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Sudamérica en bicicleta

El sanluqueño Carlos Jiménez emprendió ayer un viaje para cruzar a pedales Los Andes y colaborar como voluntario en la red de granjas ecológicas WWOOF

Carlos Jiménez es un joven de 29 años licenciado en Ciencias Ambientales con formación también en agroecología, soberanía alimentaria y cooperación al desarrollo.
F. Javier Franco Sanlúcar

05 de febrero 2016 - 05:01

Cinco países. Unos 10.000 kilómetros. Puertos de montaña de más de 3.000 metros. El joven sanluqueño Carlos Jiménez inició ayer jueves un viaje que le llevará a Sudamérica, donde recorrerá en bicicleta Los Andes como un reto personal que incluirá tareas de voluntariado en granjas ecológicas de la red internacional denominada World-Wide Opportunities on Organic Farms (WWOOF). El tiempo dirá si lo consigue finalmente.

Carlos es un licenciado en Ciencias Ambientales de 29 años que se declara "amante del deporte y la naturaleza". Trabajó en Francia, hizo prácticas en España; se formó en agroecología, soberanía alimentaria y cooperación al desarrollo; e intentó vivir en Inglaterra, pero "necesito el sol para ser feliz". Parado y "con salud y dinero ahorrado", se planteó realizar un viaje a pedales que comenzará en la Patagonia chilena, concretamente en Punta Arenas, y empleará "seis o siete meses" en cruzar Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador. Su idea es, efectivamente, atravesar Los Andes transversalmente.

Irá solo y "en autosuficiencia, es decir, que llevaré en la bici todo lo necesario para vivir: casa, armario y cocina". "Este tipo de viajes requiere de una buena planificación. En las alforjas llevaré ropa deportiva para la bici, ropa para el frío, una tienda de campaña, un saco de dormir, una esterilla, herramientas, repuestos, hornillos y cacharros para cocinar, una cámara de fotos, móviles, baterías, un cargador solar, etcétera", explica.

Es inevitable preguntarle por qué se propone esta aventura. "La verdad es que no tengo una respuesta clara para esa pregunta. No es la búsqueda de mí mismo ni cosas de ese estilo lo que me lleva a hacer este viaje, aunque estoy seguro de que algo de mí aprenderé. Soy un loco de los grandes retos deportivos y cada vez que en una película o documental veo alguna historia épica de ese estilo acabo llorando y diciéndome a mí mismo que alguna vez tengo que ser yo quien lo haga", afirma entusiasmado.

El viaje lo hará solo porque "de esa manera todo lo bueno que me pase será gracias a mí". "Es una forma de cargarme de autoestima. Es ponerme a prueba y ver cómo actúo ante situaciones nuevas para mí. Es una toma de decisiones continua y, para bien o para mal, seré yo quien las tenga que tomar", comenta convencido antes de apostillar que "yendo en solitario te integras mucho más, ya que no vas en una burbuja con tus compañeros de viaje. Esta experiencia consiste en conocer nuevas culturas, otras personas, nuevos paisajes y algo más de mí".

Para Carlos, la bicicleta es "el medio de transporte más cómodo y gratificante". "Aun así, estoy seguro de que en mitad de algún puerto de montaña me preguntaré: '¿qué carajo hago yo aquí?'. La respuesta vendrá en la bajada", bromea.

Las labores de voluntariado que piensa llevar a cabo las complementará con un cuestionario para los agricultores locales a fin de conocer su forma de vida y también sus problemas. Además, en este viaje, Carlos realizará el llamado Proyecto Trinche, "en honor a Trinche Carlovich, un jugador argentino de calidad extrema que vivía el fútbol de una forma muy peculiar, un romántico de la pelota". La idea consiste en "fotografiar campos de fútbol, no estadios, sino los potreros, como los llaman allí. Son campos de tierra que siempre están llenos de niños y no tan niños pateando un balón".

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