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Orden de actuación de la tercera sesión de preliminares

La sangre examinada demuestra que los hermanos no tuvieron contacto

El informe pericial desmonta la versión del padre de que los hermanos de Ubrique se mataron entre sí

Momento en el que son trasladados los cuerpos una vez ordenado el levantamiento por el juez.
Pedro Ingelmo Jerez

20 de octubre 2016 - 05:01

Habló la sangre en la cuarta sesión del juicio que se sigue en la sección jerezana de la Audiencia por el doble crimen de los hermanos Márquez en Ubrique. Y había suficiente sangre para hablar. "Era un escenario muy muy... ensangrentado", dijo el perito de la policía científica sin poder encontrar una palabra más exacta para lo que halló en esa mañana del 6 de octubre de 2014 en el domicilio de Juan Márquez, acusado del doble asesinato y que ayer siguió la sesión imperturbable mientras el jurado contemplaba con espanto el informe en el que se encuentran las fotografías de los cuerpos de los chicos cosidos a cuchilladas.

Las conclusiones de este informe parecen desmontar por completo la versión del acusado, que sostiene que sus hijos se mataron entre ellos. Según la exposición de los peritos, las muestras de sangre dibujan la siguiente película de los hechos: el padre se levanta en su habitación, se quita el pijama y lo deja en el cuarto de baño, se viste, se calza y se dirige a la habitación de Laura, donde empieza el ataque. Su hermano se levanta en calzoncillos y, descalzo, acude a socorrer a su hermana, por lo que el ataque se vuelve contra él, cayendo en el pasillo. Mientras, Laura, muy mal herida, trata de huir e incluso pide auxilio llamando al vecino de la puerta de al lado antes de desplomarse. Su padre sale, posiblemente pisando el rostro de su hijo, cierra la puerta por fuera y huye. En la huida lanza el cuchillo a un jardincillo cercano.

Todo se puede deducir de los perfiles biológicos extraídos de las muestras de sangre analizadas. En el cuarto de Laura sólo hay sangre de ella y en el pasillo sólo hay sangre de Juan Pablo. En el descansillo la sangre vuelve a ser de Laura y en la escalera se mezcla la del padre, que se debió herir él mismo, presuntamente, en la violencia de su ataque, y la de su hija, ya que la sangre chorreaba escalones abajo. Todo sucedió en estas tres estancias: el dormitorio de Laura, el pasillo y el descansillo. En el resto de la casa todo se encontraba en orden, como si no hubiera sucedido nada. Según el perito, los hechos pudieron suceder en un transcurso de tiempo de entre cinco y diez minutos.

Los restos de sangre de la ropa del acusado pertenecen a Juan Pablo en la camisa y a Laura en los pantalones. En ningún momento se mezclan las sangres de Juan Pablo y Laura, es decir, no estuvieron en contacto, por lo que no debieron luchar entre ellos. Además, en los restos de las uñas del acusado aparece el ADN de sus dos hijos, por lo que fue él el que estuvo en contacto con ellos.

Las numerosas heridas de defensa delatan hasta qué punto los chicos lucharon por su vida, más en el caso de Laura, ya que Juan Pablo recibió muy pronto una brutal cuchillada en el cuelllo que le produjo una herida, posiblemente mortal, de más de tres centímetros. Esta herida hace inverosímil la versión del padre de que el chico llegó hasta la puerta y echó el pestillo por dentro.

En cuanto al cuchillo no se hallaron huellas dactilares de ninguno de los tres en el mango, lo que puede deberse a que el autor utilizara unos guantes de látex. En la hoja la sangre que aparece es la de los dos hermanos, lo que también parece descartar la existencia de otro cuchillo. El mismo cuchillo sería el que habría acabado con la vida de los hermanos.

Previamente declararon dos agentes que estuvieron en el escenario del crimen. Un agente de la guardia civil describió el estado de los cuerpos: Juan Pablo estaba en el pasillo con los brazos abiertos y Laura ocupaba todo el descansillo y estaba "absolutamente irreconocible".

Otro agente de la policía judicial fue preguntado por si era necesaria tanta brutalidad para acabar con la vida de los dos jóvenes y él contestó sin ningún género de dudas que "se produjeron más heridas de las necesarias para matarlos. Eso no fue una puñalada y me voy. Requirió tiempo".

Nada de esto hizo que, ni una sola vez, se cambiara el gesto del acusado, que asistía al relato de la muerte de sus hijos como si estuviera ausente de la sala. Los miembros del jurado, sin embargo, tuvieron que pedir un descanso a la magistrada sobrecogidos por las imágenes de la carnicería humana que acababan de ver.

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