EDITORIAL
Un fracaso en primera persona
Como perro viejo, más allá del tipo, José Ramón de Castro Ramoni ha salido de las tablas del Falla con la sensación de haber firmado un inmejorable pase de semifinal, con un público volcado, como acostumbra en este punto del Concurso Antonio Martínez Ares. "Así es, pero esto es una carrera de fondo, no son cien metros lisos, es carrera de fondo y quien tenga más fondo pues llega más lejos", afirma.
Y en esta carrera que no es precisamente de taca taca, la comparsa 'Los humanos' ha corrido con dos letras potentes y necesarias, porque aunque parezca mentira, todavía se necesitan muchas más mujeres que rompan el "forillo de cristal", como han cantado en el mágico juego de palabras, "porque todavía quedan muchos neanderthales por ahí a los que hay que educar, que todavía hablan de comparsa de mujeres, comparsa mixa o coro mixto, cuando es comparsa, simplemente, donde compiten en la misma sintonía compañeras y compañeros". Porque las mujeres que se suben a las tablas y que van superando pases reciben una buena dosis odio, desgraciadamente, "sobre todo en redes sociales, da miedo, porque todavía hay gente que no distingue una bandurria de una pelota, y aun así se atreven a opinar de esto, a opinar de Carnaval, y es lamentable".
Así que Ramoni alza su voz junto a su comparsa por más mujeres comparsistas, coristas, y también en el humor, donde todavía no se han atrevido, "pero ya está ahí, que hay muchas niñas con age".
La segunda letra, se ha desviado hacia la trágica situación de la vivienda en la ciudad, que se desangra, que se vacía poco a poco de sus gentes y de sus mayores, "como es mi caso, que soy viñero y he tenido que irme de exilio a Chiclana, donde estoy muy contento, que es mi Chiclana querida, pero que me tuve que ir por lo prohibitivo de los precios de Cádiz, que se está convirtiendo en un parque temático para cuatro listos y para gente de fuera, con la pena que esto supone para la gente de Cádiz, que se tiene que ir".
Dos letras muy aplaudidas y que vienen a cerrar el bonito círculo de un repertorio hilvanado por el maravilloso estribillo juguetón de un viejo enamorado de la ciudad, "que me tiene enamorado", y ese popurrí que se desarrolla in crescendo, con esa pegadiza y emotiva cuarteta final. Queda carrera y queda fondo.
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