La Sierra de Grazalema y los dragones de agua
El geólogo Juan José Durán, especialista en los sistemas kársticos del sur de Andalucía, afirma que la vuelta a la localidad se hará en completa seguridad
Santiago García, hidrogeólogo: "A priori, la estructura de Grazalema no está comprometida"
Como sucedió con el volcán de La Palma, los geólogos contemplan lo que ocurrió este miércoles en Grazalema con doble punzada. Por un lado, está la preocupación por las gentes y sus casas. Por otro, con su punto de culpabilidad, está el maravillarse ante un fenómeno que saben extraordinario.
Por supuesto, los registros históricos llegan a donde llegan y están bastante acotados en el espacio-tiempo, pero sí que podemos decir que no hay registros de algo semejante a ese episodio: el que todo un pueblo se convirtiera, de repente, en un enorme manantial de agua subterránea: "A veces, los caudales de los manantiales han producido pequeñas inundaciones, pero no como esto”, añade el geólogo Juan José Durán.
“Un fenómeno impresionante que sólo la naturaleza puede ofrecer, y que vamos a tener que ir recordando cada vez con más frecuencia en un entorno de cambio climático”, continúa Durán, miembro del CSIC y del Instituto Geológico Minero y especialista en los sistemas de karst del sur de la Península.
En los últimos días, todos nos hemos familiarizado con términos como nivel freático o surgencia, y con una imagen mental de esponja calcárea al imaginar el subsuelo de la Sierra de Grazalema. No es una proyección muy equivocada, comenta Durán.
El núcleo de la Subbética (de la que forma parte nuestra sierra) lo conforman rocas que se formaron durante el Jurásico, entre 145 y 200 millones de años:“El sistema kárstico –explica Juan José Durán– es más reciente en términos geológicos, tiene unos pocos millones de años, y fue el que se estableció con la topografía actual”.
Un sistema kárstico es una formación geológica que almacena y transmite el agua a través de materiales detríticos (restos) y sedimentarios (arenas, gravas) de otras rocas anteriores. Materiales como la caliza y el yeso son especialmente permeables y pueden irse disolviendo con el paso del agua. Un sistema de karst puede tener cientos de kilómetros:“De un sistema así forman parte las cuevas de Nerja, por ejemplo”, indica Durán.
El elemento esencial es el agua. “La zona de Grazalema acumula casi 3.000 l/m2 de lluvia media al año son suficiente argumento para comprender el modelado kárstico de la sierra de Grazalema”, desarrolla la ficha del Geológico Minero. El agua y la nieve en los momentos más fríos (Plioceno) modelaron cañones, gargantas, lapiaces, dolinas, poljés, cuevas, simas. Cuando hablamos de un acuífero, hablamos de reservas de agua contundentes, “de hecho, dan de beber a muchas poblaciones y que tienen que ver en el mantenimiento de los ríos y en los ecosistemas húmedos. Son piezas claves en todo nuestro ciclo hidrológico”, abunda Durán.
En veinte días, el sistema kárstico de la Sierra de Grazalema ha recibido unos 2.000 litros/m2 de agua: dos tercios de la media anual. Hemos vivido un ejemplo práctico y terrible de lo que puede ocurrir cuando esto sucede.
Desde el pasado jueves, ocho miembros del IGME-CSIC se encuentran inspeccionando tanto el término de Grazalema de las demás localidades de la Sierra, así como de municipios en el lado de Ronda. Para ello, el CSIC ha dado forma a un Grupo de Asesoramiento de Desastres y Emergencias (GADE), en esta ocasión, formados por hidrogeólogos y especialistas en movimientos del terreno.
MONITORIZACIÓN
Los investigadores no harán, en sí, un análisis completo del terreno, sino que auscultarán, punto por punto, aquellos lugares en los que los técnicos y autoridades les hayan dicho que hay fenómenos inusuales: “Así –continúa Juan José Durán–, se irá configurando un mapa de los peligros en la zona, y de cómo pueden evolucionar con el tiempo. Irán mirando problemas concretos y aprovechando los desplazamientos para ver qué pasa en cada sitio, en la Sima de la Olla, en la de Villaluenga, cómo están los Ojos del Gato en Benamahoma...”
El director del Departamento de Ciencias de la Tierra en la UCA, Santiago García, apuntaba que “las grietas que han aparecido en algunas pueden ser ya un indicio de que algo ocurre”. Según el también hidrogeólogo, “quizá podría producirse el colapso de alguna vivienda”. El equipo de especialistas buscará fracturas, fisuras o movilizaciones de bloques. “Es importante –continuaba García– conocer el estado de presión del acuífero y, para eso, se construyen sondeos de pequeño diámetro como los que se hacen en estudios geotécnicos; y realizar una monitorización de desplazamientos internos”.
Para Juan José Durán, el escenario más probable para los vecinos de Grazalema es que “de manera paulatina, pero relativamente rápida, vayan regresando a sus hogares”. Como remanente, quedarán “pequeños problemas de desprendimientos que se irán arreglando”.
El especialista manda también un mensaje de tranquilidad a todas las personas desplazadas, subrayando que la vuelta a sus hogares se hará en un escenario de absoluta seguridad: “Tendrán todas las garantías de que pueden hacerlo, con el respaldo de científicos y técnicos”.
NO SON HIDROSISMOS
Además de la carga de agua histórica, los vecinos de Grazalema pudieron experimentar durante la semana pasada otra serie de fenómenos. Entre ellos, las explosiones o “truenos” que parecían escucharse desde dentro de la montaña, asociados al término hidroseísmos. Durán puntualiza: “Estos ruidos son habituales porque los conductos actúan como tuberías –subraya–. Al contar con volúmenes de agua más grandes que los habituales, no circula como un flujo normal, sino de forma turbulenta, y por eso hace mucho ruido”.
Curiosamente, y también durante estos días, la Sierra de Grazalema registró una alta actividad sísmica, aunque de baja intensidad: en el mapa del Instituto Geográfico Nacional, las sierras de Cádiz y Málaga aparecen con un racimo de movimientos en los últimos diez días –en la provincia, los nombres más repetidos son Ubrique, Jimena y Castellar–. Los especialistas, sin embargo, asumen que se trata de una coincidencia en el tiempo, enmarcándose en “un contexto tectónico normal”.
También desde el IGME- CSIC, el geólogo Raúl Pérez coincide con Durán y aclara que los ruidos que pudieron escucharse miércoles y jueves no son terremotos originados por el agua (es decir, no son hidrosismos), sino por la propia dinámica del acuífero al recibir de golpe “un aporte de agua extraordinario”.
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