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Una feria de patios andaluces bajo la mirada de Camarón

La Venta de Vargas es uno de los motivos más utilizados para recordar la figura del cantaor

Una feria de patios andaluces bajo la mirada de Camarón
María Esquivel

San Fernando, 15 de julio 2017 - 02:16

Muchas veces al caminar por el recinto ferial se va con un rumbo fijo y no se para a mirar las casetas que va dejando atrás. Incluso, una vez que se llega a la caseta donde se disfrutará de la noche, uno no se detiene a mirar aquello que le rodea y que ha supuesto el trabajo de muchos miembros de la entidad en cuestión semanas antes del alumbrado.

Desde la portada (donde cuelga la estrella y la luna del tatuaje de José Monje) ya se empieza a observar que esta edición de la Feria del Carmen se celebra bajo la atenta mirada de Camarón de La Isla. Girando a la izquierda por la calle principal su imagen se hace más persistente. En la caseta No Ni Na se define la Andalucía de rejas en los balcones y persianas de esparto a las que no les faltan sus geranios colgados. Al igual que tampoco falta la presencia de la imagen del cantaor isleño junto a las mesas.

Los geranios colgados se multiplican en el interior de las casetas como un hilo conductor que las agrupa. Así se llega a la caseta de Al Relente con sus paredes floridas sobre el fondo verde y blanco. Los lunares son sinónimo de feria y de trajes de gitana que en sus colores más flamencos, el rojo, el blanco y el negro, se dispersan por la caseta del Rocío 104. Una caseta que este año recibe la inspiración de los carteles del 25 aniversario del fallecimiento de Camarón. Además en esa recreación de las callejuelas hay espacio para la imagen de su Virgen del Rocío en un pequeño altar tras las rejas de uno de los balcones. Sobre el escenario la silla vacía bajo el lema de La leyenda del tiempo.

Si la leyenda de Camarón está vinculada a la Venta de Vargas, su entrada fue lo que recrea la caseta de Columna. Desde el pozo en el acceso hasta la fachada con los platos de cerámica colgados y con el monumento de Camarón en alto observando a los presentes. De nuevo aparece la silla vacía y la guitarra.

El Borreguito, la caseta de la hermandad de la Pastora, recuerda a Camarón en otro ambiente. Entre las paredes oscuras aparecen fotografías en blanco y negro de San Fernando y añaden a los geranios otro elemento de las calles encaladas que no había aparecido hasta el momento: las pequeñas jaulas de madera colgadas en las paredes a las que les faltan canarios y jilgueros que pongan música al ambiente, al igual que a las imágenes se les apagó la voz de Camarón.

Servitas deja claro desde la entrada en la ciudad en la que nos encontramos. Tres altares de distintas alturas muestran la imagen de la Virgen del Carmen, un canasto con sal y la mítica silla con la guitarra apoyada en ella. Desde el fondo de la barra preside una imagen de José Monje.

El rostro y las manos de Camarón sin duda velan por los feriantes en este amargo aniversario en el que la leyenda sobrepasa al tiempo y no abandona su Isla.

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