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"Lo de Guillén Moreno es distinto. Esto es una bronca"

Los vecinos, afectados y conmocionados por el triste suceso

M. Aracama/N. Bello / Cádiz

13 de julio 2010 - 01:00

Los vecinos de las barriadas de San Severiano, la Paz y Guillén Moreno despertaron ayer con un nuevo sobresalto fruto de otra muerte violenta que ha tenido involucrados a residentes en la zona. Fue avanzada la mañana cuando se comenzaron a formar corrillos entre personas que aún desconocían el acontecimiento. Se mostraban esquivos ante las preguntas de desconocidos. En el bar Vitola, los camareros se sorprendían de lo ocurrido, hablaban con los clientes de la paliza que recibió uno de sus vecinos a escasos metros de su terraza. Los clientes, apoyados en la barra, con la cerveza en la mano, agachaban la cabeza y negaban la realidad resignados por la tragedia.

En el supermercado de la avenida del Perú las cajeras repetían la misma conversación con todos los clientes que hacían sus compras. El tema del día, que en circunstancias normales hubiera sido la victoria de 'La Roja' en el Mundial, se mezclaba con la muerte de José Estudillo.

La consternación se siente en las tres barriadas. En San Severiano ocurrió anoche la agresión, los agresores, según algunos conocidos, son de Guillén Moreno y Estudillo era de La Paz. En este barrio residía con sus padres y era donde había trabajado en distintos negocios de hostelería, salvo la temporada que se desplazó a Castellón, para salir adelante como tantos otros gaditanos.

Avanzado el día, en los recreativos La Paz, lugar de los hechos, los grupos de amigos hablaban del tema e ignoraban los televisores que relataban la algarabía de la llegada de la Selección a Madrid. Diferenciaban entre lo ocurrido ayer y la muerte de Tello hace una semana. "Esto es distinto, ha sido una bronca", se escuchaba.

Por la tarde, eran muchos los amigos de la víctima que se concentraban en la terraza del bar Las Pirámides, uno de los lugares donde ha trabajado y donde el padre de José, es un cliente habitual. Los rostros reflejaban tristeza, emoción e impotencia por lo sucedido. Dentro, la conversación del día continuaba. La charla entre camarero y clientes expresaban lo absurdo de la muerte. "Por una tontería así", "Por una mirada", "Hay formas diferentes de arreglar las cosas". En definitiva, consideraban increible lo ocurrido y reclamaban un cambio de vientos para alejar la violencia repentina de la zona.

Pero, la noche no pasó inadvertida: gritos y golpes había sobresaltado a más de un vecino, que asomados a la terraza contemplaban la situación. Durante la trifulca, recuerdan como una señora intervino para amonestar a los agresores recriminándoles que "no tuvieran educación ni otras formas de resolver los problemas". Uno de ellos afirma cómo el fallecido gritaba "Cuando coja a esos dos maricones se la voy a dar" mientras los agresores huían.

De todas formas, los vecinos de estas tres barriadas esperan que la ciudad, tras los últimos acontecimientos, sepa diferenciar entre la sensatez de la mayoría y los arrebatos de unos pocos.

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