Un mundo de extrañas criaturas
Viaje a las galápagos (III) Las islas
En Puerto Egas, al noroeste de la isla de Santiago, hay una gran colonia de iguanas marinas. Son las únicas del mundo
Lo que más llama la atención en estas islas es la mansedumbre de su fauna. Los pinzones, las palomas, los cucuves, los pelícanos, las garzas o las gaviotas se quedan mirándonos con más curiosidad por nosotros que nosotros por ellos. Darwin relata en su libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo cómo podía coger vivas a las aves con las manos o recolectarlas a palos para su colección, llegando incluso "a empujar a un gavilán con el cañón de la carabina". Los teleobjetivos son innecesarios; hay especies como la garza de lava que se nos acercan con premura como pidiendo un primer plano.
Lo mismo ocurre con las lagartijas de lava y las iguanas, a las que podemos acercarnos sin que muestren la más mínima sorpresa. Las tortugas gigantes reaccionan de forma distinta; son sordas, por lo que podemos acercarnos por detrás sin que perciban nuestra presencia. Si las adelantamos, en cuanto nos ven silban con fuerza, encogen las patas y la cabeza, y se dejan caer dando un fuerte golpe contra el suelo. Las tortugas gigantes pueden llegar a pesar 300 kilos y superar el siglo y medio de vida. En 2006 murió en el Zoo de Sidney Harriet, que con sus 176 años era el animal más viejo del mundo. Se atribuye al mismo Charles Darwin su captura en Las Galápagos en 1835 y su traslado a Inglaterra; con posterioridad se envió a Australia donde pasó el resto de su larguísima vida.
En Puerto Egas, al noroeste de la isla de Santiago, encontramos una gran colonia de iguanas marinas, una de las especies que han hecho famosa a estas islas. Decenas de ellas, mimetizadas con la negra lava, yacen plácidamente tomando el sol. Son las únicas iguanas marinas del mundo, y son vegetarianas, pues se alimentan pastando en las algas que crecen sobre los fondos rocosos poco profundos. Los machos son algo mayores que las hembras y hay claras diferencias entre las poblaciones de las distintas islas, tanto en tamaño como en colorido, que va del negro al verdoso o rosado. Vistas de cerca parecen auténticos dragones marinos, más propios de la mitología que de la realidad. Darwin las definió como "un animal horrible, de color negro, sucio; parece estúpido y sus movimientos son muy lentos". Evidentemente no son animales muy agraciados, pero al ver cómo se desenvuelven en el agua se puede calificar de todo menos de lentos. Las hembras se adentran en las zonas de matorral para excavar sus nidos y realizar las puestas, pero aquí también hay oportunistas, y se generan continuas peleas al intentar algunas arrebatar un nido ya excavado. La complacencia con que toman el sol es tal, que incluso dejan que las lagartijas de lava trepen sobre ellas para beneficiarse también de los cálidos rayos solares.
En Las Galápagos hay también iguanas terrestres. Las mejores islas para verlas son Seymour y Plaza Sur. Los machos son enormes, de casi un metro de largo, auténticos dinosaurios en miniatura. Bajo cada gran chumbera hay una iguana terrestre, con su característico color pardo-amarillento y su cresta dentada en el lomo. Es curioso ver cómo esperan a la caída de un higo chumbo o una penca -ven mal pero oyen estupendamente-, y cómo le quitan las espinas con las garras para devorarlas rápidamente.
En Plaza Sur, la desaparición de su único depredador, el gavilán de Las Galápagos, ha provocado una superpoblación, por lo que han cambiado sus hábitos alimenticios llegando a comer excrementos de lobo marino e, incluso, algunas se han vuelto caníbales. En esta isla se ha dado un curioso fenómeno al cruzarse las iguanas terrestres con las marinas, dando un híbrido que tiene hábitos terrestres. En la isla de Santa Fe hay una especie endémica de iguana terrestre, la más grande del archipiélago, que alcanza 1,20 metros de longitud.
En algunas islas, como en Santiago, se extinguieron por la depredación de los perros y cerdos salvajes, que capturan a las iguanas adultas y localizan con su fino olfato los nidos subterráneos, devorando los huevos. Ahora se están desarrollando programas para su reintroducción, una vez eliminados los enemigos traídos por el hombre.
Pero estas islas no dejan de dar sorpresas. En 2001 se descubrió una nueva especie de iguana en el volcán Wolf de la isla Isabela, la iguana rosada, que viene a aumentar la portentosa biodiversidad de este archipiélago en el que la mitad de las especies terrestres y la quinta parte de las marinas son endémicas, es decir, no se encuentran en ningún otro lugar del planeta.
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