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Benamahoma: una semana colgados en la montaña

Tanto el viernes pasado como ayer, lunes, la localidad abrió un par de ventanas de acceso que rompieron la semana de aislamiento absoluto

Benamahoma, ante la tormenta: "Pero, ¿tanta agua cabe en el cielo?"

Se cumple una semana desde el corte total de accesos en la localidad. / Miguel Gomez

Una semana y diez días desde que empezaron los cortes, una semana desde que se decretó el cierre total. Benamahoma y sus 400 almas llevan ya muchas jornadas fuera del mundo, con los dos accesos que la comunican con las poblaciones de Grazalema y El Bosque, cerrados al paso.

Un tiempo en el que han tenido que ver, a más colmo, cómo la localidad vecina protagonizaba un fenómeno geológico excepcional –convirtiéndose en una enorme surgencia–, rompía propios récords de precipitación y tenía que ser, finalmente, desalojada en su totalidad.

La gente de Benamahoma no es que tenga familiares y amigos en Grazalema, es que muchos tienen casas, “y ni siquiera han podido acercarse a ver cómo pueden estar”, comenta la alcaldesa de la ELA , Mamen Fernández.

“A la angustia del cierre y la incomunicación –continúa la alcaldesa–, se unió ver lo que ocurría en el pueblo de al lado, y un enorme sentimiento de rabia e impotencia al no poder ayudar. Porque lo que más me preguntaron el miércoles fue cómo podían ayudar”.

Además del estado de los vecinos, en Benamahoma la principal preocupación era conocer cuál era el estado del acuífero en el pueblo –visto cómo se había desarrollado todo a tan sólo quince kilómetros–. “Benamahoma rezuma mucha agua, tanto por el nacimiento del río Majaceite, como por las fuentes del Algarrobal y otros cursos que surgen aquí, así que la preocupación era lógica”, señala la alcaldesa.

A calmar los ánimos contribuyó la visita y conclusiones de los científicos del IGME-CSIC, que determinaron que las aguas subterráneas bajo la localidad no suponían una amenaza.

En el municipio no se han escuchado esas explosiones desde el interior de la montaña de las que hablaban los grazalemeños, pero sí que se han sentido los pequeños terremotos que se están encadenando estos días en la zona de la Sierra; a primera hora de la mañana del domingo, por ejemplo, se sintieron un par de temblores acompañados de réplicas.

Y, también, como en muchas otras localidades de la Sierra, desde el pasado viernes se fueron sucediendo apagones y fallos en la cobertura de telefonía –en general, de escasa duración–.

En la rutina del pueblo las cosas intentan volver, poco a poco, a una cierta normalidad: tras varios días de encierro, el viernes se abrieron dos ventanas de pase y ayer, se abrieron de nuevo otras dos. Muchos intentaron adaptar sus escaletas pero, para quien no pudiera ir a trabajar, el Ayuntamiento facilitaba una carta informativa certificando la situación, “complicada y excepcional –indica Mamen Fernández–. Al principio, hubo un poco de nerviosismo, pero después los vecinos se fueron adaptando”.

La responsable apunta que no sólo se trata del talud primero y principal, que cortó la vía, sino que a lo largo del tramo de la carretera A-372 con El Bosque se han seguido cayendo árboles y cascotes, “a pesar de que los técnicos están continuamente trabajando para que no colapse, sobre todo, por si hay una emergencia”.

SUMINISTROS, VÍA INFOCA

La pregunta esencial es cómo se las arreglan en lo que se refiere a suministros: el miércoles, ya no había pan, mientras que productos como la fruta, la verdura o los huevos comenzaron a escasear. “Y el jueves fue a peor”, relata la alcaldesa. Así que, esa misma tarde, se coordinaron con los distribuidores de los dos supermercados de la localidad para que el viernes por la mañana estuvieran en la plaza de toros de El Bosque para recoger los productos y, desde allí, que el Infoca los subiera hasta Benamahoma.

En lo que se refiere al suministro de medicamentos, “la Guardia Civil acercó los que faltaban la semana pasada, a través del farmacéutico, que tampoco vive aquí”.

“Si algo nos caracteriza –reflexiona la alcaldesa– es que somos un pueblo no sólo solidario, sino familiar. Me emociona decir que mi teléfono no ha parado de sonar para mandarme mensajes de ánimo y ofreciendo ayuda. Yo, la verdad, es que estoy muy contenta de ver cómo nos apoyamos los unos a los otros”. Tanto ella, como el resto de habitantes de la localidad, lo primero que harán (“en cuanto se pueda”) será dar un salto a Grazalema.

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