Disfruten

16 de febrero 2026 - 03:08

En realidad, no soy más que lo que queda de aquel aficionado al Carnaval, como un desengañado errante por un mundo donde los pasodobles ya no significan nada, o casi nada, que no es lo mismo pero es igual. Deduje esta tontería mientras por las calles y ahí fuera discurría ya la fiesta de este año, arremolinando gente como siempre en la plaza del Rey, ese espacio que ha pasado a ser multiuso, a lo mejor para bien. Y yo, ajeno al ajetreo, lejano de esa alegría incontenible y colectiva, irreflexiva y seguramente sana, o no.

Camina casi todo el pueblo en una sola dirección y tal vez alguno en la multitud se pregunte qué estarán haciendo los que no están allí por voluntad propia, quiénes lo harán por miedo a las muchedumbres, quiénes por hartazgo de convocatorias, y quiénes serán tan raros como para preferir no disfrutar al aire libre de la primera noche en la que el diluvio universal descansa de verdad.

La respuesta simple es seguramente que se puede vivir sin Carnaval, que hay vida (y seguramente vida inteligente) fuera de la aglomeración que deriva en botellón en cuanto los efectos de la bebida se convierten en inevitables, y lo más probable es que muchos hayamos vivido ya demasiados carnavales. Bienaventurados los neófitos, los recién llegados, y bienaventurados también los que pese a todo persisten en la afición y en las ganas. De ellos será sin duda el reino del dios Momo.

No hay pues que convertirse en lo que se llama despectivamente un derrotista, ni abominar de las fiestas populares. Seguramente es una suerte poder seguir encontrándoles el sentido e incluso la gracia, pese a la inflación y la concatenación de tales eventos. Lo contrario son cosas que uno se pierde y que los demás ganan. Pero es difícil que las almas aguanten y que el cuerpo te lo siga pidiendo. Hay quien dice que hay tiempo para todo, pero seguramente es más cierto que hay un tiempo para cada cosa y que, tal vez, solo tal vez, la verdad es que la gracia está en descubrir cosas nuevas incluso en las antiguas, pero sobre todo en las que uno nunca se había fijado.

Disfruten del carnaval, seguramente ustedes se lo merecen. Además, es gratis.

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