Cádiz, la ciudad de las heridas abiertas
La avenida de Astilleros es como un desván, van cayendo cosas sin orden ni concierto y sin una planificación urbanística general
Juanma Moreno se corona
Bruno García las llama heridas y las pinta contabilizadas en su pizarra blanca de la plaza de San Juan de Dios. Son el cementerio de los tiempos muertos, el nuevo hospital, el pabellón Portillo, Valcárcel, el edificio de Náutica, Puerto América, en definitiva, el museo de las cosas pendientes que indigna a los gaditanos a la vez que los sume en una natural decepción. Borges escribiría un gran relato fantástico sobre esa ciudad imaginaria que podría ilustrar con las maquetas y dibujitos de cada campaña electoral. Normal que el alcalde las tenga bien apuntadas, calendarizadas y hasta se las sepa de memoria, porque de la respuesta que le dé en los próximos meses va a depender su reelección.
El consejero de Justicia, el cordobés José Antonio Nieto, del centro calmado del PP como Bruno García y Juanma Moreno, sostiene que a los gaditanos se le ha mentido muchas veces, y aun siendo cierto, lo peor es que tal es el nivel de incredulidad queCádiz no se las creyó nunca. Hace 27 años que escribimos sobre la Ciudad de la Justicia y casi 20 que Rafael Barra y Rafael Román propusieron a Manuel Chaves la construcción de un nuevo hospital junto a la Zona Franca, proyecto que, entonces, fue recibido con un silencio sonoro por parte de la alcaldesa Teófila Martínez, cuando no de la oposición en forma de comunicado de los médicos del Puerta del Mar. Juanma lo haría, sí, pero nos quedan menos de cinco meses para las elecciones autonómicas, y aún sigue pendiente que María Jesús Montero, Bruno García y Antonio Sanz pongan fecha y firmen el convenio. ¿Si Moreno lo ha hecho en Málaga, por qué no en Cádiz?
Pero de estas tantas heridas hay una que, en efecto, es una brecha material, una quiebra en el territorio urbano: la avenida de Astilleros, convertido en el patio trasero de la ciudad, un parque de bomberos, una gasolinera, una estación de autobuses colocada a trasmano, como si estuviese castigada, de espaldas. Otra estación, pero de trenes y taponada por una Aduana, felizmente descatalogada; muchos aparcamientos, más aparcamientos y más aparcamientos; una calzada fea y antigua, y lo que Adif ha convertido en una suerte deenrejado de gallinero: el tramo final de la vía férrea de llegada a Cádiz. No sólo es un atentado estético, sino, posiblemente, un incumplimiento de las medidas de seguridad, puesto que las vías deben estar, completamente, aisladas.
El conjunto queda lejos de ser un desastre urbanístico, porque esta zona no ha conocido ninguna planificación urbanística, es un popurrí de cosas que ahora se verá colmatado por una nueva vía férrea de mercancías que atravesará la avenida desde la estación hasta el puerto. Es uno de esos desvanes imposibles donde el principio termodinámico de la entropía se corona como emperador.
Bruno García tiene presupuesto, ha definido bien las áreas de actuación que reclama la ciudad -el entorno de Valcárcel-Náutica, la avenida de Astilleros y el entorno del nuevo hospital-, pero su reto es llegar a mayo de 2026 con una materialidad que convenza a quienes fueron sus votantes. Cádiz no es una ciudad caprichosa a la hora de votar. Ha tenido sólo cuatro alcaldes desde la Transición, uno de izquierda, Kichi González; dos de centro derecha, Bruno García y Teófila Martínez, y uno de centro con corporación de izquierdas, Carlos Díaz. Sevilla lleva nueve. No es caprichosa, pero su voto es dual. En mayo de 2023 ganó el PP, meses después, pero en unas elecciones generales, el PSOE de Pedro Sánchez fue el más votado.
Bruno García llegó a la alcaldía después de varias tribulaciones del PP -hasta se pensó volver a presentar a Teófila Martínez-, pero en este tiempo se ha convertido en alguien de peso en el partido, es el presidente provincial, ahora es el tiempo de creérselo y de pisar más fuerte.
Las elecciones municipales vienen condicionadas, de nuevo, por las generales. Los alcaldes socialistas y los concejales que están en la oposición claman para que Pedro Sánchez convoque las elecciones antes de mayo de 2027, pero Moncloa comienza a acariciar una nueva estrategia de su laboratorio de prospectiva: alargar la legislatura hasta otoño de 2027 con el objetivo de agotar a Alberto Núñez Feijóo.
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