Cádiz CF | Opinión La dignidad del Cádiz CF no se negocia

  • Si el club es empujado a Segunda por razones que escapan a la lógica, que baje con la cabeza alta, sin callarse y sin dejar de pelear en el campo

Los jugadores del Cádiz piden explicaciones a Pizarro Gómez. Los jugadores del Cádiz piden explicaciones a Pizarro Gómez.

Los jugadores del Cádiz piden explicaciones a Pizarro Gómez. / Javier Etxezarreta/Efe

El escandaloso arbitraje sufrido por el Cádiz CF en el encuentro contra la Real Sociedad disputado el domingo 7 de febrero ha provocado un estallido general de todo el planeta cadista, incluido el propio club. Basta ya de vejaciones sin respuesta. Por qué callar ante un expolio que se repite como el día de la marmota.

La carta que el presidente, Manuel Vizcaíno, ha enviado a su homólogo en la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Luis Rubiales, no es fruto de un calentón puntual. Es la consecuencia de una concatenación de hechos que se vienen produciendo a lo largo de la temporada del retorno del equipo amarillo en Primera División.

Bastante tiene el equipo con lidiar con sus indiscutibles carencias y con enfrentamientos contra rivales muy superiores como para tener que soportar el continuo golpeo de decisiones sujetas a interpretaciones que, casualidad o no, una y otra vez van en contra del Cádiz CF. Ni una a favor y no se trata de exigir beneficios, sino de que no se rían de un club, una ciudad, una provincia y miles de seguidores. Que la balanza siempre se incline hacia un mismo lado es como mínimo extraño. Qué fácil es ensañarse con el modesto mientras los medios nacionales reproducen el golazo de Mbappé en la Liga francesa y pasan olímpicamente de un pequeño club del sur de España.

Los constantes vaivenes en los criterios arbitrales y del VAR acaban perjudicando siempre al mismo. Lo que en un área es una cosa es otra en el lado opuesto. Lo que un día es así otro día es asá. Nadie sabe a qué atenerse. Están jugando con el Cádiz CF y su gente. La afición se siente estafada por los mandamases de una competición que ven adulterada.

La gota que colmó el vaso fue la primera parte del partido contra la Real. Tan penalti es la mano de Negredo como la de Zubeldia. O ninguna de las de dos. Pero una sí (la del goleador cadista) y la otra no es lo que prende la mecha de la indignación en el cadismo. Y para remate la expulsión de Marcos Mauro, que podría haber sido o no.

Tres decisiones del árbitro Valentín Pizarro Gómez puntualizadas por Antonio Mateu Lahoz desde el VAR y todas cambiadas tras la revisión en el monitor. ¿Quién arbitró el partido? Mateu fue la mano que meció la cuna desde una sala. Todas las decisiones podían haber tomado una dirección u otra, pero todas, todas, fueron en contra del Cádiz CF. Sí que es raro, sí. No hacía falta pisotear al equipo de Álvaro Cervera, que seguramente hubiese perdido de igual manera. Lo grave es que cercenaron su tentativa de puntuar en un terreno complicado.

La traumática experiencia del Reale Arena no es un caso aislado. Por las redes sociales, y es sólo un ejemplo, circulan imágenes que comparan la mano de Negredo con la de Pere Milla en el partido contra el Elche. Imposible apreciar la diferencia, pero la mano del jugador ilicitano no fue señalada como penalti. Ni siquiera fue revisada en el monitor. Y el penalti como una catedral sobre Alberto Perea en el duelo ante el Granada...

La queja pública de la entidad es necesaria porque lo que está en juego es la dignidad del Cádiz CF por encima de todo. Si el club es empujado a bajar a Segunda sin darle otra posibilidad, lo menos que puede hacer es alzar la voz y expresar un pensamiento compartido por la inmensa mayoría de una afición harta de tanto escarnio.

Más vale descender en pie que permanecer callado con la cabeza agachada y el entripado que supone tener que aguantar el intento de humillación sin poder expresarse con libertad. ¿Para qué callarse nada cambia con la boca cerrada?

Algo está pasando y de nada sirve el silencio ante una situación intolerable. Si al Cádiz CF le están arrebatando sus opciones, al menos que resuenen sus protestas mientras sigue batallando en el terreno de juego.

Tampoco es que la quejas vayan a variar nada, pero al menos que los hurtadores de ilusiones se enteren de que las sospechas del cadismo de que alto raro está pasando tienen fundamento. La tomadura de pelo tiene un límite.

Que desde el Comité Técnico de Árbitros deslicen que el VAR no influyó en el resultado en San Sebastián suena a cachondeo. El colectivo arbitral no parece querer parar de reírse del Cádiz CF y su afición. Además de pifiarla en el terreno de juego, se regodea en los despachos. ¡Qué VAR-güenza!

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