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"Se es poeta porque cuanto quieres expresar es imposible hacerlo en otro género"

José Ramón Ripoll. Poeta

El Baluarte de la Candelaria abre hoy sus puertas a la poesía gaditana con un homenaje conjunto al autor y a Jesús Fernández Palacios.

"Se es poeta porque cuanto quieres expresar es imposible hacerlo en otro género"
José Antonio López Cádiz

14 de mayo 2016 - 05:00

El Baluarte de la Candelaria abre hoy sus puertas a la poesía gaditana, a la trayectoria, muchas veces conjunta, de dos poetas gaditanos que recibirán el homenaje de sus lectores y de sus amigos. Jesús Fernández Palacios (Cádiz, 1947) y José Ramón Ripoll (Cádiz, 1952) pondrán en común sus caminos en la Sala A del Baluarte, a partir de las siete y media de la tarde, acompañados por Felipe Benítez Reyes, Carlos Manuel López Ramos y Juan José Téllez. En estas páginas responden por separado a un cuestionario cruzado con el que reflexionan sobre la poesía, sobre sus inquietudes y sobre sus propios versos. Y también lo hacen sobre los versos del amigo inseparable con el que hoy comparten homenaje.

-¿Qué supone el homenaje organizado por la Feria del Libro?

-En principio, que ya somos muy mayores, y eso da que pensar; pero, a su vez, una alegría que un grupo de amigos quieran recordar nuestras pequeñas hazañas en las que ellos participaron también, empeñados en la transformación de esta ciudad y este país por métodos humanísticos y a través de las palabras y el arte.

-¿Recuerda cuál fue su primera poesía? Ahora, ¿le causa rubor, emoción, tristeza...?

-¡Uf! Debo hacer verdaderos esfuerzos para acordarme. La verdad es que no eran poesías, sino simples emociones descritas en versos. Lo malo que a eso mismo se le denomina hoy como poesía, con mayúscula e instituida. Mis primeros escritos fueron, como los de la adolescencia, de amor o desamor, con alguna tópica descripción del paisaje gaditano. Pero recuerdo un primer poema sobre la imperceptible línea que separa la vida de la muerte, provocado por el fallecimiento de una vecina. En ese filamento sigo indagando grosso modo desde hace tiempo. De aquello no conservo nada, pues ni quiero ruborizarme, ni emocionarme ni entristecerme.

-¿Qué queda de Marejada?

-Queda un poso de lecturas en los miembros que lo integrábamos, la práctica del diálogo colectivo, la conciencia de un compromiso civil entre la literatura, nuestro tiempo y la sociedad, el pupitre de nuestra formación poética, el conocimiento personal de grandes escritores, como Ory, Quiñones, Caballero Bonald, Félix Grande..., la publicación de una revista única, pues solo salió un número, y principalmente la amistad duradera entre parte de sus integrantes, aunque algunos ya nos han dejado, como Alfonso Sánchez, Serafín Martínez, Pilar Barba, Isabel Román o, recientemente, nuestro querido Fito Cózar. Por otra parte creo que Marejada aportó un valioso granito de arena en el páramo cultural del tardofranquismo gaditano.

-En 1976 publicaron juntos Nueva poesía, junto a Antonio Hernández: qué cambios, desde entonces, han observado en la poesía castellana.

-El primer cambio que observo es el mío. Los poemas seleccionados para ese libro pertenecen todavía a una poética marcada por excesivas influencias e impulsada por un discurso impaciente y, a veces, desmedido. Sin embargo, el comentario que escribí para acompañar a mis poemas suponían una defensa de la literatura como método de transformación social, una reivindicación de Gramsci y un elogio de César Vallejo como ejemplo de hacer valer ese compromiso por encima del chato realismo que imperaba entre los seudorrevolucionarios de entonces. Respecto al cambio general, pienso que ha habido retrocesos grupales y avances individuales. Por aquellos años, el lenguaje seguía abriendo sus posibilidades a otras formas y mundos inimaginables, pero enseguida se impuso el 'sentido común', como si los poetas lo tuvieran, y se volvió a tratar, al menos en España, la realidad por su superficie, a la manera de Warhol. Fue un posmodernismo mal entendido que ya han comenzado a corregir las generaciones jóvenes. Paralelamente ha habido otra poesía, mucho más solitaria, que ha seguido avanzando en la búsqueda de un nuevo nombrar, no por el deseo de ser original, sino por pura necesidad expresiva,

-¿Es más difícil ser poeta que prosista, más arriesgado?

-Ser poeta no es una decisión, al menos consciente. Se es poeta porque cuanto quieres expresar es imposible hacerlo en otro género. Decía Juan Ramón Jiménez que hay una gran literatura en verso y una gran poesía en prosa. No existe dicotomía entre prosa y poesía, sino entre poesía y narrativa. A mí me gusta escribir en prosa, y de hecho he escrito numerosos ensayos especializados en música y literatura y artículos periodísticos. Pero la poesía es más que un artificio verbal o ideológico. Es la esencia de la palabra que me sigue sosteniendo.

-Decía Cervantes que la poesía fue el don que no quiso concederle el cielo... ¿cae del cielo la condición de poeta?

-Cervantes se subestimaba como poeta, pero tiene poemas admirables. A veces la poesía cae del cielo, pero si no se tiene el recipiente preparado, su esencia se disuelve en la tierra sin que nos demos cuenta. El poeta es responsable de su obra, pero no al cien por cien. Hay un impromptu que surge en el poema cuando éste le da vuelta a las palabras, cincela su forma, corrige su dicción o trabaja su musicalidad. De pronto, algo le sorprende y ahí está. Por supuesto que la poesía es producto de la observación, y de las palabras determinadas para que lo observado se transforme en conocimiento.

-Hágame un elogio del amigo Fernández Palacios.

-A Jesús lo conocía de vista de toda la vida, pero fue a través de un reclamo que redactó desde una página cultural que él coordinaba con Fernando Samaniego en Diario de Cádiz, con el objeto de formar un grupo literario, cuando nos presentamos formalmente. Corría el año 1970. Jesús ha sido mi amigo cotidiano -como uno de sus libros, De un modo cotidiano- tanto en Cádiz como en Sevilla o Madrid, que para eso están los teléfonos. Él es cinco años mayor que yo y esa diferencia se nota cuando eres joven. De alguna forma me impuso disciplina -él es muy ordenado- y llevó las riendas de aquel primer carro tirado por varios caballos desbocados, lo que no es óbice para que, a la primera de cambio, se bajara de la cuadriga y se uniera a la anarquía equina general. Hemos viajado mucho, presentando proyectos por el mundo, y nos hemos reído como nadie se puede imaginar. Es una persona sensible e inteligente que ha sabido convertir sus sufrimientos vitales en experiencia amable y comprensión del otro.

-¿Cuáles son las claves poéticas de Fernández Palacios?

-Siempre he dicho que me interesa más el Fernández Palacios rompiente, el que lucha con el lenguaje y la sintaxis para mostrarnos una realidad sinuosa y no plana, el que vislumbra aquello que la retuerce. Este ejercicio no está exento de ciertas dosis lúdicas, que incitan al juego de palabras como guiño al lector para que le acompañe a esa tarea de descubrir un 'más acá' tapado por la hojarasca del lenguaje común. Digo 'más acá', porque su poesía no es metafísica, sino poliédricamente real, que no realista. El poeta más formulado, más elegíaco o celebratorio es quizás otras faceta que, indiscutiblemente, no se puede desprender de todo aquello, porque de alguna manera está presente en todo cuanto escribe.

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