Los últimos de la Posada del Mesón
vivienda La rehabilitación total del casco histórico aún no es un hecho
Una madre y su hijo llevan varios años soportando las molestas obras que se realizan en el Teatro Romano y acusan a la Junta de Andalucía de estar comportándose con ellos "como asustaviejas"
Antonio y su madre Catalina son los únicos inquilinos de la otrora populosa Posada del Mesón. Atrás quedaron las risas de los vecinos, casi una gran familia, que poblaron sus estancias durante años. Ahora los únicos ruidos que se oyen provienen de la obra que la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía realiza en el Teatro Romano. Catalina, que cuenta con 77 años, y su hijo, de 40, aseguran que ya no pueden aguantar más la situación y piden una vivienda digna a la que trasladarse con sus enseres. "Ya no podemos aguantar más esta lamentable situación de ruidos insoportables, polvo, suciedad, abandono, inseguridad, insalubridad y, lo peor de todo, la total indiferencia de los encargados de buscarnos una vivienda en la que ubicarnos", comentaba ayer Antonio.
Catalina, natural de Alcalá, se mudó a Mesón,11 hace 40 años, justo antes de que naciera su hijo Antonio. Tras el incendio de la Fundición Vigorito pasaron 16 meses realojados en una pensión, "en un cuarto vivíamos los cuatro, mis padres, mi hermana y yo", recuerda Antonio. Posteriormente estuvieron 11 años en Puntales, "en una de las peores zonas del barrio por cierto, y cuando ya habíamos perdido toda la esperanza nos trasladaron aquí de nuevo". Antonio asegura estar muy decepcionado con el que fuera dirigente de la asociación de vecinos del Pópulo, Antonio Gallardo, que "no nos ayudó en su momento, pese a que le expuse nuestra situación".
El inmueble de Mesón,11 fue expropiado a su dueño y la compró la Junta de Andalucía, "que tiene que respetarnos el contrato de alquiler que nosotros tenemos".
Desde el año 2001, en que volvieron a la finca, han visto como algunos vecinos han ido falleciendo, y se quejan de que "cuando esto sucede la Junta echa el cerrojo a la casa y se acabó. No mete un duro en el inmueble, que está cada vez peor. Nos dijeron que para el Doce tendríamos que estar fuera de aquí, pero nadie se pone en contactos con nosotros. Es como si no existiéramos".
Antonio también carga contra la Oficina de Rehabilitación, "con la que llevo cuatro años hablando para que me den una solución a mi problema. Me reuní con Carolina Camacho y le dije que si me ofrecía algo que me gustara me iría sin dudarlo, aunque fuera una casa más pequeña, con un dormitorio menos, pero lo que sí les exijo es que quepan mis muebles, a no ser que la Junta de Andalucía quiera comprarnos unos nuevos claro, je".
A Antonio y su madre les gustaría poder optar a una de las casas que se han construido en la calle Chano Lobato, en el barrio de Santa María. "Está por aquí cerca, porque mi madre, a su edad, no quiere salir de esta zona". Lo que ocurre es que le han comentado que esas viviendas están reservadas para los vecinos que las habitaron. "A mí -dice Antonio- no me salen las cuentas, porque son cinco o seis vecinos y yo creo que hay como 10 ó 11 casas libres".
"De los 3 vecinos que por aquel entonces vivíamos en la finca, (pues los demás los fueron desalojando a base de dejar pasar el tiempo esperando que se murieran pues eran muy mayores y así se ahorraban el realojarlos), a una mujer muy mayor y sola la convencieron para que aceptara irse a una residencia de ancianos y el otro vecino con su mujer se enteró de una vivienda muy cercana, en Mesón,6 y propiedad de la Junta y luchó por que se la concedieran, como así fue finalmente. Y ahora quedamos nosotros, que sólo nos han ofrecido una vivienda hace poco y que rechazamos porque no tenía las mínimas condiciones que necesitamos, por lo visto se han querido aprovechar de nuestra angustia con el problema de la obra para colarnos cualquier cosa y no pensamos aceptar presiones de asustaviejas, que es como se estan comportando"
En los últimos tiempos el deterioro de la vivienda por culpa de las obras en el Teatro Romano está llegando a ser enorme. "Incluso han roto una escalera de acceso a nuestra casa y tenemos que pasar por un puente de chapa. Hace un tiempo hicieron un desperfecto en mi dormitorio y lo arreglaron con un parche de cemento. Me dijeron total, para lo que vas a estar en la casa. Pero el caso es que aquí sigo, y el dormitorio está precioso con el parche".
Por último, Catalina y Antonio rogaron que atiendan su caso y que "no nos ignoren. Eso es lo que más nos duele".
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