"Los buenos cuchillos son los de Albacete, no los que traen de China"
José Burgos Peinado, el afilador del Mercado Central, viudo y sin hijos, está dispuesto a arrendar su puesto y, si hace falta, "enseñar el oficio al comprador"
José Burgos Peinado, el afilador del Mercado Central, estrena estos días la tercera ubicación del negocio que heredara de su padre, Manuel Burgos, y del que ha vivido siempre su familia.
Desde su nuevo puesto, en uno de los módulos del exterior de la Plaza, mientras que retoca la copia de unas llaves a un cliente, asegura que se puede vivir del negocio, "que da para comer, no para hacerse rico", aunque a sus 76 años, de ellos 50 detrás del banco de afilador, confiesa que está dispuesto a traspasarlo y, si hiciera falta, hasta enseñar antes el oficio al que acepte la oferta.
"Ya hay tres candidatos, porque no pido tanto, lo que pasa es que los bancos no le prestan dinero a nadie, todos piden avales y así es imposible", se queja.
Recuerda que nació en la calle San Isidro, en el barrio del Mentidero, en una familia de siete hermanos, de los que viven cuatro, a los que mantenía su padre trabajando como afilador ambulantes por las calles con un carro que guardaba en la posada del Mercado, el actual Carrefour, junto a una lechería y un taller de forja, frente a la cual consiguió un puesto exterior.
José Burgos siempre ayudó a su padre en el negocio familiar, mientras que acudía al colegio de doña Carmen, en la calle Carmen, para luego cumplir el servicio militar durante dos años en Infantería de Marina. Durante el mismo falleció su padre y al licenciarse se hizo cargo del mismo.
Durante los últimos 50 años ha afilado incontables cuchillos, "aunque el trabajo ha habido que diversificarlo, porque los carniceros de la Plaza ya no trabajan tanto por culpa de las grandes superficies, que nos rodean".
Por eso dice que se ha perdido también la elaboración de chicharrones y de manteca, "unos productos que ahora creo que ni siquiera no pueden vender".
José Burgos se mantiene como un firme defensor de los cuchillos que se fabrican en Albacete, "esos son de acero de verdad, no de hierro como los que traen de China, que duran mucho menos, aunque la gente los compra porque son muy baratos". Añade que "no tienen presente que uno bueno de Albacete, si se cuida, pueda durar toda la vida, aunque yo creo que ya se están dando cuenta".
Reconoce que también el propio oficio ha cambiado con el paso de los años, porque se ha pasado del banco de afilar tradicional a otro más moderno, que incluso está dotado de un cajón para recoger el polvo que se produce al afilar.
A sus 76 años dice que puede ser el afilador más antiguo de Cádiz, junto con el que se mantiene en los grupos Molinero, aparte de Serafín, en la calle Compañía, que también sigue abierto al público, mientras que sigue a la espera de que le llegue una buena oferta para hacerse cargo del negocio, que afirma que "a mí me ha servido para mantenerme, aunque trabajando todos los días las ocho horas propias del comerio y sin coger nunca vacaciones".
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