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Marat-Sade musical

Crítica de teatro

Una escena de la obra 'Marat/Sade', que Atalaya representó el miércoles en el Teatro Falla.
Mª Ángeles Robles

23 de octubre 2015 - 05:00

MARAT/SADE. Compañía: Atalaya. Autor: Peter Weiss. Dirección y dramaturgia: Ricardo Iniesta. Elenco: Jerónimo Arenal, Manuel Asensio, Silvia Garzón, Carmen Gallardo, Raúl Vera, María Sanz, Lidia Mauduit, Raúl Sirio y Joaquín Galán. Espacio escénico: Ricardo Iniesta. Composición musical: Luis Navarro. Dirección coral: Esperanza Abad. Coreografía: Juana Casado. Vestuario: Carmen de Giles. Maquillaje, peluquería y estilismo: Manolo Cortés.

Marat/Sade: nombre abreviado de Persecución y asesinato de Jean Paul Marat, representado por el grupo de actores del Hospicio de Charenton bajo la dirección del Señor de Sade, escrita en 1964 por el alemán Peter Weiss. Un referente indiscutible. Una obra que marcó un antes y un después en la escena española gracias a la versión que Adolfo Marsillach estrenó en 1968. Muchas veces representada. Una propuesta siempre arriesgada, por tanto. Permítanme que recuerde ahora la inolvidable versión de Carrusel Teatro, grupo mítico de las tablas gaditanas, allá por los ochenta.

Atalaya, Premio Nacional de Teatro 2008, asume esta larga tradición en su personal Marat/Sade: una coproducción con el Festival GREC de Barcelona en la que no han escatimado medios. Trabajada y pensada. Profesionalidad en esta propuesta de gran valor estético. Pintura en movimiento. Un trabajo actoral bien dirigido, bien ejecutado. Hermoso diseño de luces. Muy buen maquillaje y vestuario.

¿Qué aporta Atalaya a esta obra que reflexiona sobre la imperecedera lucha entre la apuesta por la colectividad, encarnada por el revolucionario Marat, y la individualidad, personificada en Sade? Principalmente, una visión de marcado acento grotesco que se esfuerza en poner en evidencia que los actores son locos del Hospicio de Charenton. Y como tal actúan, sin perder en ningún momento su carácter de seres perdidos en los vericuetos de sus dolencias mentales: la asesina de Marat, Charlotte Corday, padece la enfermedad del sueño y se va quedando dormida en mitad de sus escenas, por ejemplo. La acción transcurre en una atmósfera de pesadilla acentuada por el maquillaje y el vestuario. También por el decorado, que tiene como eje central enormes cortinas correderas que los propios actores manipulan para dividir y modificar el espacio escénico. Cansa tanto trasiego.

El aspecto más original de esta propuesta es la inclusión de una veintena de números musicales, que podrían servir para aligerar el ritmo de una obra en la que el texto tiene un papel fundamental. Lo consigue sólo a medias. La obra gana en los momentos protagonizados por los diálogos entre Marat y Sade, cuando se deja hablar a los personajes, cuando se reconoce más al autor. En todo caso, el objetivo manifestado por el grupo de "obviar una buena parte de la concreción de la obra" se cumple.

El público generoso. Atento, al principio. Luego, toses. Al final, muchos aplausos.

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