Con el corazón en el Tinte
La vieja Escuela de Arte afronta su última etapa en el gaditano callejón entre recuerdos y embalajes de cientos de obras y utensilios que pretenden buscar su sitio en el nuevo edificio
La Escuela de Arte parte hacia el futuro, hacia la Casa de las Artes. Deja el mítico emplazamiento donde se instituyó el germen de lo que es hoy, cuando en 1842 se trasladó a la actual sede la Escuela de Nobles Artes, fundada originariamente en 1789. Se marcha y despoja de arte y recuerdos un edificio que ha sabido adaptarse al cambio de dos siglos, que ha recibido múltiples denominaciones a lo largo de su trayectoria, donde se han desplegado numerosos planes estudios y disciplinas artísticas y por cuyas aulas han discurrido numerosos docentes y miles de alumnos, muchos de ellos consagrados hoy en el panorama artístico nacional. No hay marcha atrás, la Escuela de Arte parte hacia el futuro, pero deja su corazón en el gaditanísimo callejón del Tinte, en su emblemático patio, junto al milenario drago donde se ha forjado la savia de su trayectoria, la historia de toda una institución gaditana.
Los 413 alumnos que hasta hace unos días han ocupado sus clases y talleres -entre los 160 de Bachillerato y 253 de Ciclos Formativos- son los protagonistas de la última generación de inminentes artistas que han pisado su suelo y oteado, a veces distraídos, otras inspirados, los altos techos que sobrecogen las numerosas estancias del bello pero viejo inmueble, históricamente dirigido por nada menos que 17 personas. Entre ellos figuran Manuel Fernández Cruzado, José Pérez Siguimboscum, Juan José de Urmeneta, Serafín del Rincón, Ernesto González y Rodríguez, Pedro Mayoral y Parracha, Adolfo del Castillo y Escribano, Manuel López González, Pelayo Quintero Atauri, César Pemán y Pemartín, Manuel Accame de Campos, Rafael Parodi Cebada, Juan Bermúdez Calahorra, Francisco Trujillo Jordán, Antonio Hurtado Egea, Manuel La Fuente Núñez y, por último, Luis Gonzalo.
El actual gestor, director de la Escuela de Arte desde 2004 y anteriormente jefe de estudios desde 1996, mira hacia atrás, pero solo para hacer recuento histórico y coger impulso, antes de embarcarse en un prometedor proyecto a bordo del nuevo edificio, que el próximo septiembre inaugura curso escolar junto a los compañeros del Conservatorio de Danza Maribel Gallardo y Conservatorio de Música.
Mientras no se produce el traslado -se desconoce la fecha oficial-, los distintos departamentos proceden a empaquetar todo el patrimonio atesorado a lo largo de tantos años de historia, docencia y proyectos. Una labor que desempeñan entre la ilusión y nostalgia que les produce abandonar una escuela que sienten muy suya. Tan suya que a Mario Domínguez, profesor de Dibujo Artístico, no le hace ni pizca de gracia dejar atrás. "Es difícil marchar de esta escuela, su ubicación es perfecta, en pleno centro. Ahora será distinto", dice algo desanimado mientras envuelve una figura. "Ya nos queda poco por empaquetar", comenta desde este taller ubicado junto al de Abaniquería, en cuyas paredes luce todavía parte de los coloridos y sugerentes ejemplares de abanicos manufacturados por los alumnos de este taller de grado medio, sito en la segunda planta de la vieja escuela. En la primera, compartida por la Real Academia de Bellas Artes y la propia Escuela de Arte, se encuentra dirección, "la zona más noble", repleta de recuerdos del siglo XIX, que todavía permanecen intactos en su posición habitual.
"Será el consejo escolar quien decida qué nos llevamos y qué se queda", señala Luis Gonzalo mientras pasar revista al estado de algunos de los ejemplares de caoba que colman esta estancia, entre las que se encuentran estanterías, un antiguo reloj de pie o un conjunto de sofá y sillas de corte isabelino . Un rosario de antigüedades de gran valor que cuesta imaginar en el nuevo edificio. "Soy partidario de habilitar en la Casa de las Artes un recinto dedicado a la historia de la antigua Escuela de Arte", sugiere, poco antes de pasear entre las numerosas esculturas que salpican los pasillos, de las que todavía se desconocen su destino final.
Al otro lado del patio se distribuyen las salas del Gabinete Pedagógico de Bellas Artes, aparte de los talleres de volumen y vaciado, donde todavía queda material por envolver junto a otros viejos útiles, que sobreviven en tan mal estado que no partirán hacia el nuevo rumbo. Se trata de las grandes mesas de trabajo, atriles desquebrajados y mucho material gastado por el paso de tantas manos ávidas de técnicas y una mayor destreza.
En uno de los rincones de este espacio trabaja a deshora en el vaciado de una señera pieza el antiguo alumno Óscar Añino. "Estoy colaborando con el profesor Antonio Cerero", apunta tras inmortalizar en la retina y con su cámara fotográfica la última imagen de la vieja sala donde hace siete años comenzó su carrera. "Aquí eché los dientes artísticamente hablando, cuando cursaba el ciclo formativo de grado superior de Cerámica Artística". Ahora es licenciado y está pendiente de las ansiadas oposiciones.
Cuesta echar el cerrojo sin suspirar por sus estancias, como los históricos talleres de Ebanistería, Mobiliario o Estilismo. Profesores y trabajadores del centro lo afrontan con esperanza e incertidumbre. Así lo confirman mientras comparten una de sus últimas jornadas en la sala posterior de secretaría, en cuyo acceso algunos alumnos formalizan las matrículas del próximo y novedoso curso. Y es que el nuevo edificio contempla más despachos, para así desenvolver con mayor independencia los cometidos del profesorado, al disponer de amplias y diáfanas salas, asevera Luis Gonzalo, de los más entusiasmados en todo este proceso.
Entre los recuerdos que rescata del baúl de su historia apunta la multifuncionalidad de un edificio que aparte de acoger las dependencias de la Real Academia de Bellas Artes o parte de los fondos del Museo de Cádiz -no hay que olvidar que en estas estancias también se creó temporalmente el Museo Arqueológico Provincial en 1887- "compartió hace unos años sede con el Conservatorio de Música y la Escuela Superior de Ingeniería, que dio aquí sus primeros pasos", dice Luis Gonzalo.
Una institución académica que ha sido distinguida en 1888 con la Medalla de Oro, en el marco de la Exposición Universal de Barcelona; que en 1929 se hizo con el Diploma de honor de la Exposición Iberoamericana de Sevilla o con la Medalla Trimilenaria de la Ciudad de Cádiz el pasado 2007, destinado a su Taller de Abaniquería.
En la actualidad, el curso 2011-2012 ha acogido las especialidades de Bachillerato Artístico -que empezó a impartirse en 1996-, Ciclo Formativo de Grado Medio de Abaniquería (único existente en España), Ciclo formativo de Grado Superior de Cerámica Artística, Mobiliario, Estilismo de Indumentaria, Decoración (Interiorismo), Gráfica Publicitaria de Grabado y Estampación. Si bien, el nuevo emplazamiento brindará nuevas oportunidades formativas en el ámbito del diseño de moda.
Entre los muros de la querida escuela ha dejado parte de su vida el actual director. "Con mi labor siempre he perseguido servir a Cádiz, donde he desempeñado mi trayectoria durante 40 años".
Pero no deja de mirar hacia adelante, hacia la nueva Casa de las Artes. En este sentido, señala que solo hay que mirar "al pasado del buen hacer del profesorado y alumnos".
Por eso asume alegremente los nuevos tiempos que están a punto de llegar. "Los proyectos se acaban y comienzan otros con el espíritu que merecen las nuevas iniciativas y que se consiguen motivando al profesorado y alumnado, para así alcanzar nuevos escalones de la pedagogía experimental".
Dice Luis Gonzalo que aparte del corazón, "que todos dejamos en esta escuela de este rincón de la plaza de Mina", dejan un edificio que ha aportado mucho a la sociedad gaditana. La Escuela de Arte de Cádiz, cuyo espíritu pervivirá en el Tinte.
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