirante a metas que van allá una permanencia para la que ya ha recorrido más de medio camino cuando todavía restan cinco capítulos para el ecuador del torneo. Ya atesora en su mochila 26 puntos de los 50 que en principio necesita para pensar en el siguiente reto, del que nadie en el club quiere hablar porque el lema de partido a partido nunca pierde vigencia.

Con la sensación de solidez adquirida en los últimos tiempos, el Cádiz prolongó su buena racha con una apretada victoria (1-0) gracias a un gol de Álex Fernández en el arranque de un partido que el equipo amarillo sacó adelante con oficio, sin vistosidad pero con el máximo sudor. Supo administrar la ventaja con una esforzada tarea con la que desarmó la vocación ofensiva de un adversario que había marcado 29 tantos y ayer se quedó a cero anulado por la telaraña amarilla. Jaime Mata, matador del área con 12 dianas, apenas tocó la pelota.

Los amarillos encadenan su cuarto triunfo consecutivo y prosiguen con su escalada en la clasificación tras aprovechar al cien por cien las bonanzas de un black november inmaculado, completado con un póquer de éxitos del que pocos pueden presumir. El mérito es global. Para ganar hay que marcar pero también minimizar los goles en contra y en esa faceta el dato impresiona: encadena cinco encuentros seguidos sin recibir un solo tanto. La rocosidad es incuestionable y ya son diez jornadas con el arco intacto en la Liga.

Álvaro Cervera sólo movió en el once lo imprescindible. Servando en el lugar de Carpio y la novedosa presencia de Marcos Mauro en el eje de la defensa. Lo demás, todo igual, como en las últimas semanas de sonrisa, fiel al trivote.

La fama de fragilidad defensiva del cuadro pucelano quedó plasmada a los 20 segundos del pitido inicial, los que tardaron los locales en disparar a puerta. Lo hizo Salvi tras internarse en el área y Masip desvió a córner. Los de casa buscaron con ahínco un gol tempranero y lo consiguieron poco después de recibir un serio aviso de la peligrosidad en ataque del rival con un latigazo de Toni repelido por Alberto Cifuentes. En la réplica llegó el 1-0, en el minuto 6. Nació de la estrategia, un factor en el que han crecido los amarillos. José Mari puso la pelota en movimiento en una falta pero en lugar de centrar al área sirvió a la derecha a Salvi. El sanluqueño desbordó en el uno a uno cn su par y llegó hasta a línea de fondo, sirvió al rectángulo cercano a la portería y el despeje de un zaguero lo cazó en la frontal Álex Fernández para soltar un derechazo con el que introdujo el balón en la portería tras repeler en un contrario. Primer tanto liguero del madrileño como cadista y segundo en un choque oficial -anotó en el envite de Copa contra el Betis-.

La pronta ventaja dibujó un escenario en el que siente cómodos los gaditanos... y también los blanquivioletas, que se hicieron dueños absolutos del balón y volvieron a aparecer arriba con cabezazo de Toni -en el 14- de nuevo abortado por el cancerbero. Desde entonces hasta el pitido final tuvieron que trabajar a destajo los anfitriones para frenar a un adversario hábil en el manejo del esférico, con recursos para plantarse en la zona determinante.

El Cádiz no se anduvo con rodeos con su planteamiento, pertrechado en su terreno con una alta densidad de jugadores y deseoso de sorprender a la contra. Le costó conectar con sus hombres veloces y aunque Carrillo sí se llevó un sinfín de balones aéreos, no sirvieron para asociarse con sus compañeros a la hora de la verdad.

El paso del tiempo fue favoreciendo a los ganadores, asentados en sus labores de desactivación de un contrincante obsesionado con la posesión de la pelota aunque aburrido de tantos obstáculos en un duelo tan intenso como carente de eficacia. Tanto uno como otro rivalizaron en desaciertos en el pase. En el caso de los locales el cuero era un bien escaso y cuando salía un pase lo que fallaba era el control. Les duraba muy poco, dedicados casi en exclusiva a administrar la renta mínima, que no era poca cosa. La cuestión era si ese tanto madrugador iba a ser suficiente para celebrar el triunfo frente al equipo más goleador del campeonato. Con ese 1-0 se llegó al intermedio, un resultado apretado que dejaba el desenlace pendiente de resolución en el periodo definitivo.

El guión no varió en la reanudación. El Valladolid se volcó en ataque, con hombres por fuera y en tres cuartos que conectaron con cierto peligro. La novedad fue que los amarillos sí asomaron la patita a la contra, como en el minuto 48 y culminada con un disparo de Salvi a las manos de Masip. Poco después irrumpió Álvaro García por la izquierda con un servicio al área rechazado por Antoñito justo antes de que Salvi se quedase solo ante el guardameta. Los de Cervera encontraban espacios pero no hallaban la fórmula mágica para romper el partido de manera definitiva. En el 60, Masip tocó a lo justo para evitar el gol de Carrillo, que se había quedado solo delante del portero. Para entonces ya estaba sobre el césped Kecojevic, sustituto del lesionado Mikel Villanueva.

No aprovecharon los gaditanos los sucesivos contragolpes y el partido derivó en un final no aconsejable para hipertensos. Los pucelanos estuvieron a milímetros de igualar la contienda con un remate de Míchel a puerta vacía que se marchó fuera. Cervera buscó oxígeno con Rubén Cruz para fortalecer el entramado defensivo desde arriba. El equipo trató de presionar lejos de su área para evitar las aproximaciones de un contendiente que iba con todo en busca del empate. La cuestión era estorbar todo lo posible mientras el cronómetro hacía su trabajo, lento para unos y rápido para otros.

Álvaro García, renqueante, dejó su sitio a David Barral, ubicado en la izquierda. Los de casa jugaron con el tiempo en los últimos minutos. Cualquier segundo robado era un alivio en un sprint final que los visitantes abordaron con un jugador menos por expulsión de Luismi en el 83 por agarrar a Rubén Cruz cuando se disponía a encarar al portero con el balón controlado. Salvi lanzó a la barrera y el que sí atinó en un libre directo fue Hervías, ya en el alargue, pero se topó con un inspirado Cifuentes.

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