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El verano de los bajitos

Las familias afrontan desde esta semana el periodo de vacaciones de los hijos, que a menudo obliga a buscar actividades para atender a los más pequeños

Virginia León-José Antonio López

24 de junio 2016 - 07:19

Acabó el colegio. Niños y adolescentes empezaron ayer, primer día de vacaciones, a olvidar el horario escolar, las actividades extras y el tiempo, más o menos intenso, de estudio. Por delante, tres meses de recreo continuo y un horizonte de actividades múltiples para ocupar un tiempo de ocio que los expertos recomiendan llenar, que no rellenar, de momentos de calidad con la familia, de momentos imposibles de afrontar en el encorsetado invierno.

Los más pequeños de la casa ya están de enhorabuena. A la espera, en algunos casos, de conocer los resultados finales del curso, para saber si el verano será una fiesta completa o incluirá alguna recuperación, el colegio ya es historia y por delante se presentan tres meses de asueto y tiempo libre que los padres tratan de organizar desde la particular premisa de unas obligaciones laborales que para la mayoría de progenitores aún no han acabado. Cada casa, nunca mejor dicho, es un mundo y cada familia estudia qué hacer con los niños cuando aún los padres trabajan y qué hacer a partir del momento en el que las vacaciones sean plenas y puedan disfrutarlas todos los miembros de la familia.

Ayer mismo, una mujer viajaba en el autobús urbano con tres pequeños que, según contaba a una amiga, llevaba a un taller de teatro. Hay infinidad de actividades, campamentos y talleres que tratan de llenar el tiempo libre de los hijos en el que caso de padres que aún no disfrutan de permiso y que, por distintas razones, no pueden echar mano de los abuelos, que también ayer se veían en buen número por las calles con sus nietos.

De la manera que sea, lo cierto es que el verano es una época con elementos tan distintos al curso escolar que es necesario planificarlo desde algunas premisas básicas que impidan que la flexibilidad horaria del estío derive en un descontrol que no hará ningún bien a los más pequeños. Así, echamos mano de un experto para conocer cuáles deben ser los criterios para afrontar este periodo tan esperado por todos.

Fernando Sáez forma parte del grupo de orientadores de la Delegación Territorial de Educación, un equipo multidisciplinar integrado por pedagogos, psicólogos, médicos y logopedas que atienden las necesidades de los estudiantes en el año escolar pero que también tienen aportan ideas de cara al periodo estival que acaba de comenzar y sobre el que orientan y aconsejan a los padres.

"Lo fundamental -explica Sáez- es romper un poco la rutina que hemos tenido durante todo el invierno y la primavera. No es que abandonemos lo que estamos haciendo pero sí que evidentemente disponemos de más tiempo, un tiempo mucho más flexible. Y se trata de no seguir haciendo lo mismo, sino de hacer cosas con más calidad. Lo que no se puede hacer durante el año hay que hacerlo ahora, y eso no solamente incluye actividades de refuerzo, de aprendizaje de inglés o de informática, que es donde los padres hacen más hincapié, sino que eso habría que dirigirlo a mejorar los tiempos de estar con la familia, tiempo de comida con la familia que a lo mejor durante el año no podemos hacer y está muy abandonada. El tiempo de ocio con la familia que durante el año, por horario del padre o de la madre, a veces imposibilitan poder ir juntos a una excursión al campo, a la playa, a un parque acuático, donde sea. Los padres hacen mucho hincapié en el tema curricular, en lo escolar, y nosotros hacemos más hincapié en volver a reconducir el tema familiar, las relaciones familiares, afectivas, emocionales".

Salvo excepciones, los padres suelen disponer de treinta días de vacaciones. A lo sumo, dos meses si se dedican a la enseñanza. Esta circunstancia obliga a muchas familiar a buscar algún acomodo a los pequeños mientras que sus padres trabajan en alguno de los meses de verano. La oferta es muy extensa. A los campamentos urbanos que surgieron hace aproximadamente una década se suman ahora talleres, cursos deportivos, campus de fútbol, escuelas de idiomas... Actividades que se detallan en el artículo adjunto de esta misma página y que posibilitan, siempre que el bolsillo lo permita, que los niños estén atendidos durante la ausencia de los padres. Fernando Sáez admite las ventajas de estos cursos, pero insiste en la necesidad de aprovechar este periodo del año para realizar actividades en familia, aquellas que no se pueden hacer en otros momentos: "Es una época que nos permite viajar con nuestros hijos, ir a la playa con nuestros hijos, ir al monte con nuestros hijos; hasta compartir las tareas domésticas con nuestros hijos para que poco a poco se vayan introduciendo. Aprender inglés se puede hacer durante el curso; informática, también durante el curso. Pero la flexibilidad que da al niño no tener horarios cerrados, pues permite que a lo mejor se puede comer a las tres, y esperamos que venga el padre para comer todos juntos a las tres".

Pero puede también que la tranquilidad del verano se vea zarandeada, en la etapa de Secundaria, por algún suspenso. Sáez aboga, en este caso, por no dramatizar ni enfocar el verano desde el 'castigo' que puede suponer estar pendiente de una recuperación: "En este caso, es normal que se dedique algo de tiempo al estudio, y clases particulares si los padres no pueden echar una mano al chaval; un poco de tiempo hay que dedicar a recuperar esos aprendizajes".

Sin embargo, este orientador alerta de uno de los grandes males de los niños y los adolescentes de hoy en día, que es el sedentarismo y el enganche a las consolas: "El mayor defecto que tenemos actualmente es que los chavales tienen mucho tiempo libre, muchas horas disponibles, y pasan mucho tiempo con una vida muy sedentaria, muy apegados a la consola". Frente a ello, Sáez propone la lectura. Ya que van a estar sentados, al menos que estén leyendo. El orientador apuesta por ofrecerles lecturas "muy cercanas a sus gustos y no extensas, para que se vayan aficionando a leer".

El último consejo es crear, de alguna forma, una rutina veraniega, organizar el verano a partir de algunas premisas y privilegiando, siempre, el tiempo en familia: "Nosotros decimos a los padres que se planteen un horario, aparte de levantarse algo más tarde porque es verano, desayuno, echan una mano en las labores de casa, a fregar los cacharros del desayuno, la cocina, labores domésticas, y luego empezamos con las clases, o leer. O nos marchamos todos a hacer la compra, a la piscina, que incluya de todo: juegos en la calle, juegos con los amigos, un tiempo de televisión o de consola. Sobre todo, hay que cuidar mucho que el tiempo lo permite para comer todos juntos y programar actividades en las que estemos toda la familia".

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