Los héroes olvidados
Arrabal de Puntales y la AVV Segunda Aguada lamentan que este año las instituciones no recuerden la defensa de la ciudad que hicieron los Voluntarios de Extramuros
Pascual Abelleira, Manuel Adrián, Francisco Borrego, Bruno Calvo, José Escalzo, Antonio García, Agustín Gómez... Son nombres desconocidos para la mayoría, pero corresponden a hombres que arriesgaron su vida por defender la ciudad y España. Su acción permitió que los diputados doceañistas se reunieran en el Oratorio de San Felipe para elaborar la primera Constitución española y que la vida discurriera con normalidad en el centro de Cádiz, hasta el punto de que, a pesar del asedio de las tropas francesas, continuaron las representaciones teatrales y las tertulias en los cafés, en las que se comentaban las sesiones de las Cortes.
Son los Artilleros Voluntarios de Extramuros. Un grupo de 107 ciudadanos que se unieron de manera altruista para defender España ante la invasión del ejército de Napoleón Bonaparte. Según Isabel Bahamonde, presidenta de la asociación Arrabal de Puntales, tras el levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid, "hombres de todas las clases sociales se acercaron a las mesas que estableció la comisión de alistamientos en las plazas más amplias de la ciudad. Los escribientes se turnaron día noche".
Bahamonde explica que los batallones de voluntarios de Cádiz estaban formados por personas exentas de ir a la guerra en el ejército regular, ya que los que estaban en condiciones de luchar se alistaron en el ejército. Sus edades comprendían entre los 16 y los 45 años y muchos eran casados, viudos con hijos o mozos de ricos. Estos voluntarios que defendían la ciudad no recibían paga alguna y, además, corrían con los gastos de su manutención y uniformes.
En total, eran casi 5.00 hombres. De ellos, 2.000 eran voluntarios distinguidos del casco antiguo, otros 2.000 de la milicia urbana general, 400 artilleros y 500 de infantería ligera. Estos dos últimos grupos, aunque especialmente los artilleros, se reunieron por vecindad creando los Voluntarios de Extramuros para defender los baluartes cercanos a sus viviendas. Como era gente procedente de la huerta, se autodenominaron lechuguinos y, entre ellos, los de Puntales se nombraron perejiles para diferenciarse. El resto de cuerpos también tenían sus motes. Así, a los voluntarios distinguidos se les conocía como los guacamayos, por la vistosidad de su uniforme. A los artilleros gallegos, como los obispos; los cazadores eran conocidos con el sobrenombre de cananeos, por las cananas que utilizaban para portar su munición, y los miembros de la milicia urbana eran los pavos.
En total, defendiendo los extramuros se encontraban unos 206 hombres, de los que 107 eran voluntarios. 100 eran artilleros voluntarios y 7 distinguidos. Todos estaban bajo las órdenes del José Macías García de Santaella, quien fue nombrado por la Junta de Defensa de Cádiz comandante único de los vecinos de extramuros, del fuerte del Puntal y de sus playas.
El 24 de Septiembre de 1810, se hicieron unas Cortes Generales Extraordinarias en San Fernando, que representaban a todas las provincias españolas de la península y de Ultramar. Mientras la ciudad de Cádiz era bombardeada continuamente por la artillería enemiga, el único baluarte o defensa que disparaba hacia las diferentes posiciones enemigas para aliviar a la ciudad del continuo bombardeo era el fuerte del Puntal. Los artilleros voluntarios disparaban con morteros a sus espaldas continuamente hacia el Trocadero y Fort Luis, aunque algunas veces lo tenían que hacer con artillería de tierra.
En el fuerte de Puntales, los voluntarios disparaban sin cesar hasta que el 25 de agosto de 1812 los franceses levantaron el asedio a Cádiz y se retiraron dando la guerra por terminada. Durante la batalla, desde el fuerte del Puntal se lanzaron al enemigo 8.261 bombas, 12.950 granadas y 32.048 balas. Mientras que Puntales sólo recibió 1.398 bombas, 1.672 granadas y 12.461 balas, según un informe publicado el 12 de Octubre de 1812 en El Conciso, documento facilitado por Antonio Peinado, presidente de la asociación de vecinos de Segunda Aguada. La fortificación sufrió numerosos desperfectos que, durante la batalla, fueron reparándose por los propios voluntarios. No obstante, el castillo fue objeto de una remodelación más amplia en 1868.
La ofensiva a Cádiz se prolongó durante un total de 32 meses, donde resultaron heridos 75 voluntarios, 35 de ellos muy graves. 14 murieron en combate o por las heridas provocadas.
El 17 de septiembre de 1812, las Cortes ordenan, junto con la Defensa Nacional, que se escriba el acto heroico de los voluntarios para que se cuente a las futuras generaciones. El 10 de abril de 1814, según el libro de las Reales Resoluciones, a este cuerpo de Voluntarios le concedió Fernando VII una condecoración individual. Para los oficiales, una cruz similar a la de Malta, color madera con un medallón elíptico de agua marina. En el centro tiene un castillo con la bandera española tremolada. En el caso de la tropa o voluntarios, un medallón elíptico idéntico a los oficiales cogido en el brazo con una cinta con la inscripción "Valor Acreditado a los Voluntarios de Puntales". Al Coronel José Macías de Santaella se le concedió a su muerte años mas tarde ser enterrado en la capilla del Fuerte que defendió con heroísmo.
Antes de todo esto, el 10 de agosto de 1812 (día de San Lorenzo), los voluntarios del Puntal bendijeron e izaron su bandera, concedida por la Regencia el 7 de agosto. La bandera se izaría en la misma driza que la enseña nacional, justo bajo ella, y sería expuesta durante 3 jornadas, quedando esto como una tradición hasta la actualidad. El Fuerte, desde entonces, pasó a denominarse de San Lorenzo del Puntal.
En el año 2008, el Ayuntamiento de Cádiz colocó una placa en el Patio de Armas del Fuerte con los nombres de los 107 voluntarios de Extramuros. Posteriormente se creó el Grupo de Recreación Histórica Militar Milicia Nacional Distinguidos de Cádiz y Artilleros Voluntarios de Extramuros que cada 19 de marzo celebra la proclamación de la Constitución de 1812.
Tanto Isabel Bahamonde como Antonio Peinado muestran su pesar por el poco reconocimiento que están teniendo estos hombres en el año en el que se celebra el Bicentenario de la primera Constitución española, la de Cádiz, ya que "si no es por la defensa que ellos realizaron, junto con los hombres que se encontraban en el Puente Suazo, hoy no estaríamos celebrando esta efemérides aquí", señala Peinado, a lo que Bahamonde añade que "es muy triste que el Ayuntamiento de Cádiz no se acuerde en estas fechas del Fuerte de San Lorenzo del Puntal donde estos ciudadanos lucharon y dieron su vida por España y por esos diputados a los que hoy en día se le rinden tantos honores". Ellos no están dispuestos a que su hazaña quede en el olvido y les rinden homenaje a través de las asociaciones que presiden.
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