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"Los secretos de mis amigos famosos se irán conmigo a la tumba"

ciudadanos de cádiz

Entrevista. Un lujo para Cádiz. Un confesor y amigo para los artistas. Un gaditano que se hizo a sí mismo desde la recordada boutique Lord John en la calle Cobos

J.m. Sánchez Reyes

04 de mayo 2014 - 01:00

UN periodista le rebautizó como el diseñador de las estrellas. Ciertamente, pocos diseñadores españoles pueden presumir de haber vestido a tantas celebridades. Sabe de ellas más que muchas revistas, pero se llevará los secretos a la tumba. Antonio Ardón habla de sus experiencias profesionales fuera de su Cádiz, ciudad de la que nunca ha querido separarse. Nos recibe en su tienda de la avenida Cayetano del Toro, rodeado de fotos en las que posa con sus célebres amistades.

-¿Cómo fueron sus inicios en el mundo de la moda?

-Mi sueño no era la moda, era la arquitectura. Pero entré en Lord John, de la familia Pacheco, una tienda de moda a la vanguardia en la calle Cobos. También tenían Paños Pacheco en la calle Pelota y Confecciones Amaya en la plaza de San Juan de Dios. Los Pacheco me trataron siempre de maravilla. Entré allí para promocionar unas prendas, como modelo. Tenía 15 o 16 años. Y al mes, cuando acabó mi trabajo me ofrecieron quedarme. Me había gustado el trabajo. Una vez dentro empiezo a prepararme y hago bellas artes, moda, diseño y confección mientras trabajaba como dependiente y escaparatista. Tengo recuerdos maravillosos de aquella época de mediados de los 70.

-Acabó usted diseñando, aunque no edificios.

-Hago arquitectura de otra manera. Siempre me gustó diseñar. A mis amigas siempre les hacía bocetos, por puro placer.

-¿Cuándo se estableció por su cuenta?

-Me independicé incluso por consejo de mis jefes. Yo les recomendé montar una tienda novedosa, de alta costura, unisex, y ellos me dijeron: "Eso lo tienes que hacer tú ya y solo". La primera tienda la tuve en la calle San Pedro. En esta tienda de la avenida llevamos 14 años.

-¿Cuándo se produce su salto como modisto de celebridades?

-Cuando yo me independizo, Paco Rubio, que era mánager de Rocío Jurado por esta zona de Andalucía, me dice que Rocío ha escuchado hablar de mí. Paco me pone en contacto con ella. Quería hablar conmigo. Llevaba sólo meses en la alta costura y me asusté. Una semana antes le había dicho a Maribel, mi hermana, hojeando una revista, que mi sueño sería vestir a Rocío Jurado. Fue una casualidad. A la semana se cumple el sueño y me pide Paco unos diseños para llevárselos. Le llevé a Chipiona una carpeta con diez diseños. Almorzamos juntos y vio los diseños. Me los traje de vuelta sin saber si les había gustado. Por la tarde me llamó ella desde el aeropuerto para encargarme los diez trajes.

-¿Eso fue justo cuando Rocío Jurado fue pregonera del Carnaval de Cádiz, en 1985?

-Exactamente. Algunos de esos trajes los sacó en el pregón y en los bailes del Falla. En la noche del pregón me obligó a disfrazarme de almirante y ella misma me pintó un bigote con el lápiz de ojos.

-Un diseñador de su prestigio, ¿por qué no trabaja en lugares con más oportunidades para su profesión como Madrid o Barcelona?, ¿tanto le tira su tierra?

-Cádiz me tira mucho, la verdad. Soy una persona que necesita estar rodeado de gente que quiero y me quiere. Tuve una oferta muy buena para irme a Francia. Puse en una balanza la oferta y la cercanía de los míos. Elegí lo segundo. No me arrepentiré nunca. Estuve dos años yendo y viniendo cada día a Madrid para trabajar en televisión, en Tele5. También estuve en Antena 3 y en la 1.

-Tiempos de vacas gordas aquellos, ¿no?

-Bastante. Yo vestía a las niñas del Telecupón, a Carmen Sevilla y Agustín Bravo. Trabajé en Vip Noche, con las Mamachichos.

--¿Con las Mamachichos?, el segundo destape de este país, en los comienzos de Tele5.

-Sí, sí (ríe). Eran unas chicas estupendas, preciosas. Había mucho trabajo entonces.

-Había mucha faena, pero dormía usted cada noche en Cádiz.

-Eso lo tenía muy claro. Porque, aparte, nunca me gustó la trastienda de la moda. No me atrae lo que se cuece ahí. No soy de fiestas ni desfiles. Recuerdo un desfile en el Hotel Alcora con varios diseñadores españoles, los más reconocidos. Cada uno sacamos nuestros vestidos. Había celebridades entre el público. Saludando al final desde la pasarela me llamó Rocío Jurado para que me bajara y le diera un beso. Al volver a los camerinos, tenían todos la cara de un metro.

-Hábleme de sus referentes en el mundo de la moda.

-Valentino, sin duda. Es quien más bella ha puesto a la mujer. Mis colecciones tienen un gran respeto para la mujer, como las de Valentino. Sin excentricidades. Con modelos con curvas, atractivas. Mis modelos son exclusivos.

-¿De qué manera ha afectado la crisis a su profesión?

-Muchísimo. Ahora con decir "sigo luchando" ya es un éxito. Se casa menos gente y las personas que vienen buscando un traje se quieren gastar poco. Ha bajado mucho el trabajo con los artistas, que tienen menos actuaciones. Y las televisiones han cerrado el grifo de programas donde los diseñadores teníamos mucho trabajo. Ya no hay esa alegría de los programas de variedades.

-Dirigió un curso en Cádiz, municipal, orientado a la marca 'Cádiz Textil'. ¿Cómo fue aquella experiencia?

-Preciosa. Ese fue el primero. Luego he dado más cursos. Y del que estoy más satisfecho fue el de la ropa de 1812, que se expuso en la Cárcel Real. Hicimos un estudio profundo de cómo se vestía la gente entonces.

-¿Cuajó la marca?

-Quedó a medias. Pero hay muchas mujeres que aprendieron mucho como alumnas. Tenían una pequeña idea de costura y salieron, muchas de ellas, abriendo sus propios talleres o trabajando por cuenta ajena. Esa es la mayor satisfacción.

-¿Es cierto que propuso a la Casa Real un diseño de traje de bodas para Letizia Ortiz?

-Cierto. Lo envié porque quise. Me contestó dándome las gracias. Y me decía que contaría conmigo para el futuro. No ha sido así. Pero tengo otra anécdota con la familia real.

-Cuente, cuente.

-Cuando se iba a casar la infanta Cristina envié un diseño a la Casa Real. El día que se casó vi por la tele que el traje de bodas era igualito al que yo diseñé. Esto nunca lo hemos comentado fuera de nuestro equipo de trabajo. Y hace unos años, antes del follón de la infanta y Urdangarín, vinieron a Cádiz a un acto, al Palacio de Congresos, al que yo estaba invitado. La alcaldesa me presentó a la infanta y yo, que muchas veces no me las pienso, le dije que el diseño de su traje de bodas era mío. La alcaldesa me miraba como si yo estuviera loco. Se lo expliqué y también me dijo que iba a contar conmigo. Imagino que ella eligió entre los bocetos recibidos y se lo encargó a quien se lo hizo.

-Decía usted en una entrevista poco antes de la boda del príncipe Felipe con Letizia que para ese día había vestido a tres invitadas de la alta sociedad, pero no quiso dar los nombres. ¿Se pueden dar ya esos nombres, diez años después del enlace?

-No, porque esas personas siguen siendo clientes y no tengo porqué desvelar sus nombres. Sin permiso no puedo comentar nada.

-Hablando de confidencialidad, ¿le han ofrecido alguna vez dinero por contar cotilleos de los famosos a los que ha vestido?

-Mucho. Y actualmente también. Mis amigos son sagrados, totalmente. La confianza que han depositado en mí no la voy a traicionar. Me cuenta, me dicen cosas, pero sé escuchar y todo va a la tumba conmigo. Eso lo dejo para otro tipo de personas. Y eso que me han tentado, ¿eh?.

-Le habrán puesto en muchos compromisos.

-Le pongo un ejemplo. Yo trabajaba en el programa 'Cambio radical', donde personas que jamás se habían arreglado en su vida tenían la oportunidad de ser maquilladas y vestidas. Yo comentaba en una mesa mi trabajo con estas personas. Y una vez en Semana Santa me sentaron con Chelo García Cortés y Ana Rosa Quintana, entre otros periodistas del corazón, porque faltaba gente. Empezaron a hablar de Isabel Pantoja y me preguntaban. Cada vez que me preguntaban me negaba. Y en los descansos me pedían que diera caña. No estaba allí para eso, pues mi único objetivo era entregarle en directo a Ana Rosa un retrato que yo le había pintado. No sé qué pasó que no volví más a trabajar en ese programa. Castigado. Nunca he perdido el tiempo en hablar mal de nadie. Me he resistido. Más de una vez he tenido que esperar aquí en el taller escondido hasta las tres de la madrugada a que se fueran los periodistas de la puerta.

-¿Para preguntarle por qué asunto?

-De los Janeiro, que son muy amigos míos. Hasta que no salió la exclusiva de la boda de Jesulín y María José Campanario en el 'Hola' me acribillaron a preguntas. ¿Cómo iba yo a contar nada? Entrar en ese mundillo de cotilleos acaba con tu prestigio. Fui, soy y seré un confesor de los artistas. Cuando me lo han querido contar, claro. Nunca les he preguntado ni he sentido curiosidad.

-¿De qué famoso se siente usted más orgulloso de haber vestido?

-Hombre, la que me hizo más ilusión fue siempre Rocío Jurado. Era como mi musa. Muy exigente y le gustaba la perfección. Ella me llamaba dos días antes de actuar y sabía que podía confiar en mí, no hacía falta hablar más. ¿Sabe que nunca le tomé medidas?

-¿Qué me dice?

-Por lo menos conmigo no se dio el caso. A ella le daba mala suerte, según decía. Lo decía de broma, como si fuera un sepulturero.

-Usted tuvo con ella una relación muy especial.

-Y tanto. Ella me abrió muchas puertas. Hasta para presentar mis colecciones en América.

-¿Qué cree que pensaría Rocío Jurado si pudiera ver con sus ojos los escándalos que vive ahora su familia?

-Sólo le puedo decir que Rocío era una mujer muy preparada y seria para sus cosas. Lo dirigía todo y quería que las cosas salieran siempre bien. Tenía mucho carácter y todo el mundo a su alrededor se movía a su son. Era una madre de todos. Su equipo funcionaba a la perfección cuando ella estaba. Con esto lo digo todo.

-Otra de sus musas fue Sara Montiel.

-Me enamoré de ella cuando la vi en un cartel de una película del Cine Delicias, en Cádiz. Me colé en el cine con 12 años. Hace poco más de 15 años me la presentaron. Con motivo de un desfile que hicimos en Valladolid aceptó ser la madrina. Y ahí empezó nuestra amistad.

-¿Cómo era Sara?

-Divertídisima, cercana, especial, con un sentido del humor increíble y una forma de pensar muy moderna. La echo de menos.

-Viste usted también a la familia de Julio Iglesias.

-Es algo que casi nunca he dicho, o al menos no ha trascendido. Miranda es una persona excepcional, educada, maravillosa. Me tratan fenomenal. Julio es un tipo muy normal, un cachondo, me cae de lujo. Vestimos a su equipo.

-¿Otros famosos que hayan vestido sus creaciones?

-Muchos. Rocío Dúrcal, Pasión Vega. También José Luis Figuereo 'El barrio', un tío como la copa de un pino, un artistazo, sencillo... yo creo que cuanto más grande es un artista más normal es en el trato cercano. Y hay famosos de medio pelo que se comportan como gilipollas. Con mucho cuento.

-¿El famoseo ha perdido caché?

-Para mí, sí. No veo el glamour de antes. Salen mucho en los medios, y antes había más misterio alreredor de las estrellas. Ahora cualquier es artista. Y hay mucha mediocridad.

-Dígame el nombre de una celebridad a la no haya vestido y que le hiciera ilusión hacerlo.

-La Reina Sofía, por ejemplo. Me hubiera encantado.

-Aparte de la moda, ¿qué otras aficiones tiene Antonio Ardón?

-La pintura. Llevo mucho tiempo preparando una exposición que se va a llamar 'Mírame', y son sólo ojos de personas. Me atraen las miradas de las personas. Tengo pintados los ojos de Lola Flores, Sara Montiel, Rocío Jurado... y ojos de amigos y conocidos de Cádiz. Con suerte la inauguraré en otoño. También me encanta la música: copla, flamenco, ópera, clásica... Según mi estado de ánimo escucho un tipo u otro. Y guisando también escucho música. Soy un cocinillas.

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