"Me he desligado de todo; si me iba era con todas las consecuencias"
Ciudadanos de Cádiz
Juan Antonio Guerrero. Concejal durante los 20 años de gobierno del PP en el Ayuntamiento gaditano, lleva retirado de la política activa desde las pasadas elecciones municipales de mayo
C on el escudo lasaliano en la solapa de su chaqueta, Juan Antonio Guerrero disfruta de su jubilación tras haber formado parte del equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Cádiz durante las cinco legislaturas en las que Teófila Martínez fue alcaldesa. Tras una vida política intensa, se ha retirado de la primera línea y ha regresado a su origen: la Peña La Salle-Viña.
-¿Cómo le ha cambiado la vida tras 20 años como concejal?
-Me preparé mentalmente para eso porque había visto a otros compañeros anteriores que habían estado en la misma situación. La vida ha cambiado a una mayor tranquilidad. La ocupación que tuve del día a día del Ayuntamiento como concejal se ve en las delegaciones en las que he estado. También hemos tenido a una alcaldesa que predicaba con el ejemplo trabajando más que nadie. El hecho de que me haya mantenido durante las cinco legislaturas demuestra que confiaba en mí. Para mí es un orgullo como gaditano haber podido estar 20 años trabajando en el Ayuntamiento por mi ciudad y por mis paisanos. Y bajo las órdenes de Teófila, que es, como se le llamaba en algunos casos, un "monstruo político", dicho cariñosamente. Ahora, yo me he desligado de todo. Entendía que si me iba era con todas las consecuencias. Yo mantengo buenas relaciones con todo el mundo y si alguien me necesita en un momento determinado, pues aquí estoy.
- ¿Le ha robado la política muchas horas?
-Hasta que me prejubilé en 2004 de mi trabajo de ATS en Dragados, compatibilicé mi labor profesional con la del Ayuntamiento. Era tal la absorción que tuve los dos o tres primeros años que le iba quitando tiempo a mi trabajo. La empresa no me puso pegas y colaboró al 100 por 100 conmigo y yo le estoy muy agradecido.
-¿Qué ha recuperado en estos meses que había dejado apartado en su vida?
-He recuperado a la familia. Tengo una nieta con tres años y medio y la tenía un poquito abandonada. Mi hija y su pareja trabajan con horarios divididos y necesitaban mi colaboración, pero yo no podía atender a mi nieta por mis responsabilidades municipales. A partir de ahora estoy haciéndolo con más frecuencia, lo cual es una tranquilidad para mi hija, ya que los abuelos paternos eran los únicos que atendían a la nieta. Ahora nos repartimos la carga.
Por otro lado, el tema de la Peña de La Salle-Viña también ha surgido, ya que había que darle un cambio. Últimamente, el coro se ha venido abajo, desgraciadamente. Nos pusimos de acuerdo los más veteranos del lugar, los que formamos parte de la junta directiva fundadora y somos los que hemos recogido la responsabilidad de la peña y los que estamos luchando contra todas las adversidades para poder sacarla adelante. Yo espero que se consiga. Además, también pertenezco a la coral de la peña.
-A pesar de ser concejal durante 20 años, su llegada a la política fue de rebote.
-Pues sí. Yo tengo un amigo en el partido, que también es de La Salle, que me llamó un día a finales del 94 o principios del 95 para que fuera a una reunión para preparar el programa de fiestas y de Carnaval por mi vinculación con ellas. Nos reunimos unas 10 personas.
Cuando ya se vino acercando la fecha de la confección de las listas, me dijo que Teófila Martínez quería conocerme. Yo no era del partido ni estaba afiliado. Entonces, Teófila, como si me conociera de toda la vida, me dijo que le habían hablado bien de mí y me echó unas pocas de flores. Y me dijo que quería que yo fuera el concejal de Fiestas. Yo le contesté que no era del partido y que no tenía conocimientos de política, a lo que me dijo que "yo tengo muy buenas referencias tuyas. No se lo digas a nadie porque es la única delegación que yo ahora mismo tengo claro que tiene un candidato a ser concejal. Lo demás tengo que estudiarlo". En la lista había tres independientes: Francisco Carnota, Enrique García-Agulló y yo. Yo, por coherencia, me afilié a los dos años.
-¿La Concejalía de Fiestas fue la que más problemas le dio?
-El hecho de darme Fiestas y Carnaval fue porque Teófila se informó de que yo participo en todas las fiestas. No es un tema que se diga por querer quedar bien con los técnicos, pero yo no me puedo quejar de los técnicos municipales que me han tocado en ninguna delegación. Yo nada más que tengo palabras de agradecimiento y valorarles el trabajo porque me han ayudado mucho. Es verdad que yo tenía relación con el Ayuntamiento anteriormente por el tema del Carnaval. Por haber sido el director del coro, ya había tenido mucho trato con la Delegación de Fiestas, pero hasta ahí. En ese aspecto, tenía un terreno ganado.
-¿El peor momento fue el intento de rebelión en el Concurso del 2000? ¿Era José Antonio Valdivia un negociador duro?
-Había varias personas que defendían lo suyo. Yo siempre he dicho que cada uno defiende lo suyo y sus necesidades y que ellos son arte y parte de la fiesta. Yo tuve reuniones con Valdivia, que quizás sea la persona más dura, y lo digo con cariño y sin acritud ya que nos hicimos hasta amigos en un momento determinado. Él defendía su postura y yo la mía. Es verdad que no solo fue Valdivia, había varias personas que estaban ahí como Martínez Ares y Vera Luque. Varios autores de los más destacados hicieron piña. Yo me senté con todos y atendí a todo el mundo en esta delegación y en todas.
-¿Le pesó en su relación con el mundo del Carnaval su vinculación con La Salle-Viña?
-Ahora, a toro pasado, me queda la duda de si pudo influenciar en el coro de la Viña los años que yo fui concejal. No lo sé. Algunas personas me decían que el coro de la Viña estaba donde estaba por ser yo el concejal y muchas veces, a lo mejor, el jurado por no pasarse le quitó. Yo creo que había parte de razón en estos comentarios. Sacaron coros muy buenos que podrían haber estado más alto. Quizás, pero yo no tengo la certeza para poderlo decir.
-¿El paso por el Área de Seguridad Ciudadana, con la celebración del Bicentenario, fue su mejor experiencia?
-Todas las delegaciones tienen mucho trabajo, hasta la más simple. Yo pasé por la creación de la Delegación del Mayor, que se hizo gracias a los técnicos y a que la alcaldesa tenía las ideas muy claras. Asuntos Sociales también es una delegación muy delicada porque ahí nada más que te encuentras problemas. En Asuntos Sociales un concejal no debe estar más de una legislatura.
El tema de Seguridad Ciudadana, que son varias delegaciones, es muy duro porque es muy extensa y muy intensa. Sin embargo, a mí no fue la que más trabajo me dio ni es la que más me preocupó porque el equipo de jefes de la Policía Local es muy profesional.
Es una delegación muy compleja, muy variada. La ventaja con Juan Manuel Padilla -actual superintendente de la Policía Local- es que es una persona que ha pasado por todos los estamentos. Además, la Policía Local de Cádiz es muy ejemplar y es la referencia para muchas policías locales andaluzas. Si volviera a ser concejal, que no voy a regresar, a mí no me importaría cogerla otra vez.
El 12 fue una de las cosas de las que yo tenía más ilusión por que me dejaran seguir tras sustituir a Evelio Ingunza. Vivir el 12 como responsable de Seguridad Ciudadana fue un reto y fue bonito.
-Pasa a ser concejal por su vinculación con el coro de la Viña, pero, sin embargo, no fue alumno de La Salle, sino de San Felipe Neri. ¿Cómo nace la vinculación?
-Yo fui alumno de San Felipe Neri desde infantil hasta cuarto y reválida de Bachiller. Vivía en la calle Belén, al lado del colegio de La Salle-Viña, mi padre era antiguo alumno, mi hermano había sido alumno, la familia de mi madre era toda del barrio y del colegio... San Felipe Neri me cogía muy lejos y allí no había actividad postescolar. Mi padre me llevó a La Salle-Viña. El hermano Lorenzo era el encargado del aspirantazgo de la Congregación Mariana, lo que era El Porvenir. Por mediación de unos y otros, me vinculé a él y llegué a ser hasta presidente. Después pasé a la Congregación Mariana y colaboré en la secretaría de la Asociación de Antiguos Alumnos como auxiliar.
Tengo mi corazón repartido entre los marianistas y los hermanos de La Salle. Incluso, los compañeros de San Felipe Neri y algún que otro profesor se ha molestado conmigo y me lo ha hecho ver porque siempre llevo el escudo de La Salle en la solapa.
-Esa vinculación le convierte en uno de los socios fundadores de la Peña La Salle-Viña.
-Tenía vinculación con Manolo Torres, mi hermano Rafael, José Luis Fatou, Antonio Sánchez de la Flor, Pepe Burgal y ya después fueron viniendo algunos nuevos que también habían sido alumnos como Antonio 'el Fórmula'. Ya se hace el coro 'Los liberales de 1800' con Enrique Láinez, que fue el autor de la letra, y los que fueron viniendo. Nos rodeamos de varios coristas veteranos como Pepe Carrera, Antonio Migueles, que era el tío de Fernando Migueles, o varios del coro del Quini porque nosotros no teníamos ni idea de cómo sacar un coro. Empezamos con buen pie con el segundo premio y el Premio Lobo por el tango del Paraíso. Después del primer coro, Manolo Torres, que siempre fue el cerebro de la peña para todo, dijo que qué hacíamos. El primer Domingo de Piñata casi todos íbamos llorando porque ya se acababa el Carnaval. Entonces fue cuando se creó la peña.
-'Entre pitos y flautas' fue un coro que marcó por el pelotazo y por tener que actuar el 23-F. ¿Cómo se vivió desde dentro?
-Como director, yo recibí una llamada telefónica de un anónimo en el colegio cuando estábamos maquillándonos. Me dijo que "yo creo que tú no debes ir al teatro con lo que hay". Me dio a entender que no fuéramos al teatro por las circunstancias que se estaban dando. Ese año habíamos tenido un ensayo con varios coros en el instituto Columela y de aquel ensayo salimos todos eufóricos y vimos que era un pelotazo. Yo me callé la boca, no dije nada y fuimos al Concurso.
-¿Por qué le pusieron el apodo del 'Veneno'?
-Porque era muy duro en los ensayos. Más que duro era muy exigente. Salió del coro, pero no sé quién me lo puso. Algunos de los antiguos me siguen diciendo "adiós Veneno". Existen otras personas con ese calificativo y quizás por eso el mío ha pasado desapercibido.
-¿Se queda con algún coro?
-Cada coro tuvo su idea y su cosa, pero indudablemente el recuerdo de 'Entre pitos y flautas' no se olvida. El coro de 'Takatá' fue otro que yo viví muy intensamente porque ahí fue cuando hicimos que Antonio Burgos rezara como autor. Él decía que se hacía autor para tener el carnet y todavía lo tiene guardado como el que conserva un tesoro. Nos entendíamos Antonio, Leonardo Calle, Juan Antonio Lamas, Antonio Martín y yo a través de una empresa de correo privado. Él me mandaba el sobre con las letras y nosotros le mandábamos casetes.
-Era un concepto de Carnaval, al igual que pasó con las peñas, que se ha perdido.
-Los tiempos han cambiado y no ha habido una renovación generacional. La peña era un ente familiar en todos los sentidos. En el coro éramos amigos, no nos peleábamos nunca, aunque algún que otro conato siempre tenía que haber. Había una base que éramos los mismos siempre. Todos habíamos pasado por la junta directiva. Las mujeres también congeniaban entre ellas. El coro unió a mucha gente, dio muchas satisfacciones y evitó muchos problemas matrimoniales. Nos ayudábamos unos a otros cuando había problemas. Eso también se vivía dentro del espíritu lasaliano.
-¿Qué piensa hacer la junta directiva para reflotar la peña?
-Hemos sacado a flote la Semana Cultural. Hay pocos socios y uno de los objetivos es intensificar su captación. Nos hemos puesto unas metas porque hay que afrontar unos gastos.
El coro no ha salido porque no hay personal para ello. Contábamos con los autores, pero no con personal para cubrir el tema. Se esperó hasta el último minuto, pero no se pudo conseguir. Para hacer el ridículo siempre hay tiempo. Ha sido una decisión acertada, aunque nos duele porque es el coro decano de la ciudad. Ya se está trabajando para el coro del año que viene. Nos hemos puesto una fecha límite para poder levantar esto, conseguir que salga el coro y que la peña tenga vida.
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