El Congreso de la Lengua en Cádiz que tanto dio que hablar
Balance del año 2023 | Cultura
La ciudad se volcó en la organización del IX Congreso de la Lengua, que fue un éxito
El Congreso sirvió para hablar del futuro uso del español, con la inteligencia artificial al acecho
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Cádiz finalizó el año 2022 con una noticia cargada de incógnitas y responsabilidad: la situación social y política de Perú obligó a cancelar el IX Congreso de la Lengua que se iba a celebrar en Arequipa y a trasladar la cita a Cádiz. La capital gaditana, inmersa en su candidatura para el Congreso de 2025, se mostraba entonces como la sede idónea para preparar en solo tres meses un encuentro lingüístico de tan alto nivel. La apuesta del Gobierno de España, del Instituto Cervantes y de la Real Academia de la Lengua (RAE), con el indispensable apoyo municipal, salió bien, muy bien, y Cádiz celebró a finales de marzo de 2023 un Congreso de la Lengua de enorme calado exterior y con debates y contenidos muy interesantes.
Y la ciudad se volcó. Sobre todo porque la candidatura para el año 2025 se tomó en serio desde el principio, porque no hubo en ella fisuras y las administraciones públicas y las entidades sociales y ciudadanas empujaron en una misma dirección sabedores de que la candidatura gaditana tendría posibilidades pese a enfrentarse a gigantes como Salamanca y su insigne Universidad o San Millán de la Cogolla, la cuna de las primeras palabras en castellano.
Por eso, por el trabajo previo de la candidatura, Cádiz fue elegida como sede de urgencia ante la caída de Arequipa. La RAE y el Instituto Cervantes trasladaron a la capital gaditana buena parte del programa previsto para la cita peruana, el Ministerio de Asuntos Exteriores impulsó la organización del evento y el Ayuntamiento gaditano franqueó la utilización de los espacios municipales para desarrollar un Congreso que, por si todo ello fuera poco, recibió el espaldarazo de la Casa Real en su inauguración institucional, en algunas exposiciones y en el espectáculo de apertura en el Falla, a cuyas puertas dejó el Congreso una imagen para la historia: la de Felipe VI uniéndose a la fiesta cajonera.
Escritores, académicos, lingüistas, editores, periodistas, catedráticos… Un sinfín de nombres desfilaron durante esa semana por los seminarios, debates, presentaciones de publicaciones, conferencias, mesas redondas, rutas, exposiciones, conciertos y demás actos de un Congreso que sirvió para analizar la situación actual de la lengua española, su relación con las otras lenguas oficiales del Estado y su uso y pervivencia en América con el respeto a las lenguas indígenas como telón de fondo. Un idioma el español cada vez más hablado en el mundo, pese a la pujanza de otras lenguas, y que además debe enfrentarse en un futuro cada vez más cercano, casi ya presente, a la irrupción de la inteligencia artificial y a un mundo tecnológico en el que el entorno anglosajón amenaza con su primacía. De todo ello se habló en la cita.
Cádiz supo celebrar aquel Congreso. La ciudad, además, asumió con orgullo el habla de Cádiz, su propia y particular manera de expresarse, e inundó balcones particulares, comercios y edificios oficiales con un sinfín de palabras y expresiones de genuino uso gaditano.
A casi un año de aquel Congreso, eso sí, cabe preguntarse si en la ciudad ha quedado algo más que esa retahíla de palabras salpicadas por calles y plazas que aún se mantienen a la vista. Y más allá del futuro y prometido hermanamiento con Arequipa y del también comprometido nombramiento de Luis García Montero, director del Cervantes, como Hijo Adoptivo de la ciudad. Quizás es momento de rescatar aquella experiencia y crear algún organismo o entidad que dé continuidad a la fructífera semana. Y también es el momento para dejar de lanzarse tan alegremente, en pos de la modernidad, a los brazos de ese catálogo de extranjerismos, la mayoría anglosajones, con que se nombran a tantas realidades nuevas: que el ‘startup’ sea ‘nueva empresa’ y que un ‘show cooking’ sea una demostración de cocina en directo. Por poner sólo dos ejemplos.
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