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La ruta Quetzal, con "la Pepa"

Los expedicionarios han visitado el Cádiz más Constitucional en su camino a Portugal

Marco Arcama

18 de julio 2010 - 07:00

Tres mil años de historia y ser la cuna de la primera constitución liberal de Europa son suficientes motivos como para convertir la ciudad de Cádiz en una parada de la ruta Quetzal. Su creación, a petición del Rey se hizo en 1979 para conmemorar en 1992 el quinto centenario del descubrimiento de América. Desde entonces se ha convertido en una ruta cultural destinada a la juventud iberoamericana.

Ayer, esa ruta hizo un alto en el camino; los más de 270 jóvenes acampados en el foso de las puertas de tierra han visitado el Cádiz más constitucional. Su influencia supuso grandes cambios para España y América, y no había mejor sitio que la plaza de España de esta ciudad para un reconocimiento.

De esta forma, los muchachos se concentraban a las 12:30 de la mañana de ayer frente al monumento de la Constitución. Allí Teófila Martínez, acompañada por Miguel de la Quadra Salcedo, director de la expedición, inauguraban el acto.

Emocionados, todos sentados en el suelo, y perfectamente colocados junto a sus monitores, escuchaban parte de la historia de la ciudad. Sus mentes, cansadas pero abiertas a la historia, eran capaces de entender dónde se encontraban.

La ruta ha representado experiencias diferentes para cada uno de los participantes. Un ejemplo son Sara y Ana Rebeca, dos chicas de San Sebastián y México. Antes de la ruta no imaginaban lo que ellas mismas serían capaces de lograr. "La ruta no ha sido siempre cómoda, pero superar las etapas me daba un buen sabor de boca" recordaba Ana Rebeca. Para ella sentirse bien consigo misma era fundamental. Para Sara sin embargo, la ruta le ha supuesto un aprendizaje continuo. "Me esperaba muchas más diferencias entre todos los participantes, pero somos más iguales de lo que pensaba".

Estas dos chicas han tenido que caminar mucho, han visitado numerosas ciudades de México, entre las que destaca Kolem Jaá por lo que significó para ambas. "Fue un tramo duro, lluvioso, en el que el barro se metía entre nuestros zapatos". Estas dificultades impregnaron algo más que barro en estas dos expedicionarias, "ver como personas de tan diferentes culturas, tan lejanas unas de otras, luchaban de la misma forma por superar la etapa, encendía algo dentro de nosotras, nos daba fuerzas". Cuenta Sara que ni ella misma esperaba acabarla. Pero de toda la experiencia que acumulan hasta el momento, no tenían la menor duda en señalar la convivencia como la más importante. Ambas coinciden en que vivir dificultades con personas de nacionalidades tan plurales ha cambiado sus formas de verlos. "Los inmigrantes me parecen más cercanos, después de esta vivencia". La multiculturalidad de la expedición se podría decir que ha disminuido la incertidumbre que los separaba. "Ahora somos más iguales. Realmente hacemos lo mismo, sufrimos y disfrutamos de la misma forma. Saber eso nos ayuda a superarnos".

Cádiz ha sido sólo un descanso, una reflexión sobre la cultura, pero el sendero continúa, ahora: rumbo a Portugal, el final de la ruta.

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