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“La migración, sin quitarle lo dramático que tiene, es algo providencial”

Entrevista De Cerca | Sante Zanetti, secretario diocesano de Migraciones

Este italiano de la orden scalibriniana ha recogido el legado de Gabriel Delgado tras su fallecimiento

Trata de que se mire al migrante mucho más allá de personas que reciben caridad

El padre Sante Zanetti, posa en la plaza de Fray Félix. / Germán Mesa
Melchor Mateo

05 de junio 2022 - 06:00

Sante Zanetti es un sacerdote italiano que pertenece a la orden de los scalabrinianos. Desde finales de diciembre del pasado año es el responsable de Migraciones en la Diócesis de Cádiz y Ceuta. Tras sus estudios en Roma, estuvo 28 años en Buenos Aires, donde conoció al Papa Francisco para después volver a la ciudad italiana de Perugia. Ahora se encuentra en Cádiz donde ha recibido la gran labor de su predecesor, el fallecido Gabriel Delgado, y todo su equipo, como el Centro Tierra de Todos donde se desarrolla la entrevista.

—¿En esos seis meses, en qué ha centrado su labor?

—Antes que nada en el conocimiento de lo que ya se está haciendo con Tierra de Todos, Tartessos, en el Centro San Antonio de Ceuta y otras actividades en la misma diócesis. Hay una cantidad de actividades que está realizando el Secretariado Diocesano de Migraciones sobre las cuales yo estoy todavía enterándome para conocerlas bien. Hay que conocer lo bueno que hay y que ya se está realizando. Para la próxima semana tendremos una reunión para la programación del próximo año por si lo que se vio en estos meses sirve para la del próximo año. Lo mejor era apoyar lo que se estaba haciendo. Y ahora veremos cómo dar continuidad y juntar fuerza nueva.

—¿Qué legado ha recibido de Gabriel Delgado y de su equipo y cuál era la visión que tenía desde fuera y la que tiene ahora dentro?

—La primera impresión fue que este equipo y Gabriel son atentos a las personas. No hay una ideología, un color para seguir o apoyar sino que hay personas que tratamos de ayudar. Eso es lo importante. La prioridad son las personas, los chicos, las mujeres migrantes, los que llegan y no saben dónde cobijarse.

Un aspecto importante es que no sólo es una ayuda social para paliar el hambre o darle una cama donde dormir, sino todo lo que está siendo los cursos, la acogida, para valorar la presencia de esta persona. Para valorar lo que ellos tienen y lo que ellos son, darle posibilidades para que puedan expresar estos valores. Al final las personas migrantes son valoradas como personas que pueden aportar algo a nuestra sociedad, no sólo como personas dignas de caridad y atención, pero personas con las que esta sociedad puede crecer.

—En una entrevista decía que cada vez que llega un inmigrante, se recibe un tesoro. ¿A qué se refiere?

—Cuando uno viene, como persona, trae sus valores, trae también sus preocupaciones porque el migrante se va de su tierra no para hacer turismo, sino porque hay una circunstancia, un peligro o algo que lo empuja a salir de su tierra. Yo me encontré estos días con migrantes venezolanos y colombianos en Algeciras y decían que ellos no pensaban nunca que iban a tener que salir de su tierra. Todos ellos son empujados por las circunstancias y han venido con todo su bagaje, de experiencia, de preparación, algunos son profesionales que tuvieron que dejar todo y venir. En sí la persona migrante trae preparación, valores. Lo que más me maravilla de estas personas que cruzaron el desierto para llegar y el mar con todo el peligro que conlleva, son las ganas que tienen de seguir adelante con la vida y de ponerse de pie y de hacer las cosas bien. Eso es un valor junto a la capacidades que tienen, al color que tienen, la religión que tienen Las ganas de salir adelante es un factor común de todos ellos.

—Estamos en Tierra de Todos. ¿Podemos decir que esta es la joya de la corona de esta Diócesis?

—Decimos que esto es una joya pero después están los que lustran esta joya. Es una institución de esta iglesia de Cádiz y Ceuta que dar respuesta a la cuestión migratoria.

-¿Le preocupa que a base de repetición de hechos, de las muertes, se pierda sensibilidad hacia este tema?

—Hay personas que ven esta situación, que la estudian, que saben bien los números. Hay otros que no sólo ven sino que se interesan y que intentan ayudar. Hay otras personas, que por algún motivo, no quieren ni ver y mucho menos interesarse. Ahora bien, los medios, la gente misma, su opinión puede ser influenciada por estas tres visiones de los migrantes .

—Y en un tiempo convulso para la política, ¿le preocupa esas opciones que tratan de describir al migrante como un enemigo?

—Sin duda hay lecturas que se hacen de la inmigración para provecho de uno, no solamente aquí sino en todo el mundo. Se saca el tema de los inmigrantes para tratar de obtener algunos votos. De izquierda, de derecha o de centro pero yo no me voy a pronunciar en el color. Siempre hay personas que en lo político y en lo social se interesan en el tema de los migrantes para sacar provecho.

—Usted ha estado en muchas partes del mundo, ¿qué tiene de distinto la situación en el Estrecho de Gibraltar y la provincia con respecto a otros lugares en los que ha estado?

—En América Latina hay mucha migración pero gran parte de lo migrantes son cristianos. La unidad de religión da otro sentido a un tipo de trabajo, de inserción. Aquí está el factor del Islam, por lo que una pastoral migratoria no puede ir sola sin pensar en un encuentro, no solo entre culturas diferentes, sino entre religiones diferentes Lo interreligioso es un aspecto diferencial de esta frontera de la inmigración.

Podemos hablar de diálogo pero yo hablaría más de encuentro. De encuentro con la persona que vive en mi barrio que no son cristianos sino islámicos, al que saludo y con el que colaboro para cosas cotidianas. Si además de eso después sale un diálogo más profundo sobre como educar a los chicos, etcétera, mejor. Lo esencial es el encuentro con la otra persona. Eso hay que fomentarlo a nivel religioso, en los ambientes religiosos nuestros, que nuestra gente cristiana se abra a ese encuentro a nivel social.

—Somos la Diócesis de Cádiz y Ceuta y en esta ciudad autónoma la situación es mucho más complicada.

—Exacto. Yo he ido algunas veces por el trabajo de la pastoral migratoria con el trabajo que se está haciendo allí en el Centro San Antonio. En estos meses la situación está bastante estancada. Me impresionaba la situación de los jóvenes que están allí atrapados entre dos paredes porque ni podían volver a Marruecos ni seguir a España. Una situación penosa al ver estos pobres chicos que mendigaban en la ciudad con los miedos que tienen. Si mendigan es porque no pueden acercarse a un centro. Ha habido entidades que han ayudado mucho a estos chicos. Ahora se les abre la frontera.

—Usted una de las cosas que se había planteado era entrar en contacto con otros colectivos y cómo es la red de ayuda a los migrantes.

—Eso se hace especialmente desde tierra de Todos y hay un buen diálogo. Hemos empezado con el padre Livio, que colabora en Algeciras y Ceuta con muchas organizaciones que están implantadas en Algeciras. Allí hay muchas que se interesan desde el punto de vista no sólo religioso, sino también social, jurídico… Cada una con su corte, con su color, con su interés. Ningunos somos autosuficientes pero un diálogo y una colaboración es importante para dar respuesta a la necesidad de las personas. No es importante la visibilidad de nuestras organizaciones sino la atención a las personas y que éstas sean promovidas.

—Usted llegó a conocer al Papa Francisco cuando todavía no era pontífice. ¿Qué recuerda de él?

—Estuve en la Diócesis de Buenos Aires y como cualquier cura de los que estábamos allí, lo conocimos y se mantiene, aunque esté en el Vaticano, con la característica de cercanía y de sencillez, pero también tomando decisiones efectivas que realicen los valores y las expectativas.

—Y también una persona que le da mucha importancia al tema de los migrantes en su pontificado.

—Pienso que en este tema lo que vale no es el haber estudiado la inmigración, o los flujos, sino la cercanía. Haberse acercado con el drama, la esperanza, con la atención, con los proyectos que tiene esta gente que emigra y con el dolor de los que tienen que escaparse de un país. El lo vivió en su familia porque era de una familia migrante. Él en Buenos Aires visitaba las barriadas pobres, adonde gran parte eran argentinos empobrecidos por alguna desgracia o migrantes de Bolivia, Paraguay o Perú. La cercanía marca, por eso el secreto de Nuestro Señor Jesucristo era el hacerse próximo. Hasta que no te haces próximo, no lo entiendes y no actúas.

—¿Cree que sería necesario para una mayor concienciación que todo el mundo pasara por centros como este para conocer a las personas migrantes, mirarle a los ojos, escuchar sus historias y de esta manera romper muchos de los prejuicios?

—Yo entiendo que hay un factor histórico que pesa mucho sobre la mentalidad de la gente, sobre el primer impacto hasta en los cristianos de nuestras parroquias cuando se habla del Islam. El año pasado en el Día del Migrante invitamos a un muchacho que estaba en el centro los trinitarios de Algeciras, un joven marroquí que estaba haciendo algunos cursos y lo invitamos para dar su testimonio. Un joven normal con su pelo despeinado, sus pantalones descosidos, etcétera. Fue un testimonio muy preciso y contó por qué había salido de su pueblo, lo que dejó allí , de los miedos que pasó para poder llegar, él era consciente de lo que le esperaba, que tenía que trabajar para conseguir la documentación y las esperanzas que tenía. No venía para pasarlo bien ni para que le lloviera de arriba la vida. La gente, hasta los mas ancianos, se quedóallí para charlar con él. La cercanía hace cambiar mucho la mentalidad. Pienso que los migrantes mismos para que den un testimonio de vida, no sólo de lo que pasaron sino de los anhelos que tienen, de las ganas de colaborar, nos ayudan mucho a superar miedos y a progresar en una colaboración que es necesaria para todos.

—Es curioso que esta es una provincia en la que recibimos mucha migración en una tierra de emigrantes.

—Donde estaba anteriormente en Piacenza, cuando hacíamos la oración por los migrantes decía que la hacíamos por ellos pero también que de aquí para afuera hay 12.000 y de fuera para dentro otros 12.000. Balanceaba el número de emigrantes e inmigrantes. ¿Cómo podemos sólo rezarle a Dios para los de aquí que se van para fuera, sino también a los que vienen para acá.

—¿En qué situación estamos en el tema de las migraciones? ¿Cada vez va a haber más gente que tome que salir de sus países y además se les ponen más problemas en los países de acogida?

—El fenómeno migratorio no va a acabar, eso está claro. Aunque le pongas muros, vallas, campos minados, como hay en ciertos estados, la inmigración le da la vuelta y encuentra otro camino. Sólo el gobierno de turno le puede facilitar un movimiento o que éste sea más difícil. Lo que se mueve por necesidad va a encontrar una vía de salida de una manera o de otra. Cuando hay guerras, cuando la brecha entre pobres y ricos es cada vez mas grande, eso produce movimiento.

—Vemos el asunto migratorio sólo desde la parte del drama, pero también está el otro lado de la moneda, el de la esperanza de futuro y la construcción de una vida mejor.

—Me gusta subrayar también que la migración la tratamos como un problema. Claro que tiene una parte dramática que es el dejar, cruzar, caminar, etcétera. Pero si la miramos desde otro punto de vista, sin quitarle nada de lo dramático que tiene, es algo providencial. Como nunca los pueblos se están encontrando, se están conociendo y están colaborando. Ahora hay freno, hay países que tratan de proteger sus productos su identidad, su nacionalidad. El proteccionismo al final no es algo que favorece ni al pueblo que llega ni al que vive en un país pero a veces lo hacemos por el beneficio inmediato. Que la inmigración llegue a un resultado providencial en el sentido de positividad es un hecho.

—¿Le preocupa especialmente la situación de los Menas? ¿Qué se está haciendo desde el Secretariado en ese sentido?

—(El padre Sante Zanetti está acompañado de Jerónimo Vicente, coordinador de Tierra de Todos, y Ana Rizo, responsable de área, a los que el sacerdote les da la palabra para que hablen de este tema de los menores no acompañados).

J.V.:

Ahora mismo estamos implementando un proyecto con el Ayuntamiento de Cádiz mediante un convenio de colaboración donde prestamos asistencia en un centro de día que es Tartessos, los menores allí hacen actividades que programamos porque, al ser menores, el que tiene la tutela es la Junta de Andalucía porque lo que tenemos son competencias derivadas. Hemos conseguido hacer de Tartessos un lugar de encuentro para menores y también para chicos ex tutelados, que viven en casas de acogida. Es un proyecto muy bonito y ambicioso que empezamos el año pasado con dos técnicos y es un lugar con muchas actividades formativas y lúdicas. En las formativas está la enseñanza del español, cursos de formación prelaboral y aquí también le asistimos a nivel jurídico y tenemos encuentros personalizados. En estos dos años hemos conseguido hacer de Tartessos un lugar de encuentro y no sólo para estos chicos, ya que el proyecto aparece que se debe interactuar con lo chicos de los barrios populares de los que se encuentran. Y eso lo hacemos a través de muchas actividades. Solo interactuar entre ellos sería un gueto y estimagtizarlos.

En esta actuación se da la circunstancia de que estos chicos nuestros jóvenes, que han tenido un fracaso escolar o lo que sea, encuentran a estos jóvenes tutelados y se crean grandes amistades y a veces los prejuicios son más nuestros de los adultos que de ellos.

A.R.:

Desde hace varios años hasta ahora el tema de los menores, sobre todo de lo ex tutelados, lleva siendo una preocupación que es de las más grandes que tiene la Iglesia con respecto a las migraciones. Desde aquí se han puesto en marcha varios intentos de proyectos así pero cuando cumple la mayoría de edad y se ve en una situación de calle, es mucho mas complicado un trabajo de continuidad con ellos porque todos sabemos lo que trae vivir en la calle y, sobre todo, a esas edades. Es una circunstancia que es preocupante en Cádiz pero en todo el país. Muchos de los que llegan están a punto de cumplir los 18 años y en los centros de menores están poco tiempo Se da poco tiempo y es que ni siquiera a la Junta le da tiempo titularlos. Esos menores cuando están aquí no tienen documentación, están en la calle y están en un vacío jurídico a lo que se suma estar en la calle. Además del trabajo que se hace con ellos de acompañamiento, de asesoramiento jurídico, de búsqueda de empleo, de atención psicológica, tenemos actividades para tratar de que haya incidencia política para que cambien esa normativa porque pasan de ser niños que tienen todo, entre comillas, pero sin un trabajo detrás más allá de darle lo que la administración le da al resto de niños y sin atención personalizada. Y pasan de ahí a la calle sin posibilidad de buscar trabajo por su situación irregular y cuando todavía son niños. Sí se están dando pasos y se han conseguido algunas mejoras como que se pudiera documentar y dar algunos permisos de residencia par el campo pero es complicado. A nivel de impacto en los países de acogida la gente muestra mucho rechazo a los grupos de jóvenes que están en la calle.

—¿Qué ha encontrado en Cádiz?

—La vida es muy amena, la gente acogedora, siempre dispuesta a charlar, a tomar una tapita o una cerveza...

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