Concert Music Festival 2019 Cante de las puertas abiertas

  • Miguel Poveda recorre las diferentes etapas de sus 30 años de trayectoria en el Concert Music Festival de Sancti Petri

El cantaor Miguel Poveda El cantaor Miguel Poveda

El cantaor Miguel Poveda / NACHO FRADE

Con las puertas de la música bien abiertas, con su cante por y para la libertad en la tierra donde comenzó a brotar el concepto mismo y con tres décadas de escenarios a su espalda. El cantaor Miguel Poveda se presentó el sábado noche por segundo año consecutivo en el Concert Music Festival de Sancti Petri con un único afán, que el límite entre su arte y el corazón de la audiencia fuera el espacio que mediara entre las tablas y las butacas. 

Poveda lo dejó claro desde el minuto uno. Que lo que esa noche se iba a escuchar y disfrutar en el poblado chiclanero era un recorrido por su memoria sentimental hecha canciones. Se presentaba para "abrir una puerta por la que ustedes puedan pasar y recordar mi infancia, mis gustos, mis vivencias". Las de aquel chiquillo que en su barrio de Badalona escuchaba a Tijeritas, Lole y Manuel o Los Chichos, una música que era moderna entonces (y ahora si analizamos el contexto en que surgió), aunque espantara a los modernos, incluso mal vista en ocasiones, pero que ha forjado el talento del que fuera hace 26 años el ganador de la Lámpara Minera del Festival del Cante de las Minas y que hoy luce con orgullo una trayectoria que lo ha convertido en la figura más conocida del flamenco contemporáneo y una de sus voces más expansivas.

Para el cantaor El tiempo pasa volando -así se titula su último disco- y esa fue la sensación que dejó en el público del Concert Music Festival, la de un espectáculo que, si fuera por algunos, no debería haber acabado nunca. El show se estructuró, como explicó el artista, en tres partes diferenciadas: un recorrido por algunas de esas canciones tempraneras de su talento, el cante tradicional y un recuerdo a Federico García Lorca, "mi Dios, mi guía, mi filosofía en la vida y el arte. ¡Viva Sancti Petri y gracias por estar un año más conmigo!", arrancaba el recital.

Rodeado por un acompañamiento de lujo, el cantaor ofreció en ese primer tramo de la velada Yo quisiera ser muy libre, Ni contigo ni sin ti, Otro camino, Me quedo contigo -que comenzó bolero y devino rumba con un Poveda bailón- y Cuéntale una historia -con su particular quejío al máximo rendimiento-. El artista lució informal para un repertorio de etiqueta: chaqueta y pantalón, camiseta blanca y deportivas del mismo color.

La segunda parte del show recurrió a ese otro caudal de música en los primeros años de Miguel Poveda, el que le proporcionó la copla. "Mientras yo escuchaba canciones en mi habitación, mi madre oía coplas que también están en mí", recordó. Para la ocasión se unió al cantaor el maestro Joan Albert Amargós al piano, "un genio de la música", lo catalogaba Poveda. Juntos afrontaron A ciegas, En el último minuto, ¡Ay, mi hermanita! Ni un padre nuestro. Ni que decir tiene que a esas alturas el público comenzó ya la incesante ronda de aplausos en pie para mayor gloria de sus protagonistas.

Además quiso Poveda hacer un guiño a su tierra y recordar "al que será siempre el rey de la rumba, El Pescaílla" e indirectamente a Frank Sinatra con Extraños en la noche (Strangers in the night) y dejarse acurrucar por el bolero con Sabor a mí. Y cómo sabría aquello que hubo en directo la celebración de un cumpleaños con tarta y el tradicional cántico, con el respetable también echando una mano y garganta. La ocasión lo merecía. El maestro Amargós sumó un peldaño de vida a su arte el día anterior y recibió los parabienes de Sancti Petri. "Este señor parece que no cumple años, será porque veranea en Menorca. Ha hecho música para las grandes orquestas y artistas del mundo. Que Dios te bendiga", le deseaba Poveda. También quiso el cantaor mandar un saludo entre el público al pintor afincado en Conil Adrián Torres, que tiene "la sensibilidad de hacer una gran labor social a través de la pintura".

De la copla al flamenco, primos hermanos en la música andaluza de raíz. Tras el interludio de Yo te lo digo cantando, ejecutado por los cantaores que acompañan a Miguel Poveda en su gira, el artista catalán regresó a escena bajo un aforismo impreso en pantalla y que resume la esencia de su actual propuesta: "El hogar es el punto del que partimos". Imágenes de la infancia y juventud del cantaor se sucedían frente al público que esperaba este momento concreto de la noche. La segunda parte del segundo acto cuajada de jondo en la que Poveda -ahora vestido de negro- interpretó bulerías, tangos, guajira y petenera, esta última "un cante de uno de los lugares que más me enamora, Paterna, y un palo de los más bellos y maltratados desde que alguien dijo alguna vez que cantarlo daba mala suerte". 

En el caso de Poveda fue la buena fortuna -y el buen ojo del cantaor- la que le acompañó en el Concert Music Festival a través de dos colaboraciones de lujo. "Yo quería venir a Sancti Petri con gente muy especial -contaba- y he traído a un artista de Jerez al que admiro y con el que quería compartir de nuevo escenario". Salió como un ciclón Joaquín Grilo y formó por alegrías la revolución. Su baile suelto y preciso, desprejuiciado y genial se metió al público en la chaqueta. "Tenemos que cuidar a nuestros artistas, él es uno de los talentos más grandes de este país. ¡Qué maravilla!".

Y otro reencuentro. "Cuando éramos jóvenes fuimos muy amigos. Luego la vida nos distanció y pasaron casi 20 años. Hoy nos vamos a juntar en Sancti Petri". La cantaora gaditana Encarna Anillo subió al escenario para recordar con Poveda al compositor Manuel Alejandro en Voy a perder la cabeza por tu amor, un sentimiento que se tradujo en los continuos besos y abrazos entre los dos artistas. El cante sutil y bello de Anillo dio paso a la recta final del espectáculo en la que Poveda confesó que "estoy muy contento de haberme expresado aquí, en Cádiz. Estoy tranquilo, a gusto, ustedes me dan un calor tremendo. Aquí soy más libre, me desinhibo, hago lo que quiero".

Para finalizar agradeció a su equipo técnico, al de Concert Music y a sus músicos "la entrega y el cariño" salido de aquella cita de puertas abiertas y arte reconcentrado. A las palmas y voces estuvieron Carlos Grilo, Miguel Soto Peña "El Londro" y Los Mellis, a la percusión Poti Trujillo, a la guitarra Jesús Guerrero -"un músico excepcional y con la humildad de saber acompañar al cante", lo presentaba Poveda-, a la guitarra también José Quevedo "Bolita", al bajo José Manuel Posada "Popo" y a la batería -se lo robó a su amiga Vanesa Martín- Manuel Reina.

"¿Estáis bien?", preguntaba el artista. La respuesta afirmativa contundente de la audiencia provocó que se resistiera a dejar Chiclana y desplegara Esos 4 capotes antes de "enlorquecer"definitivamente recordando a Federico con Oda a Walt Whitman, Gacela de la muerte oscura y No me encontraron. Se marchó, ahora sí, por bulerías junto a la voz de Caracolillo de Cádiz.

El arte de Poveda es libre, humilde en su grandeza y despojado de peajes y pasos fronterizos. "Gracias por darme la libertad de mostrarse como soy, con mis defectos y mis virtudes". De los primeros ni rastro, de las segundas un caudal enorme que salió de Sancti Petri desde su cante de puertas abiertas.

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