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Dibujantes, ilustradores… artistas

Bernardo Palomo

18 de febrero 2014 - 05:00

El Centro de Arte Contemporáneo - el C.A.C. Málaga de Fernando Francés -, el Museo Picasso y, ahora también, el Museo de la advenediza doña Carmen Cervera, acaparan la atención en una Málaga que es la estación término de la principal programación expositiva que existe en Andalucía y una de las más importantes de España. La significación de tales espacios expositivos han empañado una realidad que, muchísimo antes de que éstos tuvieran razón de ser, ya constituía un importantísimo centro de interés en el arte andaluz. Me refiero a la Fundación Picasso, ahora también apellidada Museo Casa Natal. Primero, Eugenio Chicano, después Pedro Pizarro y Lourdes Moreno, y ahora, José María Luna, han llevado a cabo, con absoluto criterio, rigor y seriedad, un trabajo de capital importancia en el desarrollo del arte que tiene lugar en Málaga. Nosotros que, antes de lo que ahora existe, tuvimos en los espacios de la Plaza de la Merced donde vio, por primera vez, la luz el malagueño universal, a uno de nuestros principales objetivos expositivos en la ciudad de Málaga, tenemos a la Fundación como una institución entrañable donde hemos aprendido mucho y donde siempre se nos ha dado un lugar preferente. Hay que decir que las exposiciones que hasta allí llegan y las actividades que se realizan son de una gran importancia, seguidas y valoradas unánimemente, aunque el protagonismo mediático muchas veces se lo lleven los otros tres espacios artísticos de esta Málaga, superstar en materia expositiva.

Para constatar la significación de lo que tiene lugar en la Fundación, bien nos puede valer esta importante muestra que posibilita un recorrido por los dibujantes que hicieron cercana la realidad de un tiempo inmensamente apasionante como el de los primeros años de la anterior centuria.

El paso del siglo XIX al XX fue para la Historia del Arte un desenlace tan extraordinario como pudo ser el establecimiento del Gótico en las últimas fronteras del Románico o el transcurrir pausado, pero incesante, del Renacimiento al Barroco. Todo quedó, en esos límites cronológicos, suspendido en una maraña de ideales nuevos. Había inquietud por afrontar una realidad que se sentía distinta, convulsa, inquietante y, al mismo tiempo, esperanzadora. El arte se llena, de pronto, de un inmenso desasosiego. Existe voluntad suprema de conquistar espacios y de remover tiempos pasados, a los que se consideran terminados. Los artistas se sienten protagonistas del momento y quieren asumir su papel de notarios de una historia agónica, expectante y con muchos enigmas. No obstante, viven intensamente la vida y quieren hacerlo bien patente. Las revistas ilustradas aparecen con fuerza y los principales artistas encuentran un terreno apropiado para dar rienda suelta a un trabajo que, además, les daría la posibilidad de dar a conocer un trabajo que, así, salía fuera de los talleres y se hacía socialmente más grande.

Las revistas acogen gran número de significativos artistas para que dieran testimonio de aquella realidad que estaba cambiando el mundo; al mismo tiempo para que, los más osados, martirizaran, con su poderosa ironía, la sociedad, sus dirigentes y hasta sus pobladores menos afortunados.

Esta exposición nos presenta una colección amplia de aquellas revistas que tanto proliferaron en el París de entre siglos y que posibilitaron la experiencia ilustradora de un gran número de artistas franceses y de muchos españoles, que acudían a la capital de Francia, por la vecindad y por la gran actividad artística y cultural que en ella tenía lugar. Artistas de la talla de Henri de Toulouse-Lautrec, Frantisek Kupka, Raimundo de Madrazo, Jacques Villon, Joaquín Sunyer, Isidro Nonell, Ricard Canals, Evaristo Valle, el almeriense Manuel Luque Soria, el malagueño de adopción José María De Sancha Valverde, los hermanos Francisco y Tomás Sancha Lengo, también malagueños, este último de muy corta existencia y, así, un numerosísimo grupo del que sobresale un nombre, Pablo Ruiz Picasso que, desde muy temprana edad y hasta su primera etapa parisina, recién comenzado el siglo XX, tuvo una experiencia fructífera en el campo de la ilustración.

Una exposición importante que toca un tema, quizás, demasiado poco conocido y tratado a pesar de la significación que tuvo en el mundo de la difusión artística y social. Acierto, una vez más, de José María Luna llevando hasta la Plaza de la Merced un grupo numeroso de dibujantes que recrearon la sociedad de aquel tiempo apasionante donde París era el principal foco de atención.

Fundación Picasso Málaga

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