Aquel Juanito de la cantera que soñaba con lo que nunca llegó
El técnico del San Roque cerró hace dos décadas su etapa como cadista antes de triunfar lejos de casa
Juan Gutiérrez Moreno Juanito se sentará el próximo domingo como entrenador en uno de los banquillos del Carranza. Lo hará como técnico del San Roque de Lepe y para enfrentarse al equipo en el que vivió una larga etapa formativa y del que salió como quizás no le hubiera gustado. El sello amarillo sigue presente en un gaditano que hace dos décadas, cuando echó el telón en la Tacita, soñaba con todo lo que luego llegó.
En 1995, Juan era una de esa promesas de la cantera que estaba a caballo entre dos generaciones muy interesantes. Robles -en la actualidad es integrante del cuerpo técnico del conjunto lepero-, Canito -hoy director deportivo del San Fernando-, Joaqui, Yiyi, Moncho, Piñero, Sambruno, Óscar Hortas, Pichi, Antonio, Figueroa, Viqui, Mati, Juanma Cruz, Mendoza, Gerardo, Dorna, Dani, Mateo, Oliver, Enciso, Jesús, Ángel, Puig, Noel, Fabra, Camacho o Tenorio, entre otras perlas. Juan, formando una más que eficiente dupla en el centro de la zaga junto a Puig, daba que hablar desde el silencio, desde su papel de canterano que ve la última puerta. Era ya un senior con hechuras, frialdad y talante de profesional, secando a delanteros que en algún caso casi le doblaban la edad en Tercera. No era cualquier cosa, con apenas 19 años, parar a los arietes toscos y duros de Los Palacios, Lucentino o CD San Fernando, entonces auténticos leones en el grupo X.
Juan empezaba a acercarse al Juanito que adquirió definitivamente ese nombre como profesional balompédico. El joven central prometía, y mucho, y equipos importantes empezaban a ver en él a una pieza digna para ser 'cazada'. Juanito tuvo la desgracia de vivir su crecimiento futbolístico con el inicio de la debacle actual del Cádiz como equipo tristemente anclado en Segunda B. Sólo jugó diez minutos en el primer equipo. Por una causa u otra, lo de ser profeta en su tierra quedó para siempre aparcado. Destacaba en aquellos filiales entrenados por Cama, Linares, Rueda, Boro o Lapi. Esa defensa central Juanito-Puig tenía un algo que encandilaba. Al final Juanito dio el salto al Betis y Puig, al Atlético. Era cuestión de tiempo.
Juanito dejaba ya atrás lo de Juan, aquel joven que lucía la camiseta amarilla con el sponsor de Supersol y que soñaba con el Cádiz grande. Un deseo que acabó casi en pesadilla hasta que empezó a soñar en verde, el del Betis, el del equipo que de verdad le hizo profesional y le dio lo que ahora es.
El domingo, Juan, Juanito, verá un campo que nada tiene que ver con el que él y otros canteranos pisaban orgullosos cuando el Cádiz B jugaba en la capital, pero que retiene la esencia y el recuerdo. El recuerdo de sus partidos con el filial, con su familia alentándole en la grada, especialmente su padre. Los abrazos tras los goles y las victorias de un Cádiz B que era un orgullo en Tercera y estaba formado por jugadores y técnicos que sentían el cadismo desde el corazón.
Juan, Juanito, es parte de esa historia, un canterano que mereció otra suerte de amarillo y que luego, lejos de casa, cumplió muchos sueños por sus éxitos en el Betis, el Atlético y en la selección.
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