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"Cuando cierras la llave y te quedas sola, es muy duro"

Las estadísticas recogen que la mayor parte de las personas que viven solas en Cádiz son mujeres Algunas de ellas cuentan sus circunstancias

Carmen Gelos, comiendo sola en su casa.
Pilar Hernández Mateo Cádiz

22 de diciembre 2013 - 01:00

Carmen Gelos Zaldívar, vecina del barrio de Santa María, es una de las personas que cumplen las estadísticas de la información de la página de al lado: es una mujer de 74 años que vive sola. Pero ella no se siente sola. Tiene dos hijos y cuatro nietos "que no me dejan. Además, tengo muy buenas personas al lado mío", comenta.

Carmen es una mujer muy vital y con mucho sentido del humor. Es presidenta de Cáritas de la parroquia de la Merced, vocal de Asuntos Sociales de la asociación de vecinos de su barrio y "hago todo lo que me sale, tengo pluriempleo. Ayudo a todo el que me lo pide, pero eso de toda la vida. Y también voy al flamenco, a la fiesta del mayor... Siempre estoy activa", afirma con una sonrisa en la cara.

Cuenta que cuando murió su marido -en marzo hará tres años-, le dijo a sus hijos que podían llamarla pero que la dejasen sola porque quería adaptarse. "Coincidió con Carnaval y estuve sola durante tres días. Me sirvió para adaptarme porque si no, no se puede soportar".

A pesar de su optimismo, reconoce que "cuando cierras la llave y te quedas sola, es muy duro. Pero si Dios ha querido llevárselo a él antes que a mí, es porque sería lo mejor. Lo acepto. La vida es así, unos se van antes y otros después".

Para Carmen, estas fiestas son "muy tristes". Pero no lo dice pensando en su situación, sino "porque muchos niños se quedan sin Reyes y es una pena. Hay que mirar primero por ellos, aunque te quedes tú sin un chaquetón o sin lo que sea". Comenta que en Nochebuena y Año Nuevo se acuesta a las nueve de la noche y al día siguiente recibe la visita de sus hijos y nietos. "En mi casa se hacen todas las fiestas, pero por la noche no me gusta el jaleo", señala.

Antonia María Moreno es otra mujer del barrio de Santa María que vive sola. Pero ella tiene 32 años y su soledad es, en cierto modo, elegida. Esta gaditana vivía con su abuela, que falleció hace unos dos años, y decidió seguir ocupando la misma casa porque prefería vivir sola que volver a casa de su madre. "Te da independencia, me gusta porque te gobiernas tú sola. Y como tengo a la familia al lado, no echo de menos a nadie. Si me agobio, me voy a casa de mi madre o de mi hermana".

Ella está actualmente sin trabajo y su madre le ayuda con los gastos. También, los Asuntos Sociales. Piensa que si no encuentra un empleo, tendrá que volverse con su madre porque le cuesta afrontar los gastos de la casa. "Pero es una pena que con 32 años tenga que volver a casa de mi madre por esta situación. Ya tengo edad de vivir sola", sentencia.

Su madre, Antonia Núñez, también vive sola. Se quedó viuda hace 33 años, cuando contaba sólo 26, con tres niños y otro más en camino. Ahora sus hijos son mayores y todos han abandonado el hogar familiar, pero por las circunstancias, ella sigue ayudándolos económicamente. "Siempre me he sentido acompañada por mis hijos. Estoy acostumbrada a tener mucha gente alrededor y cuando un fin de semana no vienen a casa y me quedo sola... es muy triste", relata. Añade: "Siempre he luchado por mis hijos y sigo luchando para ellos".

Estas mujeres nos presentan a otras dos vecinas del barrio que, estando su casa ocupada por otra persona más, "es como si estuvieran solas".

Una de ellas es Carolina Pina, de 53 años. Ella vive con su hermana, que trabaja por las noches. Así que duerme sola siempre y echa de menos alguna compañía. Cuenta que tiene una invalidez y, de vez en cuando, "le dan ataques de ansiedad o de bronquios y tiene que irse en la ambulancia ella sola. Ya está acostumbrada y no está triste", comenta Carmen. Carolina añade que los días de fiesta los pasa con su tía, porque su hermana trabaja.

Etelvina Baena Holgado tiene 85 años, pero nadie lo diría por su vitalidad. Es viuda y vive con un hijo de 65 que sufre de esquizofrenia. Cuenta que ha solicitado una residencia para los dos, ya que "antes de morirme tengo que dejarlo recogido porque ya no nos queda aquí nadie de familia". Pero eso sí, tiene que ser en Cádiz. "Lo más lejos El Puerto o Jerez, cerca de aquí, porque ¡como mi Cádiz, ni hablar!"

Afirma que en las Navidades nota más las ausencias. Sobre todo porque su marido se mató en un accidente el día de Nochebuena. Con los años, se volvió a casar y se quedó viuda de nuevo. "Es triste, pero lo más triste es lo de mi hijo", declara sin victimismo.

Estas son sólo algunas de las mujeres, algunas de las circunstancias que quedan recogidas en las estadísticas y que no son meros números. Son personas con rostro, nombre y apellido.

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