Se cumplió el pronóstico
Domingo de Ramos
A pesar del buen tiempo inicial, la lluvia destroza la jornada inaugural a primera hora de la noche
QUISO el Domingo de Ramos llevarle la contraria a los pronósticos, que desde hacía varios días vaticinaban agua, y seguir siendo la jornada esperada de cada año. Se proponían en Salesianos seguir siendo la cofradía 'intacta' de la Semana Santa gaditana. Y por un momento, por unas horas, lo consiguieron. La inestabilidad de la madrugada y de las primeras horas de la mañana dieron paso a un día soleado con unas temperaturas más que agradables, con un calor incluso que se echaba de menos en la ciudad. ¿Quién dice con un día así que se suspende la salida procesional?
Ante la incertidumbre de lo que daban los partes meteorológicos, las cinco cofradías del día se citaron a la una y cuarto de la tarde en la sede del Consejo de Hermandades. De la reunión salió el anuncio (a las dos y cinco de la tarde) de que todas harían estación según lo previsto "si se mantiene el tiempo actual". Esta coletilla en el comunicado del Consejo fue la clave de la jornada.
Hasta alrededor de las cinco de la tarde todo marchaba con normalidad (aunque Borriquita y Despojado salieron a la calle con unos diez minutos de retraso). Pero a esa hora, cuando el Despojado se acercaba al casco histórico por el tramo final de Fernández Ladreda, el viento cambió, se hizo más notorio y con más fresco.
Eso fue clave para la hermandad del Despojado, que ya había decidido antes de salir modificar su itinerario de regreso para tomar San José, San Pedro y San Francisco (entendiendo que sería más ágil) y que ya entonces anunciaba que al entrar en la Catedral consultarían nuevamente los partes meteorológicos para comprobar cuál era la situación y qué opciones tomaban. Y así fue. Con el cortejo de Borriquita avanzando por la calle Santiago -fue la única cofradía ayer en completar la carrera oficial-, la corporación salesiana detuvo su cruz de guía en la puerta de Arquitecto Acero durante un buen rato, provocando un tapón en la jornada. Y tras consultar los partes, la junta decidía regresar a casa sin pasar por la carrera oficial. "A las diez y a las doce tenemos riesgo de lluvias, y no podemos exponernos a eso", acataba el hermano mayor de la corporación, Alfonso Cortés.
Ciertamente, cuando el cortejo del Despojado tomó Arquitecto Acero para regresar al Campo del Sur y poner rumbo, por Bahía Blanca y García Carrera, el aspecto de las nubes era bastante feo.
Justo en ese momento, Humildad -la última del día- se plantaba en la calle. Y la Cena mantenía el itinerario habitual, aunque ya avisaba la junta de gobierno que bajarían por San Francisco en lugar de Rosario y que, en caso de que se complicara la situación, buscarían refugio en la iglesia de San Francisco.
Con el Despojado marchando a Salesianos, el siguiente 'susto' de la jornada lo provocó Borriquita, que en el tramo final de Ancha cambió el andar de la cuadrilla al denominado doble paso (el doble de rápido que el mecido habitual) y con el acompañamiento sólo de los tambores de Polillas puso rumbo apresurado al Carmen cruzando San Antonio y siguiendo por Veedor y Vea Murguía, sin pasar por las Reparadoras de Zaragoza.
Las Penas, en esos momentos, se dirigía al interior de Catedral, al igual que Humildad por San Juan de Dios; y La Cena avanzaba por Candelaria. Instantes después, llegaron las primeras gotas de agua, que terminaron por destrozar un Domingo de Ramos que se torció alrededor de las cinco de la tarde en el Paseo.
Eran las nueve de la noche, hora clave para que la carrera oficial estuviera en su máximo apogeo, para que el Domingo marchara de lo lindo -en función de los soleados cielos del mediodía-; pero la estampa era bien distinta: Las Penas se mantenía en el interior de la Catedral, La Cena corría por Novena, Barrié y Beato Diego para refugiarse en San Francisco (lo que necesitó de una laboriosa maniobra que incluso obligaba a retirar las potencias del Señor); y el palio de Amargura se adentraba en la plaza de la Catedral a paso de agua -que no debe confundirse con el paso a horquilla, mucho más relajado-, mientras Borriquita se apresuraba en la Alameda y el Despojado fue sorprendido avanzando por Ciudad de Santander y Varela camino de Salesianos.
El Domingo de Ramos se rompía por completo. Ya sólo quedaba el regreso de las cinco hermandades a sus templos. Las Penas sería la primera en iniciar el retorno (en torno a las diez menos veinte) desde Catedral a San Lorenzo, por el mismo itinerario de ida; Humildad le seguiría, también por el mismo camino que tomó a la ida y con el acompañamiento hasta la recta final del recorrido sólo de los tambores. Y La Cena cerraría la jornada, ya sin acompañamiento musical (por decisión de la junta una vez refugiados en San Francisco) marchando a Santo Domingo.
Pintaba muy bien la jornada inaugural de la Semana Santa. Pero los pronósticos se cumplieron y el Domingo de Ramos sólo pudo vivirse a medias.
Borriquita. Incertidumbre inicial y muchas prisas al final
Con un cielo tan celeste y luminoso que dolía mirarlo, los hermanos de la Borriquita se prepararon para realizar su Estación de Penitencia. La reunión mantenida por la Junta de Gobierno en el Consejo de Hermandades para analizar la situación meteorológica hizo que la primera Cruz de Guía del Domingo de Ramos pisara la calle con un cuarto de hora de retraso.
Antes de que los pasos enfilaran la puerta de la iglesia, se informó a los cofrades que la estación de penitencia se iba a dedicar a dos personas muy queridas por la Borriquita: José Luis Ibáñez, que fuera hermano mayor y que tristemente falleció hace bien poco; y Manuel Utrera.
En el templo carmelita, un hermano de toda la vida vivía por primera vez la salida procesional desde un punto de vista muy especial, la del pregonero de la Semana Santa. Jesús Devesa, que este año además compartirá tareas informativas en Canal Sur Radio, fue el encargado de dar la primera levantá del paso de misterio, como es tradición en esta hermandad. "Es una doble satisfacción por este motivo", decía Jesús a este diario, antes de comentar que intentará estar "en todas las salidas" y también estar "todo lo cerca que pueda de las cofradías en otros momentos".
Dentro del Carmen se palpaba la incertidumbre por el tiempo, algo increíble teniendo en cuenta los rayos de sol que a las tres de la tarde se clareaban por la puerta del templo. Pero así son las nubes y los vientos en Cádiz, y en cuanto el Sur se pone farruco no entiende de tradiciones ni de imágenes benditas.
El paso de misterio de la cofradía inició su caminar bajo los sones de Nuestro Padre Jesús de la Paz y Paz y Amparo del maestro Pedro Morales para el palio.
Despojado. El recorrido se queda a medio camino
El Despojado es la luz,es la energía y la pujanza de una hermandad joven que tiene muy claro el camino que tiene que seguir. Es el blanco luminoso que desprenden sus hábitos y la ilusión del que va siempre dando pasos hacia delante. Es la luz de la esperanza para aquellos que se han visto despojados de su trabajo, de la vivienda o de la salud. Es la claridad que entra por los ventanales del pabellón del colegio Salesianos donde se dispone el cortejo y que llena de optimismo a la hermandad más joven de la Semana Santa de Cádiz. El azul del cielo parece que gana a los negros nubarrones y a las borrascas que dejaron agua durante la madrugada y la hermandad decide salir a la calle.
El hermano mayor del Despojado, Alfonso Cortés, explicaba que los partes del tiempo no daban agua hasta pasadas la una y media de la mañana, una vez que estuvieran ya en su templo. Atento a estas indicaciones estaba el concejal del Partido Popular, Bruno García, que solía acompañar cada Domingo de Ramos a esta cofradía. Pero, ya saben, nuevos tiempos políticos que se traducen en ausencia de representación municipal en cualquiera de las cofradías durante su salida procesional.
Después de rezar el Padrenuestro, las puertas del pabellón se abrieron a las tres de la tarde, diez minutos después de su horario previsto. Mucha gente fuera en el colegio y también en María Auxiliadora, pero algo menos de lo que había otros años cuando se salía más temprano.
Con la novedad de vestir túnica blanca, el precioso Cristo del Amor Despojado empezaba a andar para enfilar la puerta y enseñar el imponente frontal tallado y el nuevo sayón que va en el misterio. Tras la complicada y ajustada maniobra, salió con Cristo del Amor, como suele ser habitual allí, para rápidamente marcar el doble paso que tanto caracteriza a esta buena cuadrilla de cargadores.
Los problemas llegarían después cuando la cofradía entró en Catedral y consultó nuevos partes, que no eran nada halagüeños. Ante la posibilidad de que se adelantara la lluvia, alrededor de las siete y media de la tarde decidieron salir de la Catedral y enfilar Arquitecto Acero hacia arriba para salir al Campo del Sur y volver a su templo, donde entrarían en torno a las nueve y veinticinco de la noche.
Sagrada Cena. Un Domingo de Ramos que no era el soñado
Media hora antes de que se abriera la puerta del convento de Santo Domingo, el hermano mayor de la Sagrada Cena, José María Caro, señalaba que hasta las dos de la madrugada no había riesgo de lluvias. Y si las aguas hacían acto de presencia o la amenaza se recrudecía, el plan era bajar por San Francisco en lugar de hacerlo, como estaba marcado en el itinerario, por Rosario, aprovechando la mayor amplitud de la segunda "para que el paso corra si es preciso". Luego, el aguacero se adelantó y la hermandad tuvo que refugiarse en la iglesia de San Francisco, para salir luego hacia su templo.
Fue un accidentado debut para el nuevo capataz, Eduardo Doeste, y su cuadrilla, que contaba en el Compás de Santo Domingo los minutos para entrar en el convento y meterse bajo el paso. Era el único estreno, pues como decía Caro aún sin el hábito puesto "no estamos económicamente para muchos dispendios". El prior del convento, Pascual Saturio, se dirigía a los hermanos que iban a procesionar para pedirles que durante la estación de penitencia dieran las gracias al Señor "por concedernos este año de la Misericordia" y que pidieran por los dominicos "que el 22 de diciembre cumpliremos 800 años". El hermano mayor elevaba posteriormente una plegaria a la Virgen del Rosario, Patrona de la ciudad, pidiéndole protección para el desfile procesional y rogándole enseñara el camino "a los que que quieren hacer daño, a los que hacen de su vida un conflicto constante y a los profesionales de la intriga". En esta oración hubo un recuerdo especial para dos históricos de la hermandad sacramental: Pablo del Olmo y José Allely. En la puntual salida del cortejo ayudaron hermanos de Cigarreras, cofradía que comparte sede canónica. El muñidor hacía sonar la campana que anunciaba que la cruz de guía había pisado la calle. Pequeños monaguillos, niñas y niños, ponían sus sonrisas al servicio del futuro de la cofradía precediendo a las secciones de penitentes.
Aún dentro del templo, la primera levantá del paso del Señor y sus apóstoles la daba Juan Luis Granados, colaborador de la hermandad y miembro del AMPA del colegio San Vicente de Paúl, muy vinculado a esta corporación nazarena. Salía el paso en medio de un silencio sólo quebrado por el arrastrar de los pies de los cargadores sobre la rampa de acceso a la calle. Una vez fuera, el paso, tras el Himno Nacional, buscó Sopranis a los sones de Réquiem y Silencio blanco. Hacia San Juan de Dios, la banda de cornetas y tambores Gran Poder de Coria del Río interpretó Soledad de San Pablo, De mi vida Señora, Creo en Ti y Soleá, clásicos la mayoría de la música procesional de cornetas y tambores. Por delante le quedaba a la hermandad un Domingo de Ramos nunca soñado.
Penas. En Sagasta se respiran nuevos rumbos
¿Era Las Penas la cofradía que salía ayer de San Lorenzo? ¿Se acordó alguien en la calle del azul de los antifaces que precedían al paso del Señor, o el blanco que marchaba tras Él? La hermandad fue capaz de poner ayer un cortejo completamente nuevo en cuanto a hábitos, como queriendo significar la fortaleza que está adquiriendo en estos nuevos rumbos que desde el pasado año está tomando la cofradía.
No en vano, también pudieron verse en la calle Sagasta un paso de Cristo -o de misterio, el futuro decidirá- prácticamente finalizado en cuanto a talla; o un palio que ganaba una barbaridad con el bordado del interior de las bambalinas. Incluso una insignia procesional (una bandera del Pilar) aparecía en el cortejo que en mayor número que el pasado año se plantaba en la calle.
El olor a madera se iba desprendiendo en todo el templo que levantara Armengual mientras el paso del Señor avanzaba hacia la puerta. Las medidas del paso y la puerta están tomadas a la perfección, teniendo que superar la cuadrilla (a ruedas) una calculada maniobra para ponerse en la calle. Una vez logrado, Señor de las Penas es la primera marcha que suena en Sagasta, interpretada por la banda de música, tras dedicar la primera levantá a dos compañeros cargadores. De todo ello era testigo un matrimonio venido desde Tarragona, que hacía quince años se hicieron hermanos de Las Penas por un hecho puntual y que ayer quisieron estar presentes en la salida.
"Por los niños de esta cofradía y de la Semana Santa de Cádiz", decía Manuel Ruiz Gené antes de levantar el paso de palio de la Caridad. Y fue una niña, María, la que acompañó al capataz en estos primeros metros de recorrido de la procesión.
Por delante tenía la hermandad un largo parón en Compañía (hasta que La Cena se adentrara en Santiago y este cortejo pudiera seguir hacia Catedral) y la aparición de la lluvia que motivó que optaran por regresar a San Lorenzo por el mismo camino andado previamente.
Humildad . De San Agustín a la Catedral y de vuelta a casa
En medio de un ambiente de recogimiento y preocupación por la amenaza de lluvia preparaba Humildad y Paciencia su salida procesional. Poco antes de que el hermosísimo paso de misterio, totalmente restaurado, se adentrara en la calle San Francisco ya se conocía que el Despojado había decidido regresar a su templo una vez realizada la estación de penitencia en la Catedral.
David de la Fuente, fiscal de la cofradía, reconocía a este medio mientras organizaba el cortejo que tenían previsto refugiarse en la Catedral si finalmente llovía -algo que desgraciadamente acabó sucediendo-; y si ésta aparecía ya por carrera oficial tenían la opción de recortar por la calle Valverde. "Tenemos varias rutas alternativas, pero confiemos que el tiempo aguante", decía.
El paso de Cristo se fue acercando a la puerta de San Agustín con los acordes del órgano y las potentes voces del coro sonando en las alturas. Dos rampas colocadas en los extremos de la puerta sirvieron para que el Cristo de Humildad se plantara en la calle a las órdenes del capataz, Paco Álvarez. A los pocos minutos le siguió el palio de la Virgen de la Amargura, con el capataz Juan Manuel Manzano a la cabeza.
La primera marcha que sonó como acompañamiento para el Cristo fue, como es tradicional, Humildad, a cargo de la Banda de Música del Nazareno de Rota, que tocaría luego Amarguras para iniciar el elegante caminar del paso de palio. Sólo podría la cofradía llegar a Catedral, para regresar luego a su templo pasadas las once de la noche.
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