Un año para olvidar
Análisis
La lluvia se erige en casi única protagonista dejando en casa a diez cofradías y afectando a otras nueve
Fiel a las supersticiones, el número 13 no ha aportado absolutamente nada bueno a las hermandades de penitencia. La Semana Santa del 13 ha sido, en líneas generales, para olvidar. Si en los últimos años la meteorología viene siendo protagonista y siempre ha habido cofradías que se han quedado en casa, lo que ha ocurrido este año ha sido ya algo exagerado.
Nada menos que diez cofradías (si se incluye a Ecce Mater en la nómina de la Semana Santa) no han podido salir de sus templos en estos últimos siete días. Y a ellas hay que sumar otras nueve corporaciones que no han podido completar con normalidad sus recorridos al verse sorprendidas por la lluvia o ante la posibilidad de que ésta hiciera acto de presencia.
Estos contundentes y lamentables datos se completan con el también desalentador apunte de que la jornada del Domingo de Ramos y, apurando, la tarde del Jueves Santo fueron los dos únicos momentos en los que el tiempo no se tuvo en cuenta y todo transcurrió con plena normalidad.
El mal tiempo se cebó especialmente con el Miércoles Santo y el Viernes Santo –esta última jornada por tercer año consecutivo– y estropeó también las del Martes y la Madrugada.
Y con tantos partes negativos, han sido diversas las escenas poco apropiadas que se han visto a lo largo de la semana. La peor de todas, sin duda, fue ver en la noche del Viernes Santo avanzar el cortejo de Expiración entre una lluvia intensa, con dos momentos de especial fuerza de las precipitaciones. Parece que la corporación de la Castrense no quiso atender las predicciones meteorológicas que ya se confirmaron en su camino de ida a Catedral y que volvieron a avisar cuando el cortejo intentaba salir del primer templo y tuvo que retroceder. También destaca de la semana el refugio de Columna en el interior de Catedral y la decisión de que hasta ayer mismo por la mañana no abandonaran el primer templo diocesano, algo que no ocurría desde 1995 con Vera–Cruz (que regresó en la noche del Miércoles Santo).
A eso habría que unir las escenas de la noche del Martes Santo o las de la madrugada, con cofradías aligerando su paso, acortando itinerarios y buscando el rápido refugio de sus templos.
Sobre estas decisiones discutibles de las juntas de gobierno se podrían hacer dos reflexiones. La primera, buscando el lado positivo, es el perfecto orden que cuando la lluvia ha hecho acto de presencia han mantenido los cortejos procesionales. Penitentes, mantillas, cargadores, acólitos... Todos los que se vieron afectados por la lluvia supieron mantener la compostura en todo momento. La siguiente reflexión guarda relación con la desinformación que parece que está provocando precisamente la sobreinformación meteorológica. La multitud de partes existentes y los escasos conocimientos que en esta materia pueden tener los cofrades ha podido ser motivo de alguna que otra decisión errónea.
lo que sí salió
Y dejando a un lado la desagradable lluvia y sus amplios efectos en esta Semana Santa para olvidar, lo que sí se pudo disfrutar con normalidad volvió a resaltar el enorme esfuerzo que las hermandades realizan para poner en la calle unos cortejos cada vez más cuidados y unos pasos con cada vez mayor valía. Quizá lo más destacable de la Semana Santa que sí ha podido verse haya sido la cantidad de público que se ha echado a la calle para disfrutar de hermandades. Las cofradías que han salido tienen la sensación de que a lo largo del trayecto había más público en las aceras que otros años. Y en la Madrugada quedó totalmente de manifiesto, con vehículos aparcados en aceras, en calles peatonales y en cualquier rincón posible de la ciudad.
Además de esto, hay que destacar por la completa novedad la presencia del Prendimiento en el antiguo paso de Columna –de lo que tanto se habló durante la Cuaresma y que tanto ha gustado en líneas generales al verlo en la calle–, o el tránsito de cofradías por Cánovas del Castillo y Columela (como pudo verse con Medinaceli y tenía previsto Sanidad), que parece haber descubierto un nuevo camino para enlazar el final de la carrera oficial con San Francisco; así como otros estrenos destacados que han podido procesionar.
En el lado negativo, por contra, hay que volver a reseñar la enorme lentitud con la que avanzan buena parte de los cortejos procesionales de la ciudad; y también el comportamiento nada apropiado que en no pocos momentos de la Semana Santa mostró el público. Por citar un ejemplo claro, habría que recordar el desagradable incidente del Domingo de Ramos al paso de la Virgen del Amparo por Catedral, donde el público comenzó a abuchear y a pitar por el simple hecho de que el paso subió a tambor y no con marcha procesional la rampa de acceso al primer templo.
A falta de la procesión del Resucitado en la tarde de hoy (una vez más si el tiempo lo permite), los cofrades estarán pensando ya en la Semana Santa de 2014, después de un 13 para olvidar.
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