"El poema puede venir mientras se pasea, y luego basta con volcarlo en el papel"
Jesús Fernández Palacios. Poeta
-¿Qué supone el homenaje organizado por la Feria del Libro?
-Siento pudor y a la vez satisfacción al comprobar que algunos amigos, buenos lectores y escritores que nos conocen desde hace años, han tenido la generosa iniciativa de celebrar nuestras trayectorias vitales, en buena medida (aunque no sólo) vinculadas a la cultura de esta ciudad en la que llevamos más de 40 años realizando diversos proyectos literarios de los que se beneficiaron jóvenes poetas y narradores que pudieron publicar sus primeros versos y prosas en la revistas y ediciones que hacíamos. De eso y de otras iniciativas, que ahora no puedo pormenorizar, se beneficiaron también muchos lectores sensibles, amantes de la literatura, que pudieron conocer y escuchar a los grandes escritores que acogimos en la ciudad. Varios de esos proyectos trascendieron nuestras fronteras provinciales y tuvieron un notable alcance nacional e internacional, como fue el caso excepcional de RevistAtlántica de Poesía que viajó con nosotros por España y diversos países. Todo eso, debo aclarar y agradecer, no hubiera sido posible sin el generoso apoyo de determinados gestores políticos e instituciones progresistas y sensibles a la cultura como fuente de libertad y educación.
-¿Recuerda cuál fue su primera poesía? Ahora, ¿le causa rubor, emoción, tristeza...?
-Mis primeros poemas los disfruté como lector en el bachillerato. Me gustaba mucho la literatura y sacaba buenas notas leyendo poemas magistrales que a mí me hubiera gustado escribir. Más adelante, cuando me fui a estudiar a la Universidad de Sevilla (curso 1967-68), en la pensión donde viví empecé a escribir un diario personal en el que, de vez en cuando, intercalaba poemas propios, mis primeros poemas de temática amorosa y existencial, que algún tiempo después terminé destruyendo porque no me gustaban. Eran poemas de aprendiz, que a estas alturas ni recuerdo. Lo que sí recuerdo es mi primer poema publicado que se titulaba Frustración y apareció en la revista Aquelarre de Madrid en diciembre de 1970.
-¿Qué queda de Marejada?
-Queda un recuerdo imborrable porque supuso, en aquel Cádiz empobrecido, un revulsivo cultural, un acicate formativo y un desahogo de libertad para los que formamos el grupo. De todo eso se da cuenta en una voluminosa edición de Quorum (mayo 1996) sobre la historia del Grupo Literario Marejada que escribieron al alimón el profesor Juan José Lanz y el periodista Juan José Téllez. Pero lo peor de todo, lo que también nos queda, es el dolor que nos ha ido causando la temprana muerte de algunos miembros del grupo, el último precisamente Fito Cózar.
-En 1976 publicaron juntos Nueva poesía, junto a Antonio Hernández: qué cambios, desde entonces, han observado en la poesía castellana.
-La respuesta a esta pregunta daría para un ensayo. Pero así en breve lo que se me ocurre contestar es que, efectivamente, en la poesía castellana ha habido cambios porque conforme se han ido incorporando nuevos poetas también se han incorporado nuevas sensibilidades, nuevos gustos estéticos, otras dialécticas poéticas que han querido imponer su criterio frente a lo anterior. Digamos por aproximación que nosotros éramos novísimos de la periferia, luego se impusieron los llamados 'poetas tranquilos' y ahora se practica de nuevo el simbolismo. Todo evoluciona y así pasa con la poesía, pero el tiempo lo va depurando.
-¿Es más difícil ser poeta que prosista, más arriesgado?
-Creo que la prosa, sobre todo la novela, exige una dedicación y una disciplina de escritura mayores que la poesía. El poema puede venir mientras se pasea, a mí me ha pasado muchas veces, y luego basta con volcarlo en el papel con las correcciones pertinentes. El caso del narrador es distinto porque exige una documentación previa, un desarrollo tenaz de la narración y una exigente corrección posterior que a veces llega a la propia destrucción de ese primer original que lo ha tenido sentado durante meses. Hay novelas que tienen varios borradores previos. Mucho trabajo con el riesgo de que no interese a las editoriales. Y en lo económico, mucho esfuerzo para que luego no obtengan el premio que se busca. El caso del poeta es distinto sin que haga falta abundar en ello.
-Decía Cervantes que la poesía fue el don que no quiso concederle el cielo... ¿cae del cielo la condición de poeta?
-Cervantes dijo eso pero tal vez se equivocó, como sentencia el maestro José Manuel Caballero Bonald, que estudió y compiló su obra poética y que además sostiene que toda la narrativa cervantina está llena de buena poesía. Aparte de eso, mi opinión es que si el poeta es un ser inspirado que conoce bien la tradición y además se esfuerza y trabaja, mejor que mejor. Me parece que fue Picasso el que dijo que si viene la inspiración que al menos nos coja trabajando. Un buen trabajo sería leer todo lo que hay que leer, mucho y bueno, en la nuestra y en otras lenguas procurándonos las mejores traducciones.
-Hágame un elogio de su amigo Ripoll.
-Si hablo del amigo, diré que es mi compadre desde la época de Marejada y ya se puede imaginar la de cosas que comparten los compadres: en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en lo público y en lo privado, por aire, mar y tierra. Nuestras experiencias compartidas, no sólo en esta ciudad que nos vio nacer sino también por medio mundo son incontables y algunas muy jugosas e incluso divertidas. Por eso me resulta difícil dedicarle un solo elogio… ¿de qué serviría? ¿Usted cree que lo hubiera aguantado tanto tiempo si él no fuera hombre cabal?
-¿Cuáles son, a su juicio, las claves poéticas de Ripoll?
-De entrada quiero resaltar su vocación y su talento, dos cualidades que no se improvisan y que nos permiten disfrutar de su sobresaliente obra poética, que ojalá crezca y perdure con el paso del tiempo. Su poesía, bien concebida y estructurada, es trascendente y simbólica, heredera de la mejor tradición. Asimismo es ambiciosa en el mejor sentido de que siempre quiere saber más y llegar más lejos. Además está llena de música en consonancia con esa otra envidiable vocación y profesión que ejerce, la de músico que, desde sus estudios en el conservatorio, no ha hecho sino crecer sobre todo en el ámbito de la musicología. Poeta y músico, así sabe lo que sabe.
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