Cabalgata pecaminosa
Doña Cuaresma
Hoy es un día grande para mucha gente de Cádiz:ponen a la venta las sillas de la cabalgata, ¡oh!, se paraliza todo, según le he escuchado decir a una mujer en la farmacia de San Antonio. Pese al mal tiempo, hoy se organizarán grandes colas, formadas por personas mayores ociosas, con el único objetivo de ver en primera fila ese cortejo hortera que nuestro Ayuntamiento, desde que llegó la democracia, viene organizando el primer domingo de Carnaval. Un desfile que, según me cuenta mi querida amiga Clotilde, porque yo nunca lo he visto, está plagado de tentaciones diabólicas, de mucha carne al aire de pecadoras y pecadores. Que ya en tiempos de Vicente del Moral, cosa que yo no veía con buenos ojos, desfilaban las majorettes de Montpellier enseñando más pierna de la debida. Luego, cuando aquí gobernaba Carlos Díaz, era una tradición traer a brasileñas destapadas. Y ahora también hay destape, con mucha malla pegada. Todo eso es presenciado por niños y niñas, pero la moral ha desaparecido de nuestras vidas y ni tan siquiera un alcalde peperiano es capaz de frenar estas costumbres tan laxas. Mientras medio Cádiz estará en la avenida contemplando el horror de una cabalgata de Hacendado, yo permaneceré en casa, con manta y sofá, viendo Trece televisión, que ha programado un reportaje con los viajes más importantes del Papa Juan Pablo II. Planazo.
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