Juanma Moreno se corona
Las inundaciones y el desalojo de Grazalema han supuesto una segunda y dura prueba para el presidente de la Junta a cinco meses de las elecciones
Sánchez y Moreno hablaron en dos ocasiones durante la crisis de la borrasca Leonardo
Las impactantes imágenes de Grazalema
"Nosotros decimos que el presidente se ha coronado". Así explica un colaborador cercano a Juanma Moreno el momento político del presidente tras el accidente de Adamuz y las recientes inundaciones en la provincia de Cádiz, que han terminado por extenderse por casi toda Andalucía. Dos tragedias de estas características son dos cisnes negros volando, esa metáfora alada que los politólogos consideran como la espoleta de un cambio abrupto que transforma el escenario político. Por ejemplo: los atentados del 11-M de 2004 en Madrid.
El accidente del tren Iryo recaía, al fin y al cabo, sobre el Gobierno central, no entrañaba un riesgo personal para Moreno a priori, pero el presidente de la Junta imprimió un clima de colaboración con la administración socialista y exigió a Génova que se comportara de un modo similar para evitar un enfrentamiento político que hubiera tenido unas derivadas imprevisibles. Quedan cinco meses para las elecciones, y Moreno imprimió su sello de moderación. Le quedan 40.000 votos para la mayoría absoluta, según los cálculos internos de San Telmo.
Pero pocos días después de la tragedia de Adamuz, la borrasca Leonardo lanzó sus primeras amenazas. Otro cisne negro en potencia. También otra oportunidad. Pero ésta afectaba de modo íntegro a las competencias del Gobierno andaluz: gestión de las emergencias, de los embalses y de los cuencas hidrográficas. Imposible escurrir el bulto sin hacerse un Mazón. Pedro Sánchez telefoneó a Moreno la noche del accidente de Córdoba; en esta ocasión, también han hablado en dos ocasiones, el jueves y el viernes.
Una vez pasados estos primeros días, y a la espera de la borrasca de la semana próxima, se puede sostener que Grazalema ha sido el envés de Paiporta. Con unas precipitaciones en un sólo día de 500 litros por metro cuadrado, tres presas comprometidas y muchas hectáreas inundadas, Andalucía estaría contando muertos al día de hoy si no hubiese sido por una previsión protocolizada y ensayada. La colaboración entre el Gobierno y la Junta ha sido plena, no han faltado ni militares ni guardias civiles.
Las diferencias entre lo sucedido en las inundaciones de Valencia en el otoño de 2024 y las de Cádiz comienzan con el aviso de la Aemet. O con la atención responsable que las administraciones prestaron a los avisos rojos que la agencia estatal daba para la Sierra de Grazalema y el Campo de Gibraltar. Nadie supuso que la borrasca volaría hasta otras latitudes ni la Junta rebajó la gravedad. El Gobierno andaluz suspendió las clases y puso en marcha el protocolo de emergencias.
Juanma Moreno tiene en su consejero de Presidencia, el jerezano Antonio Sanz, una suerte de seguro. Sanz viene dedicando muchas horas a la planificación de las emergencias, ha creado una agencia especial para ello -la EMA-, ha absorbido al personal del plan Infonca para estas labores y sabe qué debe hacer en cada momento. "No es Salomé Pradas", explica un miembro de su Consejería.
Y Moreno, podríamos decir, no es Carlos Mazón, el miércoles presidió la comisión de seguimiento de la emergencia, y el jueves estaba en Jerez, donde el Guadalete se había salido en los alrededores de la Cartuja. Ése fue el momento crítico.
Presas comprometidas
La presa de Bornos estaba dando serios problemas cuando el presidente hacía esperar a los periodistas en el puente de la Cartuja, en la Venta de las Angulas. Bornos estaba recibiendo mucho más agua de la que era capaz de desalojar, mientras que la otra presa que se sitúa abajo, la de Arcos, aliviaba con un caudal menor. Consecuencias: el residencial arcense del Santiscal se podía inundar -esta urbanización se construyó en tiempos de Manuel Fraga en torno al lago- y la presa de Bornos se podía ver comprometida.
La cuenca del Guadalete, como todas las interiores de Andalucía, son de competencia del Gobierno andaluz. Tanto Arcos, como Bornos, como el Fresnillo, en Grazalema, competen al consejero Ramón Fernández Pacheco, titular de Agricultura y de Aguas. Finalmente, dos máquinas pudieron levantar una compuerta de Bornos para que desalojase toda la furia que le llegaba del Guadalete y, posteriormente, se maniobró en Arcos para lo mismo. Este viernes ambas presas aliviaban con los mismos caudales, 700 metros cúbicos por segundo.
Un dato más que completa la magnitud de este diluvio local: en el embalse de Bornos entraron en las horas más críticas 50 hectómetros cúbicos, la mitad del consumo anual del boca de la población de la zona occidental de Cádiz. A ello se sumó que la presa del Fresnillo, situada aguas arribas de Grazalema como un balcón desafiante sobre el pueblo, también tuvo problemas el miércoles. La Unidad Militar de Emergencia y un equipo de ingenieros se encargaron de esta presa construida a fina de los año noventa.
La peor información llegó en la tarde del jueves, los vecinos venían escuchando golpes y ruidos extraños durante toda la noche, en la Sierra de Ronda, en Gaucín, ya se habían detectado tres temblores de magnitudes 2,4 y 2,1 en la escala Richter y los geólogos que estaban en el Puesto de Mando Avanzado de Grazalema alertaron del riesgo de hidrosismos en la población. Moreno tomó allí mismo la decisión de desalojarla por completo. Todavía es posible que la medida se extienda a otros pueblos. La evacuación fue ejemplar; la colaboración de los vecinos, absoluta.
Pedro Sánchez voló a la provincia el viernes, en San Roque se reunió con los equipos de emergencia, incluido Antonio Sanz. "Vienen día complejos", advirtió el presidente. La costosa lección de Valencia ha sido aprendida, cada catástrofe deja réditos o deudas políticas, pero esta vez se ha evitado la vergüenza. Se ha ido Leonardo, llega Marta.
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