Los pastores del futuro
20 jóvenes andaluces participan en la Sierra en una escuela montada por la Junta para aprender el oficio
Marcos, 35 años, natural de los Palacios (Sevilla), no tiene reparo en decir que echó los dientes debajo de una cabra. Tiene las manos curtidas de ganarse la vida en la construcción. Ahora vuelve al campo, en busca de oportunidades. Tal vez en el oficio de cabrero heredado del padre y el abuelo, que dejó hace años. "Se puso la cosa tan mala que lo tuvimos que dejar", comenta.
Sonia, otra joven veinteañera, está a poca distancia de él y también del maestro pastor, que está enseñando cómo esquilar una oveja merina grazalemeña. Para ella es prácticamente pan comido estas artes. Sabe del oficio, está pegada a su padre desde que nació. Y arrimada cada día a las 200 ovejas y cabras que maneja en su explotación de Casares (Málaga). "Llevo alrededor de esto desde chica. Mi padre me enseñó a ordeñar en su cubo", enfatiza. Ahora quiere aprender cosas más complejas como la recría, inseminación, y sanidad animal para poder hacer frente a la burocracia que supone llevar el negocio.
Ellos son la cantera de una profesión ancestral, que tiene los días contados si no hay relevo generacional. Quieren ser pastores del siglo XXI, profesionales con conocimientos para poder mantener una tradición, que no lo tiene nada fácil en este mundo globalizado, donde el precio de los piensos, la leche y el cereal se debate en tapetes de terciopelo a miles de kilómetros del terruño que pisan.
Pero están ahí. La mayoría son jóvenes que ven una salida laboral a esta profesión, en estos momentos tan difíciles por culpa de esta dilatada crisis. Por eso, una veintena de ellos venidos de distintos puntos de la geografía andaluza participan estos días, en Grazalema, en la tercera edición de la Escuela de Pastores de Andalucía, una actividad itinerante puesta en pie por la Junta de Andalucía para formar a hombres y mujeres en este oficio con la experiencia de ganaderos veteranos y expertos de distintos ámbitos relacionados con la sanidad, la alimentación, la gestión de explotaciones, entre otros.
Los promotores de esta Escuela sostienen que el objetivo pasa por mejorar la rentabilidad de las explotaciones ganaderas, formando a pastores como pilar fundamental de una actividad respetuosa con el entorno y primordial en la economía del medio rural. Quieren desbancar la idea que hasta hace poco se tenía del cabrero como una "profesión que no la quiero para los míos".
La mitad de estos estudiantes inscritos, que han de cumplir 528 horas teórico-prácticas, proceden de la provincia gaditana. El resto son de otros puntos de la geografía andaluza y de otras comunidades autónomas como la valenciana. La mayoría de ellos han tenido un contacto previo con el mundo de la ganadería o agricultura.
José María, de 40 y vecino de Ubrique, ha sido comercial de telecomunicaciones durante 12 años. Hace este curso por si hay "posibilidades" de engancharse al carro laboral, tal vez como asalariado en alguna explotación como paso previo para tener cabaña propia. "Tenemos difícil el relevo generacional. Lo habrá siempre que el padre deje esa herencia. Pero meter la cabeza en este mercado es difícil porque no se puede comprar una explotación en estos momentos", explica. Para él la rentabilidad del ganadero-pastor pasa por capitanear todo el proceso, es decir, desde producir leche, carne y quesos hasta ponerla en el mercado. También se le pasa por la cabeza montar una granja escuela como salida profesional.
Son ideas que revolotean durante la máster class que todos estos alumnos presencian a pie de terruño en La Finca La Parrilla, en El Bosque, el pasado jueves. Un enjambre de medios y televisiones nacionales los rodea. Es atractivo comprobar los vericuetos que la crisis abre para que el personal se pueda enganchar a un empleo y dejar atrás las filas del paro. Mientras los aspirantes no le quitan ojo a las manos de Cristóbal Yuste, un pastor de toda la vida, como le gusta resaltar, que enseña el manejo del ganado. "Estos chavales tienen que ver que este oficio es duro. Si me hubieran visto hace un mes metido en un metro de agua con ovejas pariendo…", reflexiona.
Cristóbal, que es el único que queda de su familia dedicado al pastoreo, dice que el campo "no es venir un día a comerte una parrillada. Te tiene que gustar mucho. El tiempo es muy limitado. Hay que olvidarse de vacaciones". Por eso se permite dar algunos consejos con conocimiento de causa: "Es muy sacrificado y no pagan bien. Un cordero vale menos de lo que te cuesta sacarlo adelante". Habla casi meditando tras esquilar delante de sus pupilos un ejemplar de oveja. También sobre el futuro de la ganadería: "Como están las cosas hay que agarrarse a un clavo ardiendo. Esto no se puede abandonar. Es un pilar muy importante. Habría que mirarlo mucho mejor", contesta.
La tercera edición de la Escuela de Pastores de Andalucía está dedicada a los quesos artesanos y en especial a los que se elaboran en la Sierra de Cádiz, que tantos premios nacionales e internacionales han cosechado en los últimos años, además de consolidarse como una industria agroalimentaria incipiente que genera puestos de trabajo y afianza a la población en el mundo rural. De hecho, la cantera de pastores que se dan cita en estos módulos formativos que arrancaron a principios de este mes tiene como horizonte poder ganarse la vida elaborando quesos.
"Gracias a su posicionamiento en los mercados, estos queseros que han emprendido en la Sierra nos han abierto las puertas para que pequeños grupos de personas se puedan iniciar en la actividad", apostilla David, otro alumno de este curso que es ingeniero agrícola de profesión. Se metió a realizarlo porque su contenido está muy ligado a sus proyectos de agricultura ecológica y "ese mestizaje con la ganadería liga, también, con la sostenibilidad de las explotaciones agrarias". En el horizonte, David comenta la posibilidad de que se le abre, tras conocer la figura del ganadero, la participación en proyectos colectivos como pastor o como técnico de alguna finca.
En la línea de trabajo de esta Escuela está el cometido, también, de defender la importancia del pastoreo dentro de los parques naturales, en este caso el de la Sierra de Grazalema.
"Además de tener su función como modelador del paisaje, fuente de biodiversidad y depositario de un patrimonio local y cultural, el pastoreo es una actividad económica, aunque permanentemente en crisis, todavía rentable", responde el director conservador del parque de Grazalema, Miguel Ángel Maneiro. La Junta apunta a que dentro del parque de Grazalema hay una superficie de pastos que ronda las 11.500 hectáreas de terrenos para acoger a unas 2.500 ovejas, 2.000 cabras y unas 400 vacas. Considera que la ganadería extensiva "cumple aquí un papel muy importante" para la pervivencia de los sistemas silvo-pastorales, que albergan flora, bosques y fauna.
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