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La Fundación Fragela reinicia su residencia de día tras el coronavirus

Consecuencias del brote de coronavirus en Cádiz

Este centro de mayores de Cádiz no ha padecido ni un solo contagio durante la crisis sanitaria

A día de hoy cuenta con 78 residentes y 30 personas en régimen de estancia diurna

Una residente saluda a un familiar tras un cristal después de los meses de confinamiento, en la residencia gaditana de Fragela. / Lourdes De Vicente

Llegó el coronavirus y la Fundación se vio forzada a cerrar cada poro de sus instalaciones. Sus residentes se quedaron en el centro y se aislaron del mundo exterior y sus “clientes” de la residencia de día tuvieron que dejar de venir.

Pero Fragela le ganó la partida al covid, tal y como demuestran sus cero contagios, y se puso fin al confinamiento dando paso al proceso de desescalada que desemboca en una nueva normalidad que aún tardará en llegar a este centro de mayores ubicado frente al Teatro Falla.

A pesar de ello, su gerente, Pablo Otero, anuncia que este lunes darán el primer “pasito” de esa desescalada reactivando su servicio de día.

En la actualidad, este centro cuenta con 78 residentes y 30 personas en estancia diurna. Es un primer “pasito” porque si el país vuelve a una nueva normalidad en laque todo intentará parecer normal, allí en Fragela no quieren lanzar las campanas al vuelo y fasear esa desescalada.

Entre sus paredes aún hay mucho miedo, y el hecho de que sus “clientes” sean la población más vulnerable, así lo impone.

A partir de este lunes, los mayores del centro de día podrán volver a desayunar allí, a comer allí y a llevar a cabo sus talleres y cuidados de rehabilitación, pero no podrán mantener ningún tipo de contacto con los allí residentes.

Es aún pronto, según estima Pablo Otero y “la normalidad tardará en llegar. Somos partidarios de ir pasito a pasito”. De hecho, sus residentes aún tiene vetada la salida del centro y las visitas están aún medidas. De momento, en junio han dispuesto una salita cerca de la entrada de la residencia en la que se llevan a cabo las visitas, siempre detrás de un metacrilato. Éstas se hacen en grupos de tres visitas, de media hora cada una, y se han dado seis visitas al mes a cada familia.

De esta manera, muy a pesar del gerente de la Fundación Fragela, los “besitos y los abrazos tararán aún en llegar. Me encantaría”. Ya en julio se dará otro “pasito” y, en vez del metacrilato, las visitas se harán en el patio, con una visita en cada esquina.

Otero reconoce que estas decisiones nunca son fáciles. “Durante el confinamiento ha habido cero visitas. Aquí no ha entrado nadie, ni siquiera los proveedores. Y eso es lo que peor han llevado los pobres mayores. No han tenido visitas”.

“¿Son exigentes sus mayores?”, le pregunta a Otero este Diario. ”Son para quitarse el sombrero. Nos reunimos con ellos en asamblea en el salón de actos al principio, les explicamos la situación y lo entendieron. Pero, claro, ahora es cuando quieren salir”.

La vuelta de los usuarios del servicio diurno le preocupa a Pablo Otero. No sólo porque le ha obligado a reestructurar sus instalaciones sino porque se han llevado tres meses sin “su colegio de mayores, como ellos dicen”. No han recibido ni servicio ni atención. Fragela ha seguido haciendo un seguimiento telefónico semanal de todas las familias de día y “les preguntábamos que cómo estaban. Ya muchos demandaban y necesitaban la vuelta”.

Este lunes volverán a sus “aulas”. Empiezan con el desayuno y terminal con los talleres después de merendar. “La verdad es que han aguantado más de la cuenta y quizás hayan sufrido un poco de desgaste en sus casas. Allí no han tenido rehabilitación, no han tenido servicio y aquí –según Pablo Otero— hacen talleres, manualidades, se les da de comer”.

El gerente de la Fundación Fragela teme que esta larga pausa pueda suponer algún tipo de receso en su evolución. “Han sido tres meses con poca movilidad en sus casas, estimulación cero o muy limitada a lo que se puede hacer en una casa encerrado. No tiene eso nada que ver con el servicio que le dan los profesionales que están acostumbrados a cuidarlos. A ver cómo nos los encontramos el lunes”, dice con algo de temor Otero.

Tres salas adaptadas y un acceso independiente por la calle Hércules

El final de esta semana está resultando especialmente duro para Pablo Otero. La llegada de los usuarios del servicio diurno le ha obligado a reestructuras sus instalaciones. La salud de sus residentes y de su personal está por encima de todo. “Realmente ahora estamos un poco asustados porque para nosotros es un riesgo la estancia diurna”. Para ello, han establecido unos protocolos muy estrictos que les exigen delimitar las dependencias para que residentes y diurnos estén siempre separados y no mantengan ningún tipo de contacto, aunque sigan estando en el mismo edificio. Para ello han adaptado tres salones enormes y una sala de rehabilitación con entrada por Hércules. “Esas serán las dependencias de estancia diurna. Allí van a comer, harán su rehabilitación, sus talleres y no compartirán instalaciones con los residentes ni las zonas comunes”. Además, el protocolo impone que se les haga a los retornados un test rápido el primer día, “y, si todo va bien, empezará con normalidad el servicio”. El contacto entre los residentes y los usuario de día siempre ha sido habitual. Deambulan juntos por los patios, “tienen, además, mucho feeling, hacen amistad, y entendemos que ahora es un jarro de agua fría porque no podrán ni verse”. Otero espera que pronto llegue también a sus instalaciones esa nueva normalidad.

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