La Autoridad Portuaria pone orden entre los taxistas del muelle
El puerto impone una normativa para evitar "discusiones y comportamientos inaceptables" entre los conductores
Corren nuevos tiempos en el muelle de Cádiz y ha llegado la hora de una reorganización interna acorde con la propia reordenación de tráficos que se está viviendo.
No hace ni un mes que la nueva terminal de cruceristas está abierta a los usuarios y navieras de primer orden, como MSC Cruceros, han mostrado ya su satisfacción por este nuevo servicio que se presta en Cádiz. Pero son aún muchos los cabos sueltos que deben quedar amarrados lo antes posible para que no lleguen a significar esa porción de cal que descompense la arena.
Una de estas aristas a limar es el colectivo de taxistas que apuestan por prestar sus servicios a la puerta de la terminal de cruceristas.
Hasta su puesta en funcionamiento, estos profesionales del volante se ubicaban junto a la estación marítima de toda la vida y allí "se vendían" al crucerista ofreciéndoles sus servicios de una manera bastante poco ordenada.
Y la cosa sigue igual con el nuevo edificio, según reconocen profesionales del sector y desde la propia Autoridad Portuaria. Se ha llegado al extremo de que algún que otro taxista ha dormido en las zonas habilitadas para sus vehículos para optar no al primer taxista que cruce la escalerilla del barco sino al más suculento, es decir, al que busca un lazarillo que le lleve a Sevilla o, como muy cerca, a Jerez, al olor de sus bodegas.
Este tipo de actuaciones ha provocado cierto malestar en el seno del sector, ante el hecho de que comportamientos muy particulares enturbian no sólo la libre concurrencia sino la propia imagen del colectivo y del propio puerto de Cádiz.
Ante tal situación, y ya que el propio sector se muestra incapaz de autorregularse, la Autoridad Portuaria (APBC) se ha convertido en una administración más que impone su ley y sus normas entre todos aquellos taxistas que quieran aprovechar las sinergias de este tráfico de cruceristas que va en ascenso.
La APBC distribuía entre los taxistas el pasado mes de octubre una serie de normas de obligado cumplimiento. Si éstas se incumplen, la condena será la imposibilidad de prestar servicio en el interior del recinto portuario, lugar en el que la Ley la impone ahora el ente que preside José Luis Blanco.
De ahí, el beneficiado, el crucerista, que no se verá obligado a vivir nada más bajar del barco, cuando su garganta aún le sabe a Biodramina, escenas que la Autoridad Portuaria tilda en un documento firmado por su director, Albino Pardo, como "disfunciones, interferencias, discusiones y comportamientos inaceptables en el servicio de auto taxis".
Estas normas se imponen "con el fin de garantizar su convivencia con el resto de la operativa portuaria".
Taxistas consultados por este periódico confirman que, "en ocasiones, allí se viven escenas más propias de países tercermundistas que avergüenzan al más pintado". "Lo peor es que una vez más tengan que venir de fuera a imponernos orden en nuestros negocios", prosigue el taxista, que recuerda que a su colectivo "nos llueven" las normas, "unas más ridículas que otras", destacando las del propio Ayuntamiento como las más "estrictas y contra toda libertad y posibilidad de autorregulación del sector". "Nos dicen cómo deben ser las pegatinas que portamos, cómo debemos ir vestidos y afeitados, con o sin coleta, con música o sin música... algo ya desproporcionado, para, al final, amenazarnos siempre con quitarnos la licencia".
A la vista de la experiencia vivida con el servicio de taxis en el nuevo hall para los cruceristas, la Autoridad Portuaria ha querido poner pronto pie en pared antes de la entrada en funcionamiento de la nueva terminal satélite del Muelle Ciudad.
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