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Miércoles Santo: Un día con seña de identidad

El Miércoles Santo comenzó pronto en la Bazán pero no llegó al centro hasta pasadas las ocho de la tarde. Los contrastes cofrades que marcan esta jornada adentraron a La Isla en el ecuador de su Semana Santa en una noche bastante fría

La hermandad de la Vera Cruz, en plena calle Ancha, poco después de salir de la parroquia del Santo Cristo.
Arturo Rivera / San Fernando

01 de abril 2010 - 01:00

La jornada del Miércoles Santo se hace de rogar. Parece que el día que marca el ecuador de la Semana Santa acusa el cansancio acumulado tras tres tardes de cofradías en la calle y, sobre todo, tras una esplendorosa noche de Martes Santo que se vivió intensa y multitudinariamente en los barrios hasta las recogidas de Huerto, Prendimiento y Caridad.

Hasta pasadas las ocho de la tarde no se vio en este Miércoles Santo ni a un sólo penitente en la calle Real. La primera en entrar en Carrera Oficial fue la hermandad del Gran Poder. Y lo hizo con poco más de diez minutos de retraso motivados por un inesperado percance que mantuvo parada la procesión más tiempo del que estaba previsto. A la altura de la calle San Rafael, la cruz del Cristo se rompió en una complicada maniobra con un cable.

La cofradía, no obstante, consiguió subsanar el problema de manera provisional y continuar su marcha recuperando el tiempo perdido. A las ocho y cuarto de la tarde, la cruz de guía de la hermandad estaba en el palquillo de la Carrera Oficial. Hacía bastante fresco. Catorce grados marcaba el termómetro. Los palcos comenzaban a ambientarse y el centro a llenarse.

Tres horas y media antes, la hermandad -y los suyos, su barrio- se habían encargado de abrir la jornada del Miércoles Santo desde la parroquia de la Sagrada Familia y desde la barriada Bazán. La salida, arropada por los vecinos, fue realmente multitudinaria. El sol brillaba y hacía juegos de luz en el nuevo dorado del paso de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. La banda -Sagrada Resurrección, de Sanlúcar- tocaba con fuerza y los penitentes avanzaban entre un numeroso público. La estampa, completada por el palio del Amor, no podía ser más cofrade, más de barrio.

Una estampa muy distinta de la austeridad que revistió la noche del Miércoles Santo: la noche de la Vera-Cruz y de la Orden Seglar de los Siervos de María (Servitas). Justo cuando cae la noche, el silencio que acompaña al Santísimo Cristo de la Buena Muerte se adueña de la plaza de la Iglesia. Los Servitas acababan de salir a la calle. El estruendo de la agrupación musical que acompañaba al Gran Poder resonaba ya por Las Cortes. El contraste con la sobriedad de las maneras servitas es inevitable. Es el contrapunto de la tarde del Miércoles Santo que luego se afianzará con el calvario de la Vera Cruz, unos contrastes que dan sentido a la jornada. Son casi su seña de identidad.

Servitas pasó rápido. El cortejo que acompañó al característico paso de templete de la Virgen de los Dolores era breve. Y los andares rápidos. La dolorosa iba siempre de frente. Y este año, sin música de capilla.

Los Servitas abandonaron la Carrera Oficial pasadas las nueve y media de la noche. Quedaba todavía más de media hora para que llegara la hermandad de la Vera Cruz, que ayer completó la jornada. Hacía frío, pero la calle, otra vez, estaba llena de gente. Había un gran ambiente.

Los hermanos de la Vera Cruz, dos horas antes, protagonizaron otro de los momentos más característicos de la tarde del Miércoles Santo: su bajada por la calle Ancha, que afrontaron tras salir poco antes de la parroquia del Santo Cristo, una maniobra que no está exenta de complicaciones. A las diez y cinco -a la hora prevista- hicieron su entrada en Carrera Oficial.

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