El precio del aparcamiento para residentes en Cádiz en las zonas verdes y naranjas, en el aire
Emasa fracciona a los abonados gaditanos el tradicional pago anual a la espera de un cambio en la ordenanza que regula esta tasa
El cobro inusual de un primer "semestre" de 45 euros antes de finalizar 2025 descoloca a los usuarios de las zonas de estacionamiento regulado, que hasta ahora abonaban una tasa anual fija de 70 euros
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Los miles de residentes de la capital gaditana que dependen de las zonas de estacionamiento regulado han comenzado o, en muchos casos, terminado el año con una sorpresa en sus cuentas bancarias y una cierta incertidumbre administrativa. Lo que durante los últimos años ha sido un trámite rutinario y predecible —el pago anual de una tasa que rondaba los 70,40 euros por la tarjeta de residente— se ha transformado en este inicio de 2026 en un rompecabezas de cobros fraccionados y normativas que se encuentran aún en el limbo de la agendas municipales de este año. La empresa municipal Emasa ha ejecutado un movimiento singular que, aunque técnico en apariencia, esconde una realidad económica ineludible: el precio del aparcamiento para los gaditanos está oficialmente "en el aire".
El extraño recibo de los 45 euros: ¿Qué estamos pagando realmente?
La confusión es inevitable, ya que muchos usuarios, acostumbrados al cargo único anual que se pasaba religiosamente en la primera quincena de enero, se han encontrado con un recibo de exactamente 45,40 euros. La cifra no encaja con los 70,40 euros habituales. Al analizar el desglose oficial de la campaña de renovación de 2026, la realidad es que el Ayuntamiento de Cádiz, segín reza en la propia web de Emasa, ha optado por un sistema de "pago por uso temporal" mientras termina de dar forma a su nueva ordenanza municipal.
En este primer cargo, el ciudadano ha abonado la tasa completa de emisión de la tarjeta (los 20,40 euros fijos de gestión administrativa), pero solo 25 euros en concepto de estacionamiento, correspondientes estrictamente al primer semestre del año (desde el 1 de enero hasta el 30 de junio). Esto deja el segundo tramo del año en una situación de "vacío tarifario" que ha encendido alarmas e incertidumbres entre los usuarios que quieren saber el por qué de este cobro sin previo aviso antes de descontarse de las cuentas corrientes.
La lógica de la administración local rara vez da puntada sin hilo. El fraccionamiento del pago es la prueba de cargo de que el equipo de gobierno liderado por el alcalde, Bruno García, está preparando una actualización de las tarifas al alza que entrará en vigor, previsiblemente, el 1 de julio de 2026. Al no tener todavía aprobada y publicada la nueva ordenanza fiscal que regulará los precios de la zona naranja y verde, el consistorio no puede, por ley, cobrar por adelantado un precio que técnicamente aún no existe.
Si Emasa hubiera cobrado los 50 euros anuales de estacionamiento ahora, y en el pleno de primavera se aprobara una subida de precios, la administración se enfrentaría a un cierto caos burocrático para gestionar devoluciones o reclamación de diferencias. Al cobrar solo hasta junio, se aseguran de que el recibo de julio pueda emitirse ya con la "nueva tarifa actualizada". Teniendo en cuenta la inflación acumulada y la mayor demanda de zonas reservadas, todo apunta a que el segundo semestre no costará 25 euros, sino una cifra superior.
Adiós a la pegatina
Más allá del impacto directo en el bolsillo, 2026 marca la desaparición de las pegatinas en los parabrisas de los coches de estos abonados o vecinos de la ciudad que hacen uso de estos estacionamientos regulados. La nueva ordenanza no solo podría estar buscando recaudar más, sino modernizar un sistema de control que podría resultar ya anacrónico y que podía dar incluso fácil pie a falsificaciones. Cádiz se suma así a un modelo de distintivo virtual. Este año, la tradicional pegatina naranja o verde que certificaba la condición de residente tiene los días contados.
La empresa municipal ha confirmado a través de su página web que el control se realizará mediante lectura de matrícula. Los controladores de Emasa ya no buscarán una pegatina al otro lado del cristal delantero, sino que sus dispositivos escanearán automáticamente las placas. En milisegundos, el sistema verificará si esa matrícula ha efectuado el pago correspondiente al semestre. De hecho, a los usuarios que ya han pagado se les asigna un "distintivo digital", eliminando la urgencia que a veces suponía llevar la tarjeta física.
Esta digitalización absoluta suele ser más eficaz, pero también implica que el control será mucho más implacable. Ya no habrá margen para excusas tales como el "se me ha caído la tarjeta del salpicadero". Para el usuario, esto supone una comodidad relativa, pero genera una evidente desprotección y : el conductor ya no tiene un documento físico que le garantice de un vistazo que "está todo en regla".
Este cambio en la ordenanza forma parte de una estrategia de movilidad más agresiva en una ciudad como Cádiz, en la que el espacio para los coches está, en ocasiones, dramáticamente limitado. El aumento de las plazas de zonas verdes (exclusivas para residentes) frente a las naranjas (regulada para los vecinos y de pago en máquina para los no residentes) ha sido una victoria vecinal, pero esa exclusividad tiene un precio.
En definitiva, el gaditano que hoy ha pagado 45 euros debe ser consciente de que esa no es su cuota final. Es un "pago a cuenta" de una realidad que se terminará de definir en los despachos municipales, si nada se retrasa, a finales del mes de junio. La ciudad se encamina hacia un modelo de gestión invisible y digital, pero que, con casi total seguridad, podría resultar más gravoso, algo que queda en el aire a la espera de si esa modificación de la ordenanza conlleva o no una subida en las tarifas de aparcamiento regulado.
A partir de julio, cuando el sistema emita el segundo cargo del año, se despejará la incógnita del precio real de aparcar en Cádiz. Mientras tanto, el consejo para el ciudadano es claro: guarde el justificante bancario por si acaso, y el segundo recibo será el que traiga el verdadero ajuste de cuentas con la realidad tarifaria que se pondría en marcha a partir de este 2026.
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