Carmen recupera su vida
accesibilidad Nuevas normas para mejorar la vida de las personas con movilidad reducida
La instalación de un ascensor pone fin a tres años sin poder salir a la calle · Vive en un segundo piso y sufre problemas respiratorios que le impiden recorrer las escaleras
Tres años sin salir de casa. Ese es el suplicio que ha vivido Carmen Ruiz Espadas, que ha visto cómo el recrudecimiento de sus problemas cardíacos y respiratorios le impedía recorrer las escaleras de su bloque de viviendas, situado en la calle Sextante. Ahora necesita una bombona de oxígeno en su día a día, pero tras la instalación del elevador espera "poder entrar y salir, volver a la vida normal y olvidar el pasado".
El proceso ha sido largo. Su hija Lourdes explica el duro camino que, junto con su hermana Teresa, han debido recorrer. Hace cinco años la comunidad de vecinos decidió iniciar los trámites para la instalación del ascensor que Carmen, que tenía declarado el grado máximo de minusvalía, necesitaba. Tras el cambio de parecer de algunos vecinos, el proceso se detuvo. Lourdes explica que "por prescripción médica de los doctores Antonio Vargas y Jesús Neto, que han servido de gran ayuda tanto profesional como personal", su madre debía realizar ejercicio moderado, que no supusiera un gran esfuerzo físico. Carmen, antes de empeorar su salud, acudía a la piscina municipal, que se encuentra a escasos metros de la vivienda, y paseaba por el barrio. Pone como ejemplo la misa, a la que acudía en la parroquia del Carmen, y que el problema de movilidad "hacía que tuviera que verla por televisión".
Ante la negativa de la comunidad a acometer el desembolso que suponía la instalación del ascensor, la familia decidió emprender acciones legales, obteniendo un fallo favorable que fue recurrido por la junta de vecinos. Finalmente, la sentencia definitiva daba la razón a las peticiones de Carmen. Alain Noriega, responsable en Andalucía de la empresa que ha llevado a cabo las labores de instalación, explica que "el nuevo decreto de accesibilidad obliga a adecuar todas las infraestructuras antes de 2015", por lo que cualquier persona que se encuentre en la misma situación que Carmen "tiene el caso ganado". La categoría de persona con movilidad reducida, de acuerdo al nuevo marco legal, se amplía hasta casos como el de acompañantes de ancianos o que transporten un carrito de bebé, lo que supondrá un incremento en la calidad de vida de los usuarios de muchos edificios, tanto privados como públicos.
Con la sentencia judicial en la mano comenzaron los trabajos de instalación, que corrieron a cargo de la empresa Ase Accesibilidad, afincada en Madrid. Noriega, su representante regional, explica que su sistema permite "que los costes sean mucho menores", ya que el elevador "se hace a medida, sin tener que realizar una obra ni hacer un foso, a diferencia de los ascensores tradicionales". Además, los gastos por mantenimiento y consumo, al tratarse de un sistema hidroeléctrico, se ven reducidos. Como medida especial para los equipamientos de accesibilidad, destaca el sistema de emergencias, que consiste en un botón situado fuera del elevador que hace "imposible que nadie se quede encerrado dentro". En total, entre la instalación del elevador y las rampas del exterior del portal, el presupuesto del equipamiento ha ascendido hasta los 100.000 euros.
Conforme los trabajos avanzaban Carmen ha ido recuperando la ilusión. Pero no siempre ha sido así, ya que confiesa que durante un tiempo creyó "que no iba a llegar para ver el ascensor". No obstante, con la ayuda de sus familiares, de los doctores y de vecinos como Fernando, Isabel, Carlos y Pedro, entre otros, que le "han ayudado mucho en detalles diarios", ha conseguido sobreponerse a los problemas que han ido apareciendo.
Ahora, con la obra finalizada, sólo quiere "mirar hacia delante, recuperar mi vida y no tener que depender tanto de mis hijas". Una de ellas, Lourdes, se muestra dolida porque su madre "ha perdido años de vida" y explica que, además del deterioro físico, el período de incapacidad le ha sumido en una depresión por "sentirse encerrada". Su hija explica que Carmen "es una persona a la que le gustaba mucho salir" y que, en cierta medida, "era una adelantada a su tiempo", puesto que trabajaba fuera del hogar como vendedora, por lo que estaba "muy acostumbrada a tratar con la gente y ha acusado mucho el período de encierro". Por tanto, no duda en afirmar que su madre "ha ganado la guerra, pero ha perdido muchas batallas".
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