Nadie llora por Santa Cruz

Doña Cuaresma

Anoche soñé con que esta ciudad no estaba pendiente del tal Benavides, de Juanito Laluz (hombre pío y devoto) y de la barra 4. Mis ensoñaciones mostraban un pesar profundo de la ciudadanía tras conocerse que van a cerrar la iglesia de Santa Cruz y que las cinco cofradías de allí tendrán que buscarse acomodo en otros templos. Soñé que cientos de colectivos -incluidas las agrupaciones de Carnaval, donde hay, horror, muchos capillitas- firmaban comunicados pidiendo explicaciones y ofreciéndose a ayudar a estas hermandades. Pero desperté y comprobé que, pese a la tragedia cuaresmal, a casi nadie le preocupa este tema. Brunito sigue a lo suyo, visitando obras como si tuviera 80 años y con un casco con menos uso que el techo del Cine Caleta. Y serán los cofrades, los auténticos motores de esta ciudad, los que sacarán adelante este problema. Y me apena que en esta ciudad nada luzca y las pocas obras que se ejecutan o no brillan o se hacen mal. ¿Quién arregló las cubiertas de mi Catedral Vieja en 2023 que las dejó tan mal y a merced de las lluvias? Pues no me extrañaría que fuesen unos albañiles carnavaleros que en lugar de estar pendientes de su trabajo estuvieran repasando un pasodoble o un cuplé mientras enfoscaban con desgana. Que ya se sabe que estos maleantes se aprenden rápido los repertorios, pero pueden tardar dos meses en colocar seis ladrillos.

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